martes, 7 de diciembre de 2021

Zemmour el identitario (segunda parte)

 Aquí la segunda parte de la entrevista a Zemmour en Causeur.

"Unir las clases populares y la burguesía patriota es la estrategia correcta"

Causeur. Devolver a la cultura francesa el lugar que le corresponde no depende sólo de la ley. Por ejemplo, para cambiar la tendencia en la escuela, también habrá que reformar la universidad, donde se forman los profesores. Un mandato de cinco años no será suficiente...

Éric Zemmour. En efecto. Las cuestiones del Islam y de la asimilación de los musulmanes no son más que la punta de un enorme iceberg que es la "desfrancización" de los franceses. Lo más rápido y urgente es detener los flujos. Para lo demás, hará falta tiempo.

-Volvamos a los nombres de pila. ¿Qué hacemos con los franceses que no lo respeten? La ley fue ignorada mucho antes de que se cambiara en 1993...

-En mi opinión, la cuestión de los nombres de pila se solucionará con toda naturalidad, sin obligar a nadie a cambiar su actual nombre de pila, pero restableciendo la ley de 1803, suprimida en 1993, aunque limitando su aplicación sólo a la elección del nombre de pila [de los que nazcan en Francia], algo que no debería ser demasiado difícil entre los cientos que nos ofrece el calendario, y dejando a cada uno plena libertad para decidir su segundo y tercer nombre en el registro. ¿Es tan complicado eso?, ¿tanto como para seguir hablando de este falso problema que, lo repito, no es una causa sino una consecuencia de lo que nos ocurre...? De hecho, hace cincuenta años, en una época en que nuestra nación aún era homogénea y estaba unida, llamar a tu hijo Zinedine no parecía una reivindicación de identidad, sino que era un folclore inofensivo. Hoy, llamar a tu hijo Zinedine es asestar un golpe mortal a una asimilación que ya no funciona.

- También entre los judíos, la generación de las Elisabeth y de los Charles acabó dando nombres judíos a sus hijos...

- ¡Es un excelente ejemplo! También entre los judíos esto es revelador: y es que después de haber dado nombres de pila judíos a sus hijos, muchos de ellos se fueron a vivir a Israel. Los nombres de pila son un síntoma, y no menor. De lo contrario, el Islam no exigiría el cambio de nombre para todos los conversos...

-¿No subestima usted el progreso del individualismo? ¿Están los franceses dispuestos a aceptar que el Estado se entrometa en cuestiones como los nombres de pila de sus hijos?

- En primer lugar, el Covid ha demostrado que cuando el Estado quiere, puede romper ese individualismo e imponer medidas muy liberticidas. En segundo lugar, el Estado siempre ha interferido en este asunto de los nombres de pila, sólo que en los últimos treinta años ha dejado de hacerlo. Tienen ustedes reflejos de vuestra, de nuestra juventud, es decir, de los años 80. Después de Mayo del 68 y de los años 70, Francia entra en un proceso de "desfrancización" acelerado. Esa época ya pasó.

Hace poco leí que Ucrania ha "desrrusificado" su imaginario, sobre todo exigiendo nombres de pila ucranianos en lugar de rusos. En Islandia, los nombres islandeses son incluso obligatorios, por lo que los padres deben elegir entre una lista de 1.800 nombres para las niñas y de algo más de 1.700 para los niños. En los países de Europa del Este, se requieren nombres locales. En los países del Magreb, los nombres coránicos son obligatorios...

Cuando firmo mis libros, muchos jóvenes me dicen su nombre, casi como disculpándose. No están contentos con lo que les han hecho sus padres. Además, un nombre de pila francés es la mejor medida contra la discriminación de la que nos hablan. Si digo esto no es porque odie a los musulmanes o quiera que sean ciudadanos de segunda; al contrario, lo digo porque creo que son ciudadanos como los demás. El abuelo de Mélenchon [era español] puso a sus hijos nombres franceses y, además, afrancesó su apellido [era: Melenchón]. Léa Salamé se llamaba Hala. Anne Hidalgo se llamaba Ana María... Jamel Debbouze inscribió a su hijo como Léon, pero su padre sigue llamándole Mohamed. Todo esto es por lo tanto antropología e historia.

-¿Tiene algún amigo musulmán cercano?

- Conozco a muchos, especialmente bereberes. Mi padre tuvo toda su vida amistad con musulmanes de Argelia. En cierto modo, yo crecí con ellos.

- ¿Prohibirá el velo en todas partes? ¿No teme ver en nuestro país el equivalente invertido de la policía de la moral iraní, que obligaría a las mujeres a quitarse el velo?

- Una gran mayoría de franceses ya no quiere ver el velo en la calle y considera que es hora de actuar. ¿Por qué les choca tanto la prohibición? No puede uno andar desnudo, ni con un traje de las SS por la calle... La libertad individual no puede ser la coartada para la colonización visual y cultural del espacio público por parte de una civilización extranjera. Se nos dice que ellas son libres de vestir como quieran, pero enarbolan una religión y una civilización como estandarte. Además, Mélenchon ya lo dijo, antes de cambiar de opinión: se  auto-estigmatizan para luego reprocharnos esa estigmatización.

-¿Cómo podemos distinguir el velo como bandera política del velo que es sólo una prescripción religiosa?

- Es que me da lo mismo. Hay prescripciones religiosas que se respetan en Marruecos, Argelia y Arabia Saudita que no deberían respetarse en Francia. O Francia se convierte en un país de la Ummah, o sigue siendo Francia. Ante tal desafío, la importancia que le demos a este tipo de prohibición es muy relativa.

- ¿Prohibirá cualquier manifestación externa de la religión, incluida la católica?

- El catolicismo tiene un derecho de antigüedad, digamos tiene que tiene una preferencia cultural. Los orígenes cristianos de Francia deben enseñarse en las escuelas. Debemos conocer a Santa Clotilde, Blandine, etc. El propio Michelet dice: "¿Qué es Francia? Una conquista de la Iglesia". ¡Esto es magnífico!

-No se habla del antisemitismo musulmán. ¿Tiene miedo de que le consideren demasiado judío?

- Al contrario, a menudo hablo de eso. Cuando digo que los judíos de hoy se ven amenazados por gritos de "Allah Akbar" y no por gritos de "Heil Hitler", digo que no deben equivocarse de enemigo. También creo que el antisemitismo magrebí es una faceta del odio contra Francia. Se equipara al judío con Francia. Además, en el Corán, el judío y el cristiano se ven metidos en el mismo saco. Nos encontramos en el contexto del conflicto milenario entre el Islam y el Cristianismo. Hoy en día, la civilización islámica está a la ofensiva en términos demográficos, domina a la civilización cristiana y occidental, que está en retroceso después de haber estado en expansión.

-A menudo elude las preguntas sobre su origen judío. Bernard-Henri Lévy  escribe que usted "pisotea todo lo que es la moral en el legado judío de Francia, la responsabilidad frente a los demás...". En resumen, le acusa de ser un traidor a su identidad. ¿Qué opina de esto?

- Lo que dice BHL es digno de la prensa antisemita del periodo de entreguerras. Me condena a un arresto domiciliario étnico y religioso. Me reenvía a mis orígenes para explicarme lo que debo decir y pensar. Considero que soy ante todo un ciudadano francés, le guste o no a él. Me presento ante el pueblo francés, al que amo y al que considero en peligro de muerte. BHL, en cambio, actúa en pro del comunitarismo. ¿Qué proyecto propone a los judíos? ¿Seguir acogiendo a inmigrantes? No creo que sea muy popular entre los suyos...

-Si el CRIF [Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia] le invita, ¿acudirá?

- Por principio, me opongo a cualquier forma de manifestación comunitarista, proveniente del CRIF o de cualquier otro organismo. En cualquier caso, ¡hay pocas posibilidades de que eso ocurra! El presidente del CRIF dijo, de forma escandalosa: "¡Ningún voto judío para Zemmour!". De nuevo, no creo que él sea muy popular entre los judíos...

-Si sale elegido y aplica la mitad de estas medidas -inmigración cero, prohibición del velo...-, los jueces tendrán que hacer equilibrios...

- ¡Y los franceses aplaudirán! En eso consiste la democracia. Por lo tanto, pasaremos por un referéndum. De modo más general, necesitamos una reforma constitucional que establezca que las leyes posteriores tengan primacía frente a los convenios internacionales y los tratados europeos. Es la voluntad última del legislador -y por tanto del pueblo- la que debe prevalecer. Este es exactamente el sistema que estaba en vigor en Francia antes de 1989, cuando el Conseil d'Etat [Consejo de Estado] se hizo con un poder excesivo que ningún juez administrativo anterior se había atrevido a asumir.

-Al igual que Macron, usted promete una forma de revolución. No es seguro que los franceses estén preparados para ello. Nuestra sociedad, envejecida y victimista, es más proclive a lloriquear frente a las series de televisión mientras espera que el Estado resuelva sus problemas que a morir por Chateaubriand. El "poder adquisitivo" es nuestro código.

-Que no se equivoque nadie; los franceses son un pueblo eminentemente político y están descontentos de que Europa y los jueces les hayan confiscado el poder, y por eso rechazan las cabinas de votación [en Francia son obligatorias para evitar que el elector vote presionado por la mirada ajena]. Sienten, si bien confusamente, que Francia arrostra un futuro pero que no tiene porvenir. ¡En esto es en lo que debemos trabajar!

- A base de rechazar la sensiblería, a veces demuestra usted cierta insensibilidad. ¿No le importa herir  los sentimientos de algunas personas?

- Hay un texto muy hermoso en el que Richelieu enseña a Luis XIII que existen las virtudes morales del individuo y las virtudes del hombre público, del estadista. Lo que puede salvar el alma del individuo puede muy bien ser la perdición para el Estado. Voy a hacerles una confesión: yo también tengo una sensibilidad, ¡sí, tengo un corazón, como los demás! Y eso está muy bien para la vida privada. Pero más bien lo que padecemos es un exceso en el despliegue de la sensibilidad allí donde ésta no tiene cabida, es decir, en el ámbito público.

Por el contrario, debe prevalecer el interés general y, en este caso, la supervivencia de Francia. Intento pensar racionalmente y proponer medidas que estén a la altura de los retos.

- Perdone la  insistencia, pero ¿cuenta con el apoyo popular para esto? A usted los franceses en concreto le importan un bledo, lo que te gusta es una abstracción llamada Francia.

- Esto es un lugar común que me parece tan ridículo ¡y tan periodístico...! ¿Por qué me escuchan los franceses? ¿Por qué me leen? Porque mis temas de predilección tienen un gran impacto en sus vidas. La inmigración ha provocado desplazamientos masivos de la población de las "banlieues" hacia la Francia periférica, la inseguridad galopante crea una ansiedad diaria en todos los padres, el pedagogismo ha hecho que nuestra escuela se desplome en las clasificaciones mundiales, el libre comercio desenfrenado ha acabado con nuestras industrias y los puestos de trabajo que las acompañan. Desde hace treinta años hago las mismas constataciones, que ahora comparten casi el 70% de los franceses. Es hora de aportar las soluciones valientes que se requieren.

- Al igual que Emmanuel Macron, está creando un partido que en realidad no lo es. ¿Es su modelo para llegar al poder?

- En Marche es un modelo que permitió a Emmanuel Macron tomar el poder menos de un año después de su creación, lejos del modelo tradicional de los viejos partidos establecidos como el Partido Socialista o Les Republicains [Gaulistas y democristianos].

- Usted se considera un sucesor de De Gaulle, pero a sus adversarios y a algunos de sus amigos les gusta compararle con Trump. ¿Esto le irrita?

- Donald Trump consiguió unir a las clases trabajadoras y a la burguesía patriótica. Esta es la estrategia correcta. También reconozco que ha tenido buenas intuiciones políticas (sobre la globalización, China, la inmigración) y que ha mantenido sus compromisos durante su mandato, a pesar de la doxa. Esta es la razón por la que su electorado no lo haya abandonado en cuatro años. En el fondo, es bastante sencillo: sólo tienes que hacer lo que dijiste que harías y no renegar de ti mismo. Dicho esto, no soy un fan de su estilo y soy muy diferente a Donald Trump: yo no vengo de la telerrealidad y llevo más de treinta años inmerso en la vida política de mi país. Yo prefiero los libros y él, sin duda, la televisión. Yo soy un hombre de ideas, él era un empresario: no es lo mismo.

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[EN EL POST ANTERIOR LA PRIMERA PARTE DE LA ENTREVISTA A ZEMMOUR]

"Éric viene del escandinavo Erik o Eirikr" /"¿Ah sí? Menuda cara de gilipollas se me pone"

lunes, 6 de diciembre de 2021

Zemmour el identitario (primera parte)

Entrevista en dos partes con el candidato sorpresa (y con viento de cola) a la Presidencia de Francia, Éric Zemmour de Elisabeth Lévy (directora de Causeur) y Gil Mihaely

Aquí  la primera parte en V.O. 


Y aquí en una tradu exprés:

"Tiendo la mano a los musulmanes que se asimilan"

El rechazo a la inmigración masiva y la consiguiente islamización es el pilar central del discurso de Éric Zemmour. Según él, detener los flujos migratorios es un primer paso necesario para "reafrancesar" Francia. Y es urgente: ya estamos en guerra civil. Sintiéndose apoyado por la mayoría de los franceses, "un pueblo eminentemente político", Zemmour cuenta con la unión de las clases trabajadoras y de la burguesía para incorporar a los patriotas a su causa.

Causeur. Los estudios demuestran que la mayoría de los musulmanes franceses -el 70%, es decir, varios millones- están en proceso, si no de asimilación, sí de integración. ¿No se corre el riesgo de que su discurso los antagonice innecesariamente? ¿No debería, por el contrario, convertirlos en sus aliados?

Éric Zemmour. Hay una distinción que me niego a hacer, la que existe entre el Islam y el islamismo, porque esta distinción pretende hacernos creer que existe un Islam moderado, un Corán moderado: esto es falso. El Islam es al mismo tiempo una religión, una relación entre el hombre y Dios, pero también es un código, la Sharía, una nación, la Umma el-Islam, o comunidad de creyentes, y una civilización. El Islam es, por tanto, un sistema completo que pretende dictar la vida a sus seguidores. Sin embargo, yo sí diferencio entre el Islam y los musulmanes, quienes, como individuos, no están obligados a seguir al pie de la letra una concepción totalitaria del Islam. Rechazo la islamización de Francia, pero no lucho contra los musulmanes como individuos. En el pasado, luchamos contra el comunismo como ideología mientras aceptábamos a los comunistas en la sociedad. Por último, lo que digo a los musulmanes no difiere de la famosa frase de Clermont-Tonnerre sobre los judíos: "Hay que dar todo a los musulmanes como individuos, pero no hay que darles nada como nación".

-Les pide que "cristianicen" el Islam...

-Les digo que pueden seguir respetando el Islam como religión, pero les pido que renuncien a formar una nación o a imponer un código en Francia. Para decirlo en pocas palabras, podemos llamar a eso "cristianizar el Islam", porque el cristianismo es una ruptura histórica que se opera en relación con la fe, con la trascendencia privada, el criterio esencial de la religión; mientras que las otras religiones son, sobre todo, un corpus de normas sociales. Además, según esta definición, hay musulmanes que sí "cristianizan" la práctica del Islam. ¿Pero acaso son tan numerosos como se dice? No lo sé. Los estudios son contradictorios. El estudio del Institut Montaigne muestra, por ejemplo, que la mayoría de los jóvenes musulmanes franceses sitúan la Sharía por encima de las leyes de la República, lo cual es preocupante...

-Más allá del tema de los musulmanes, la máquina asimiladora ya no asimila a mucha gente...

-Había asimilado relativamente bien a las generaciones anteriores, sobre todo a las oleadas que venían de Europa. Pero "el Islam está cambiando las reglas del juego", según la expresión de Michèle Tribalat. Con la llegada de los inmigrantes musulmanes, mucho más alejados de nuestra cultura de lo que lo estaban los italianos o los españoles, la máquina asimiladora se gripa. Hoy en día, se han multiplicado en nuestro país los enclaves extranjeros en los que no imperan ni la ley ni las costumbres francesas, tal y como muestra la película Bac Nord. Esos famosos "territorios perdidos por la República" se han convertido, en veinte años, en "territorios conquistados" por el Islam, colonizados por una civilización extranjera. 

Los musulmanes deben elegir entre estos dos modelos. Sus padres, sus abuelos, o ellos mismos, huyeron de tierras islámicas, en particular porque ya no podían soportar los efectos más nocivos de esa civilización, ¡así que yo no entendería que quisieran reinventarla aquí! Y sin embargo, esto es lo que está ocurriendo. El Estado debe encarar a los musulmanes con sus responsabilidades y yo no prejuzgo cuál será su respuesta. Hay que restablecer los criterios y la obligaciones de la asimilación anterior. Los que opten por la asimilación al estilo francés serán bienvenidos y nuestros compatriotas. En realidad, yo estoy tendiendo la mano a los musulmanes.

-Usted habla del Islam como una realidad ontológica, incluso metafísica, inmutable y no como un fenómeno histórico. También el judaísmo es una "religión mundial", un conjunto de normas, estatutos sociales y jurídicos. Pero es cierto que se reinterpretan constantemente.

-Esto es así, sólo que en Francia Napoleón pidió a los judíos que eligieran. Y los judíos eligieron el modelo "israelita", que consistía en "cristianizar" la práctica religiosa circunscribiéndola al ámbito privado. No pido otra cosa a los musulmanes. Pido al Islam discreción en el espacio público. Ni minaretes, ni velos, ni chilabas. No tenemos que saber quién es musulmán y quién no. Los judíos han respetado esta discreción... Hoy, incluso se ven obligados a hacerlo por su propia seguridad.

-En contra de la creencia popular, los judíos esquivaron las exigencias más difíciles de Napoleón (por ejemplo, un determinado porcentaje de matrimonios mixtos) antes de tardar décadas en inventar el "israelismo".

-No obstante aceptaron que los soldados judíos de la Grande Armée no tuvieran que comer kosher. También aceptaron los nombres de pila franceses. En cualquier caso, tenemos muchas armas a nuestra disposición, pero nos falta la voluntad. En primer lugar, debemos detener los flujos migratorios. Este es un requisito esencial porque se asimila a individuos, pero no a pueblos. En esta perspectiva, hay que suprimir todos los derechos automáticos: la reagrupación familiar, el derecho de asilo, el derecho del suelo (ius soli), incluso los permisos de residencia de diez años renovables automáticamente. A los parados de larga duración extranjeros no se les debe renovar el permiso. El atractivo social de Francia debe cesar y hay que reservar la solidaridad para los franceses. Estoy seguro de que, de este modo, el número de candidatos a la acogida en Francia disminuirá drásticamente. En definitiva, tenemos que dejar de acoger a los que vienen y asimilar a los que se queden.

-Usted va más allá con su "inmigración cero". ¿También quiere frenar la llegada de estudiantes extranjeros?

-Quiero que no haya un derecho automático de acogida en Francia. Por lo tanto, los elegiremos caso por caso, y no en masa, como hoy. En realidad, son los propios inmigrantes los que deciden actualmente nuestra política migratoria, gracias a los derechos que les concedemos: el derecho a la reagrupación familiar, el derecho a venir a estudiar, a trabajar, a solicitar asilo y, de hecho, a quedarse aunque su solicitud sea rechazada... Para la reagrupación familiar y el matrimonio con extranjeros, ya no debería haber un derecho automático, sino una solicitud que se presentara al prefecto [delegado del Gobierno], que decidiría caso por caso. En cuanto al derecho de asilo, las solicitudes ya no deberían cursarse en suelo francés, sino en el extranjero, directamente en los consulados franceses, y todos los que no respeten esta norma serán considerados como inmigrantes ilegales.

-¿No es la formación de los estudiantes parte de la influencia y del "soft power" de Francia?

-La formación de estudiantes extranjeros forma parte de la influencia de Francia cuando los estudiantes son brillantes y vuelven a su país, mejor formados, una vez que obtienen su diploma francés. Esto no es exactamente lo que ocurre hoy en día... excepto con los extranjeros europeos. En realidad, si tenemos que detener estos flujos es porque el sistema está siendo desnaturalizado. En general, asistimos a una carrera de velocidad entre la demografía y la política. En cuanto África tenga 2.000 millones de habitantes y Europa entre 400 y 500 millones, el desbordamiento africano acabará llegando a nuestros países. O bien lo aceptamos, como Macron; o bien decimos que no y bloqueamos a todas las masas.

-Marine Le Pen no dice nada diferente...

-Marine Le Pen ha pronunciado varios discursos sobre la inmigración. Pero ella no impone ninguno de ellos. Entendí quién era realmente en 2017, cuando un año y medio después del atentado del Bataclan habló del euro en lugar de insistir en el tema de la migración y la identidad. Con esto queda todo dicho. Hoy habla de la inmigración porque yo estoy aquí, pero su proceso de "desdiabolización" ha llegado muy lejos. Llevo unos días escuchando el nuevo ángulo de ataque del RN, según el cual la cuestión de la migración pasaría a un segundo plano frente a la cuestión del poder adquisitivo. No lo comparto. Dicho esto, yo no me defino en relación al partido RN y a su líder Marine Le Pen. Ella dice y hace lo que quiere. Yo me planteo la cuestión del destino de Francia. Realmente creo que está en peligro de muerte. Si la ley de la demografía se impone, seremos, en el mejor de los casos, un Líbano en grande. Estoy encantado de que el rumor de mi candidatura permita plantear por fin esta cuestión existencial, totalmente ausente en la campaña de 2017. [El día de la entrevista aún no era oficial su candidatura]

-Incluso los que comparten su diagnóstico temen una guerra civil. Tienen miedo de que usted someta el país a fuego y sangre. ¿Cómo puede tranquilizarlos?

-¡Pero si la guerra civil ya está aquí! Cuando se degüella a un profesor en medio de la calle, yo llamo a eso guerra civil. Cuando una mujer policía es asesinada en una comisaría, yo lo llamo guerra civil. Cuando un sacerdote es asesinado en su iglesia, lo llamo guerra civil. Chevènement, hace unos años, habló de "guerra civil de baja intensidad". Bueno, ya estamos en una guerra civil y cada vez hay más ruido. La guerra civil es un proceso extremadamente largo, no ocurre de la noche a la mañana. En Francia, antes de la noche de San Bartolomé, hubo décadas de enfrentamientos, de guerra latente, de incidentes aislados aquí y allá. Todo esto tarda en cristalizar. Este proceso ya ha comenzado, y debe ser detenido inmediatamente. Soy lo contrario al "candidato de la guerra civil", porque soy el único que la ve y quiere detenerla. Pero hay dos maneras de detenerla: ganándola o cediendo, con la paz o con el pacifismo. No soy pacifista, yo quiero la paz, pero sólo podemos conseguirla por la fuerza. La fuerza del Estado no es la guerra civil, es el regreso del orden. Como decía Péguy: "Sólo el orden crea libertad, el desorden genera servidumbre". Hoy estamos en el desorden, y por lo tanto en la servidumbre, porque nuestros líderes han sido pacifistas durante cuarenta años.

-¿Se logrará esta vuelta al orden mediante la violencia?

-Voy a repetirme: ¡la violencia ya está ahí! No pasa una semana sin que la Policía sea objeto de lanzamiento de proyectiles, fuego de mortero e insultos en las "banlieues" de Francia. ¿Hasta cuándo deberemos aceptar esta violencia? Me recuerda la frase de Churchill tras el Acuerdo de Múnich... La vuelta al orden requerirá firmeza. Sólo restaurando la autoridad del Estado, restableciendo el monopolio de la violencia legítima del Estado, evitaremos la violencia indiscriminada. Vuelvo a las matanzas de la San Bartolomé: no fueron el inicio de una política de "limpieza religiosa", sino ante todo la explosión de una violencia indiscriminada provocada por la debilidad de un Estado monárquico que no había sido capaz de frenar la espiral de guerra civil que vivía Francia desde hacía una década. Al no atreverse a someter al "Estado dentro del Estado" en que se había convertido la comunidad protestante, con sus oficiales militares, sus plazas fuertes y su sociedad paralela, el Estado monárquico abrió la caja de Pandora del odio entre católicos y protestantes franceses. Una tarea [de sometimiento] que Richelieu finalmente sí llevó a cabo con el asedio de La Rochelle medio siglo después.

-Más fácil decirlo que llevarlo a la práctica... Para usted, ¿hay una distinción entre ciudadano de la República Francesa, titular de un pasaporte y miembro de la nación francesa?

-Cuando eres francés, eres francés, vengas de donde vengas, y no parece que quieras volver por la fuerza al país del que procedes. Así que lo digo claramente para los que me atribuyen ciertas posturas: no voy a "desnaturalizar" ni a hacer "reemigrar" a los franceses. Los franceses que sólo tienen la nacionalidad francesa son intocables y no es deseable ni posible enviarlos a otro lugar. Este razonamiento se aplica a todos los franceses, tanto si han nacido franceses como si han adquirido la nacionalidad por naturalización. No hago distinción alguna entre ambas categorías.

A partir de ahí, hay que diferenciar entre los extranjeros que no tienen la nacionalidad francesa y los que tienen la doble nacionalidad. En cuanto a los extranjeros que residen en nuestro territorio, no todos tienen por qué permanecer en Francia. Un país soberano tiene el derecho y el deber de elegir quién entra en su territorio y quién permanece en él. Por ejemplo, cuando un extranjero supone una amenaza para la seguridad de los franceses -por ejemplo, si está clasificado en la lista S-, no debería tener derecho a permanecer en el país. Los que son una carga para nuestras finanzas públicas, porque llevan demasiado tiempo en el paro, tampoco deberían quedarse: ¡imitemos a Estados Unidos en este punto! Del mismo modo, quienes cometan delitos o faltas no podrán permanecer en Francia: hay que restablecer la doble pena. Actualmente hay 17.000 extranjeros en nuestras cárceles: ¿le parece normal? Por lo que a mí respecta, deberían ser devueltos todos. Nos cuestan mucho, son perjudiciales para la sociedad. ¡Que nos dejen vivir en paz!

-Mientras tanto, para asimilar a los que están aquí, debemos plantearnos la cuestión de la identidad francesa...

-En el libro C'était De Gaulle, Alain Peyrefitte refiere una frase que, al parecer, pronunció el General durante la guerra de Argelia: "Es muy bueno que haya franceses amarillos, negros y morenos. Demuestra que Francia está abierta a todas las razas y que tiene una vocación universal. Pero a condición de que sigan siendo una pequeña minoría. De lo contrario, Francia dejaría de ser Francia. Somos ante todo un pueblo europeo de raza blanca, de cultura griega y latina y de religión cristiana". No es una mala definición.

La asimilación también tiene que ver con la filiación: "Nuestros antepasados los galos", como se repetía en las escuelas de París, Lille, Marsella, pero también en Dakar o Tananarive. No como una verdad histórica, sino como un acto de fe. Para mí, judío argelino, la asimilación es cuando puedo decir en el mismo acto de fe que Napoleón es mi abuelo y Juana de Arco mi antepasada.

En realidad, la asimilación tiene que ver con el espíritu, el sentimiento y las emociones pacientemente forjadas por una memoria común y por una misma biblioteca imaginaria de libros, películas, réplicas y referencias. Sí, asimilar significa conocer las mismas películas, haber visto las mismas telenovelas, tararear las mismas canciones, conocer los mismos dichos y refranes. Es todo lo que hace que un francés esté en pie de igualdad con otro francés.

-¿Cómo puede articularse esta definición carnal de Francia con la identidad universalista de 1789, que se ha ido renovando en nuestra historia republicana?

-El universalismo francés no nació con la Revolución Francesa, ya existía en los siglos XVII y XVIII con Descartes, Voltaire y Diderot. Incluso se podría ir más atrás: el universalismo de la Ilustración está vinculado al universalismo católico establecido por San Pablo. "Ya no habrá judío ni griego, ya no habrá esclavo ni libre, ya no habrá hombre ni mujer, porque todos serán uno en Cristo Jesús". André Suarès escribió: "Vaya o no a la iglesia, el francés lleva el Evangelio en la sangre, y los peores errores que comete llegan cuando insufla sentimientos a la política." Esta es la definición de Francia: es ante todo un país católico, y por tanto universal, pero esta universalidad es el producto de un pueblo francés que, a lo largo de los siglos, se ha constituido con la religión católica, con la cultura grecorromana. Para conciliar el lado carnal y el lado universalista, uno debe asimilarse a la cultura francesa. Eso es lo que hice yo, eso es lo que hicieron mis padres y lo que hizo mucha gente. Soy un francés "de rama" y no un francés "de raíz". Por eso creo en la asimilación. Emmanuel Macron, por su parte, dijo: "Estoy en contra de la asimilación, estoy a favor de la integración". En realidad, la integración es una antífrasis: es la desintegración. Cuando se habla de integración, sólo se habla de economía y se acaba en esa creolización tan cara a Jean-Luc Mélenchon. Pero yo no quiero que nazcan criollos: quiero que vuelvan a fabricarse franceses.

-Al escucharle, uno piensa que nuestro problema es más antropológico que religioso: la familia nuclear frente al clan y la tribu. Pero las diferencias antropológicas están desapareciendo. En la tercera generación, la tasa de fertilidad de los inmigrantes alcanza la norma francesa.

-Sólo que hay una primera generación... interminable. Cuando se analiza, por ejemplo, el estudio de France Stratégie, un organismo gubernamental, que usted misma ha publicado en esta revista, se observa que donde ha habido inmigración durante mucho tiempo también ha habido llegadas recientes. Pero para que se produzca la asimilación, los que son acogidos deben ser minoría en comparación con los que acogen. Esto nos lleva de nuevo a la cuestión de los flujos. Además, la antropología está entrelazada con la religión. El modelo familiar islámico es la antítesis absoluta del modelo francés. El rey Hassan II dijo de "sus marroquíes" que nunca serían franceses. Además, fuimos a buscar a gentes que habían sido objeto de la colonización francesa y que, por lo tanto, se hallaban en una tesitura de revancha histórica. Nuestras élites fueron criminalmente ingenuas, histórica y económicamente ignorantes. En mi libro, cuento que Jean-Christophe Cambadélis me decía siempre: "Estos querrán llevar Nikes". Ese es el horizonte de nuestras élites hoy en día. Excepto que uno no se asimila al mercado sino a la cultura francesa. Y hoy en día... llevan Nikes bajo la chilaba.

-Sin embargo, no hay problemas de asimilación con los burgueses suníes de Beirut ni con los burgueses chiíes de Teherán. Las dificultades de asimilación son un problema de gentes que vienen "de sitios perdidos".

-No, no es una cuestión social, sino una cuestión de civilización. Sea cual sea la clase social, lo importante es la voluntad de asimilarse o no a la cultura francesa. Hay taxistas bereberes que me paran por la calle y me cuentan que pusieron a sus hijos nombres de pila franceses y los enviaron a la escuela católica. Y Bin Laden era un gran burgués. Le da usted demasiada importancia al determinismo social...

-¿Qué tipo de compromiso pretende acordar con los musulmanes? ¿A qué tendrán que renunciar al asimilarse? ¿Qué obtendrán a cambio?

-Les pediré que hagan exactamente lo que han hecho las generaciones anteriores de inmigrantes, es decir, que se asimilen a la cultura francesa. Para ello es necesario controlar los flujos, la cultura y las escuelas. Es absolutamente necesario recuperar una escuela en la que se integren la cultura francesa, la literatura francesa y la Historia francesa, en la que dejemos de oponer historias y memorias particulares, en la que dejemos de decir a los niños que Francia es culpable de todas las desgracias de sus antepasados. Hay que enseñarles que a partir de ahora son franceses y que deben apropiarse de los ancestros de los franceses. Ser francés es ser compatriota de Pascal y de Chateaubriand. ¿Qué puede haber más magnífico que eso?

[...]

Fin de la primera parte de la entrevista.



¡Éric.. te lo aseguro! ¿Crees que es el mejor modo de pasar desapercibido por la calle?"

jueves, 2 de diciembre de 2021

Joséphine Baker en el Panteón



Joséphine Baker, enterrada en 1975 en Mónaco, donde vivió sus últimos años desengañada de Francia, regresa a su país de adopción, en efigie.

Aquí, la emocionante  ceremonia [en vídeo YouTube] y también el discurso de entrada en el Panteón pronunciado por el presidente Emmanuel Macron, en V.O.

Y aquí una tradu exprés del discurso:


DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA CON MOTIVO DE LA CEREMONIA DE ENTRADA DE JOSÉPHINE BAKER EN EL PANTEÓN.

30 DE NOVIEMBRE DE 2021

Heroína de guerra. Luchadora. Bailarina. Cantante. Una mujer negra que defiende a los negros, pero ante todo una mujer que defiende a la raza humana. Americana y francesa. Joséphine Baker libró tantas batallas con libertad, ligereza y alegría. Fulgurante de belleza y lucidez en un siglo de extravíos, tomó las decisiones correctas en cada momento crucial de la Historia, tomó las decisiones correctas, distinguiendo siempre las Luces frente a la oscuridad.

Y sin embargo, nada, nada de todo esto estaba escrito.

Saint-Louis, 1906. 

Nacer de madre lavandera y padre desconocido. Vivir en una choza con el techo agujereado. Con sólo ocho años, servir a una familia blanca y rica para alimentar a su familia negra y pobre. Ser golpeada, objeto de abusos. Huir. Asistir impotente a los disturbios raciales y su retahíla de asesinatos.

Casarse a los13 años. No rendirse. Bailar, bailar para vivir, vivir para bailar.

En St. Louis, en Nueva Orleans y luego en Filadelfia, hechizar al público con su energía y humor.

Llegar a Broadway, el teatro de todas las posibilidades, y conocer a Caroline Dudley, creadora de revistas en Europa. Y hacer que se levanten todos los telones, que se abran todas las puertas, que caigan todas las barreras.

París, 1925. Cuando Joséphine Baker llega a Francia, París era una fiesta. Todavía no tenía 20 años. Los locos Años Veinte. Años de baile y música. Años de noches y ebriedad en las que Joseph Kessel se sumerge sin saber que un día escribirá el Canto de los Partisanos [que se ha cantado en la ceremonia].

Si en esta Francia dividida entre la sed de libertad y los prejuicios coloniales se distingue la chica de Saint-Louis es porque inventa, a partir de la famosa velada del 2 de octubre de 1925 en el Théâtre des Champs Elysées, un número musical que va más allá de las contradicciones francesas de la época. ¿Deciden los creadores de la Revista Nègre imaginar una danza del vientre para ella, una fantasía de exotismo salvaje? Ella lo encaja, pero baila hinchando las mejillas y separando al máximo sus rodillas, de modo que lo cómico pronto distrae de lo sensual. ¿Se le pide que baile desnuda con un simple cinturón de plátanos dorados? Ella lo consiente, pero rebaja el erotismo del baile con muecas, bizqueo de ojos y gestos espasmódicos, barriendo así los tópicos con un golpe de cadera y mofándose del imaginario negro con sus burlonas miradas. Joséphine Baker hace suyos todos esos estereotipos. Pero los sacude, los golpea y los convierte en algo sublimemente burlesco. Es un espíritu de la Ilustración que ridiculiza los prejuicios colonialistas al son de Sidney Bechet.

El triunfo es inmediato. Folies Bergères, la mítica escalera del Casino de París, escenarios de todas las capitales europeas: las danzas sincopadas de la Perla Negra, contrapunto insolente al bajo continuo del racismo, hechizaron a Francia y pronto a toda Europa a una ritmo sin precedentes.

Un día cantante de los éxitos de Vincent Scotto, al otro día actriz convertida en Zouzou y dándole la réplica a Jean Gabin, más adelante recorriendo los Campos Elíseos al volante de un cabriolet descapotable cubierta de pieles de serpiente ¡y con un guepardo de copiloto...!

En brazos de un hombre una noche, en brazos de una mujer la noche siguiente, ella es la que tiene "dos amores". En pocos años, Joséphine Baker forjó su leyenda. Se impuso en el escenario, impuso su libertad y entró en el imaginario y la intimidad de los franceses. Por su actitud despreocupada, pero nunca inconsciente, su coraje siempre alegre, esa ligereza entreverada de tristeza de los que ya lo han vivido todo, la refugiada americana en París se convierte en la encarnación del espíritu francés y en el símbolo de una época.

Crèvecœur-le-Grand, en la región de Oise, 30 de noviembre de 1937.

Hace hoy ochenta y cuatro años, Joséphine acababa de regresar de una difícil gira por Estados Unidos. La segregación es allí más severa que nunca. Se casa con Jean Lion y se convierte oficialmente en ciudadana francesa. "Los franceses me lo han dado todo. Estoy dispuesta a ofrecerles mi vida hoy": Joséphine Baker no consideraba su nueva nacionalidad como un derecho sino sobre todo como un deber, una conquista de todos los días. Así, se dedicó por completo a su nueva patria y a la defensa de sus valores. En 1938 se convirtió en una activista inquebrantable de la Liga Internacional contra el Antisemitismo. Más adelante, oficial del Ejército del Aire, sirviendo como enfermera en acciones organizadas por la Cruz Roja. En la Línea Maginot dio conciertos memorables para subir la moral de las tropas. Mientras la Blitzkrieg de la Alemania nazi espeluznaba a toda Europa, Joséphine Baker no quiso quedarse de brazos cruzados.

Cambió el fulgor de las candilejas por la llama de la Resistencia; se convirtió, incluso antes del 18 de junio de 1940 [el famoso llamamiento de De Gaulle a resistir], en "honorable corresponsal". Sirvió a su nuevo país, arriesgando la vida. Protegió a los combatientes de la Resistencia y a los judíos en su propiedad de Milandes, transformada en emisora de radio; recibió, enferma en su cama de hospital en Casablanca, a todos los oficiales franceses de la Francia libre que había en el Magreb; viajó por África y Europa para transmitir información confidencial escrita con tinta simpática en sus partituras o escondida en sus vestidos; cruzó el desierto en jeep para animar a los soldados que se preparaban para el desembarco en Provenza. Joséphine desempeña un papel tan decisivo que se le concede la medalla de la Resistencia. Por encima de cualquier otra distinción, la insignia que prefería es una pequeña cruz de Lorena en oro recibida de manos del General de Gaulle en 1943, y que acabó vendiendo por donar el dinero a la Resistencia.

Luego, en 1961, llegan la "Croix de Guerre"  y la "Légion d'Honneur", otorgadas por el General Valin. Esta es Joséphine: un combate por la Francia libre. Sin cálculos. Sin buscar la gloria. Entregada a nuestros ideales.

Washington, 28 de agosto de 1963. Siendo un icono adorado después de la Liberación, como tantos otros podría haberse acomodado en su celebridad. No fue así. Joséphine Baker, ataviada con el uniforme de las Fuerzas Aéreas, se dirigió a los miles de activistas de los derechos civiles que esperaban el discurso del reverendo Martin Luther King. Ese día, que ella describía como "el mejor de mi vida", fue la culminación de una larga lucha. Mientras se encaminaba al atril tal vez recordó a la niña castigada por sus profesores blancos por romper un plato y que vio sus manos escaldadas; o pensaba en esos mismos días en los que, incluso a ella, la estrella, se le prohibía la entrada en los hoteles de Estados Unidos. O en esa misma tarde, bajo la mirada de Grace Kelly -quien nunca la olvidó-, cuando se le había negado el servicio en el Club Storck, gran restaurante de Nueva York; o en el distrito de Harlem, que en 1951 organizó un Día Baker en su honor para agradecerle que abriera a los negros sus conciertos. O en los miles de mujeres y hombres que habían acudido a la ciudad para apoyarla. Los miles de mujeres y hombres que se unieron a su combate. Así que cuando Josephine Baker comentó su próxima invitación a la Casa Blanca, ciertamente recordó todo esto, y declaró ante la multitud: "No es la mujer de color -la negra- la que va a ir allí, sino una mujer".

Joséphine Baker no defendía un color de piel, defendía una determinada idea del ser humano, e hizo campaña por la libertad de cada individuo. Su causa era el universalismo, la unidad del género humano. La igualdad de todos antes que la identidad de cada uno. La hospitalidad para todas las diferencias unidas por la misma voluntad, la misma dignidad. La emancipación contra la asignación a una identidad determinada. Con este bagaje, ante el Lincoln Memorial, con la medalla de la Resistencia luciendo en la solapa, era más francesa que nunca. Infinitamente justa. Infinitamente fraternal. Infinitamente francesa.

¡Y que nadie cuestione o soslaye su lucha universal! No fue una lucha para afirmarse como negra antes que definirse como americana o francesa; no fue una lucha para afirmar la irreductibilidad de la causa negra, no. Era una lucha por ser ciudadano, libre, digno. Completamente. Decididamente.

Dordogne, 15 de marzo de 1969. A pesar de las repetidas giras, a pesar de la valentía y el llamamiento en televisión de Brigitte Bardot, a pesar del apoyo de generosos donantes, Joséphine Baker se ve desalojada de su célebre propiedad en el Périgord Noir: el Castillo de Milandes. Lejos de las plumas y las lentejuelas, se refugió con sus hijos en París antes de trasladarse al Principado de Mónaco, donde la Princesa, una vez más, se convirtió en su protectora, y le ofreció asilo y la alojó generosamente a ella y a toda su familia. Ese día de marzo de 1969 no sólo se despidió de un enraizamiento, del paisaje que tanto amaba, de su "Castillo en la Luna" que había adorado y ocupado durante más de treinta años; dijo asimismo adiós a un sueño loco, el de crear en Milandes un "colegio de la fraternidad universal" donde quería enseñar a los niños de todo el mundo la tolerancia, el laicismo, el gusto por la igualdad y la fraternidad. Aunque este colegio nunca vio la luz, la adopción junto a Jo Bouillon de 12 niños -Akio y Teruya de Japón; Luis de Colombia; Jari de Finlandia; Jean-Claude, Moïse y Noël, de Francia; Brian y Marianne, de Argelia; Koffi, de Costa de Marfil; Tara, de Venezuela; y Stellina, de Marruecos; sí, la adopción de estos 12 niños, una familia, le permitió a Joséphine Baker demostrar ante el mundo que los colores de piel, los orígenes, las religiones no sólo podían coexistir sino que podían vivir en armonía. Sus hijos estáis aquí con nosotros esta tarde. Fieles a sus sueños. Su "tribu arco iris", como os llamaba, sois el más bello de los manifiestos humanistas. Epifanía del universalismo en el que ella tanto creía.

Joséphine Baker dejó la vida al mismo tiempo que dejó el escenario, unas horas después de la segunda función de una revista dedicada a su vida. Fue en el teatro Bobino, en el corazón del barrio de la Gaité, ["gaité" en francés significa alegría]... un nombre que le sentaba tan bien... Unos días después, el 15 de abril de 1975, miles de parisinos recorrieron la rue Royale para acompañar su féretro, ya cubierto de azul-blanco-rojo, hasta la Iglesia de la Madeleine donde Francia despide a sus artistas.

Hoy, seguimos aquí, y con los mismos colores azul, blanco y rojo. Para que forme parte de nuestro Panteón. Así que esta tarde Joséphine Baker entra aquí junto a todos esos artistas que la acompañaron, todos esos artistas que amaron el jazz, la danza, el cubismo, la música y la libertad de aquellos años. Entra aquí con todos los que, como ella, vieron en Francia una tierra donde vivir, un lugar donde dejar de soñar con estar en otra parte, una promesa de emancipación.

Entra aquí con todos aquellos que eligieron Francia, que la amaron y la aman, carnalmente; que la vieron tambalearse y siguieron amándola, que la vieron caer de bruces y lucharon por levantarla. Franceses por la sangre derramada, las batallas libradas, el amor entregado.

Ella entra aquí para recordarnos a todos, para recordarnos a nosotros mismos, algo que a veces ponemos tanto empeño en olvidar: la inasible belleza de nuestro destino colectivo: nosotros, que somos una nación de combate, fraterna, que somos la nación que deseamos, que merecemos, y que sólo es ella misma cuando es grande e intrépida.

Joséphine Baker, estás entrando en nuestro Panteón y un viento de fantasía y audacia te acompaña.  Sí, por primera vez entra también aquí cierta idea de libertad, de la fiesta.

Entras en nuestro Panteón porque amaste a Francia, porque le mostraste un camino que era verdaderamente el suyo pero del que, sin embargo, dudaba. Entras en nuestro Panteón porque, nacida americana, no hay nadie más francés que tú.

Y si mientras al final de tu carrera, adaptando la letra de tu mayor éxito, proclamabas: "Mi país es París" cada uno de nosotros tararea esta tarde un estribillo que suena como un himno al amor: "Mi Francia... es Joséphine".

Viva la República.

Viva Francia.

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lunes, 29 de noviembre de 2021

Diez años sin Hitchens

Por qué Hitchens es nuestro contemporáneo, según Janan Ganesh.

Aquí  en V.O.  


Y aquí en una tradu exprés.

"El mundo que nos dejó Christopher Hitchens

El escritor estaba hecho más para nuestro tiempo que para el suyo, pues tuvo la desgracia de llegar a la cúspide durante uno de los interludios más tediosos de la Historia

El que no pueda cabrearme mucho con las grandes tecnológicas se debe a que, por obra y gracia de YouTube, Christopher Hitchens sigue vivo. No se lo pierdan explicando lo que es el Tea Party a los habitantes de Sydney ("Toda política es cosa de palurdos"), o haciendo que un plañidero de Diana de Gales en Londres tenga hasta ciertos modales. Incluso una lánguida emisión vespertina en la cadena C-Span de los años 80 obtiene 1,5 millones de visitas.

El problema es que el artista vio cómo su obra quedaba empequeñecida. Hitchens tuvo la mala fortuna de alcanzar la cima durante uno de los interludios más tediosos de la historia mundial. Si se comprometió excesivamente en la guerra contra el terrorismo fue porque ahí finalmente había dado con un enemigo más digno que un Henry Kissinger retirado hacía mucho o que la asquerosidad de los Clinton. Su ateísmo ha envejecido mejor (no, no es "su propio tipo de religión"), pero el recurrir a un designio celestial muestra más bien lo escaso que es el botín cosechado en la Tierra.

Él estaba hecho para nuestro tiempo, no para el suyo. La actual gran vacante en la vida pública debiera ocuparla alguien que fuese un azote, como él, de la izquierda censora y de la derecha asilvestrada: un escéptico hasta llegar al fanatismo. Sam Harris es demasiado frío en su discurso y pensamiento. Joe Rogan, todo lo contrario. Emmanuel Macron tiene que dirigir un país. Hitchens habría estado hoy en su salsa. Al acercarnos al décimo aniversario de su muerte, creo que no se acaba de entender que su desaparición hace una década sea algo más que una mera pérdida estética.

De haber vivido hoy, Hitchens podría haberse convertido en uno de esos escritores poco frecuentes que pesan en la balanza de la vida pública: no un Émile Zola, ciertamente, sino alguien a medio camino entre un ser de palabras y el hombre de acción que él viera en su padre, comandante de la Royal Navy. Las oportunidades de imponerse, de hablar en nombre de una masa sin voz, habrían sido mayores hoy, digamos, que en el año 2005, cuando la política era tan moderada que incluso yo me olvidé de ir a votar.

Hitchens entendía el dogma como sólo podía hacerlo un antiguo creyente. Sabía que aquél no puede estudiarse como un fallo del intelecto sino de la psique. Se trata, en el fondo, de un anhelo casi infantil de que el mundo posea orden y estructura. Es una intolerancia a la ambigüedad. Desengañen a un marxista de su credo y verán cómo abraza la Escuela de Chicago (o, en la práctica, la intervención militar liberal). La vida debe responder a un sistema de pensamiento; exactamente a cuál... eso ya es cuestión secundaria. El hecho de que él mismo nunca se deshiciera del todo de ese hábito mental no hizo más que convertirlo en unos de los testigos de cargo más creíbles en su contra.

Visto desde este ángulo, su devoción por el canon occidental no era un apéndice de su visión política sino su propio apuntalamiento. Si se capta la complejidad de un individuo, tal y como la interpreta un novelista, todas las ideologías parecen absurdas. "La política es el gran generalizador", decía Philip Roth, "y la literatura, el gran particularizador". Hitchens leyó a Evelyn Waugh y a G.K. Chesterton (fue una de sus últimas reseñas) con más atención y sensibilidad que la mayoría de los engreídos que compartían, por mera coincidencia, el enfoque político de ambos. Y si al final Hitchens les escupió, fue sólo después de hacer unas gárgaras de lo más juiciosas.

Nada de todo esto da para canonizarlo. Nunca escribió un gran libro. Al igual que Gore Vidal, de quien era a la vez delfín y rival, no sabía decir que no a un epigrama hábil pero simplón. No justificó  su trotskismo, ni tampoco renunció a él por completo, y llegó a abandonar una entrevista (con Matthew Parris, el mejor periodista nacido en 1949, en mi opinión) cuando se le presionó sobre el asunto. Tampoco su acento y sintaxis rococó eran aptos para todos los paladares. Habiendo emigrado en 1981, mantuvo un tipo de britanismo que ahora sólo prospera en los Estados Unidos, seduciendo a los más pazguatos.

Con todo, yo me inclino a perdonar muchas cosas si hay de por medio muestras de valor físico. Un hombre que dejó que Salman Rushdie se alojase en su casa durante la fatwa no se acobardaría frente a una panda de indignaditos de 22 años pertrechados principalmente con un montón de jerga. En cuanto a los integrantes de la derecha, se habría encontrado con ellos pero más allá de la zona de confort de los talk shows liberales (a los que en un momento dado les hizo una peineta, literalmente) de esa América que vota republicano. Si su evangelismo sin Dios fue tan poderoso es precisamente porque se enfrentó a los pastores en sus propios territorios del Sur y del Medio Oeste del país.

Es una verdadera una lástima que la América anglosajona sólo se desquiciara cuando él ya no estaba ahí para intentar enderezar las cosas. En estos tiempos tribales, sus discursos y ensayos son la única lección que vale la pena impartir a quienes se preocupan por la verdad y su deslumbrante expresión. 

Nunca,  jamás, te integres en un equipo".


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[Cristopher Hitchens ante la cancela del Paraíso con un cartel de ATEOS NO: "No me lo puedo creer"

jueves, 18 de noviembre de 2021

Muy traducible

Algunos pretenden que las violencias que emanan del Corán se deben a malas traducciones del texto.

No es así.

Aquí Aurélien Marq explica el porqué, en V.O.


Y aquí en tradu exprés:

In-tra-du-ci-ble

Un buen contradictor siempre tiene más de un comodín en la manga. Habiendo fracasado el argumento de la contextualización, el autoproclamado defensor del Corán responderá a tus críticas diciéndote que este libro, que declarará de incomparable sutileza, ¡sería IN-TRA-DU-CIBLE! Lo que no sabe, porque no quiere saberlo, es que esto no funciona mejor que la contextualización para hacer aceptable lo inaceptable. Esta es la razón:

Traduttore, traditore, dicen los italianos. La expresión "traductor, traidor", traducida más generalmente (!) como "traducir es traicionar", se conoce al menos desde el siglo XVI. Nadie negará que la traducción es un ejercicio difícil. Yo mismo he pasado suficiente tiempo estudiando textos griegos para saber que algunas palabras no tienen un equivalente exacto en otras lenguas (al menos en las que conozco). Así, la phronesis, φρόνησις, a menudo traducida en francés como "prudencia" cuando ambas nociones son en realidad muy diferentes.

Pero "ejercicio difícil" no significa "imposible". Puede que me lleve diez páginas de digresiones y notas, pero puedo explicar qué es la phronesis, por qué los romanos la tradujeron como prudentia y en qué se diferencia esta prudentia de nuestra prudencia moderna.

Para el lector curioso: la phronesis es el significado de la acción correcta, en el doble sentido de justicia y rectitud, adecuación perfecta a las circunstancias. No hay ningún término en francés que corresponda exactamente a esta idea, pero no es intraducible porque es posible expresarla en nuestra lengua, aunque requiera una frase y no una sola palabra.

Y de nuevo para el lector curioso: la deidad de todas las deidades asociadas a la phronesis es Atenea, el pensamiento activo, la perfecta armonía del pensamiento y la acción. Es a la vez la guardiana de la filosofía y las artes, una guerrera ardiente con decisiones rápidas y gestos precisos que sabe aprovechar el momento. Esto enriquece y explica aún más la idea que hay detrás de la palabra de la que hablamos.

Para ilustrar mi punto de vista: la traducción puede ir acompañada de la aclaración de referencias, connotaciones y etimologías, y es perfectamente posible explicar una idea en una lengua distinta a la que se expresó por primera vez.

El Corán de los historiadores, al que ya me he referido, hace precisamente esto con el texto coránico. Dedica dos volúmenes, o 2386 páginas (¡casi nada!) al análisis de las suras, verso a verso. Está claro que se trata de una obra a una escala completamente diferente a la del "pequeño Corán de bolsillo" o a la de la traducción disponible en el sitio oumma.com (que, dicho esto, sigue siendo de buena calidad y tiene la doble ventaja de estar en consonancia con la tradición religiosa más común y ser poco sospechosa de "islamofobia").

Se han escrito innumerables libros sobre el mensaje del Corán.

Además, tenemos toneladas (literalmente, el papel pesa) de libros sobre el mensaje del Corán, en docenas y docenas de idiomas, y 14 siglos de comentarios sobre cómo los musulmanes entienden su propio texto sagrado. No hay ninguna razón por la que no se puedan imaginar 14 siglos de errores, pero desde el punto de vista de la religión habría que dar una explicación teológica seria, sobre todo porque el propio Corán insiste en que es un texto explícito, y que Alá no permite que sea falsificado.

Además, si, como afirman algunos, los versos que inspiran los crímenes cometidos en nombre del Islam sólo inspiran estos horrores porque están mal traducidos, es más que urgente proponer una buena traducción y convencer a la comunidad musulmana de que es la correcta. Esto es lo que deberían hacer quienes creen sinceramente que el Islam es "una religión de paz y amor", en lugar de repetir una y otra vez este eslogan, que desgraciadamente se contradice con el comportamiento de demasiados musulmanes.

Y deberán tener en cuenta dos hechos dolorosos. En primer lugar, que estos "errores de traducción" son sorprendentemente coherentes entre sí en todas las lenguas a las que se ha traducido el Corán, desde el francés al japonés, pasando por el inglés y el ruso. En segundo lugar, que Osama bin Laden y Abu Bakr al-Baghdadi leyeron su libro sagrado en la lengua original.

A este respecto, cabe señalar de forma más general que los países de habla árabe, y en particular los países árabes, no se distinguen francamente por su comprensión humanista del Corán y del Islam. Y que los teóricos más oscurantistas del Islam teocrático, desde Ibn Hanbal hasta Al-Qaradawi pasando por Al-Ghazali, Ibn Hazm, Ibn Abdelwahhab y Qutb, no pueden ser sospechosos de un mal dominio de la lengua del Corán, ni de haber dedicado un tiempo insuficiente al estudio de este texto y de la religión musulmana.

¿Significa esto que su lectura del Corán es necesariamente la buena? Al menos, tengamos la honestidad y el valor de admitir que se ajusta a la letra del texto, y a la luz que arrojan los hadices, así como el "bello ejemplo" de la vida del profeta tal como la imagina la tradición islámica.

Sin embargo, ellos cuentan con contradictores cuyo dominio de la lengua árabe y sus sutilezas no tiene nada que envidiar al suyo. Este es el caso del enfoque espiritual de Sohrawardi, o el trabajo actual de Mohammed Louizi. Y ello es suficiente para demostrar nuestro argumento: la traducción es un falso problema. El verdadero problema es que desde el principio se han enfrentado varias metafísicas que compiten entre sí dentro del propio Islam, como ha demostrado claramente Souâd Ayada (que tampoco tiene problemas para analizar todas las sutilezas del Corán en árabe). El verdadero problema es que, entre estas metafísicas, la que domina hoy en día, sobre todo en términos de influencia normativa, es la que procede de una lectura literal del Corán, y que conduce a la veneración de un dios tirano deseoso de someter a su voluntad arbitraria cualquier aspiración ética y toda conciencia moral.

Jugar con las sutilezas de las traducciones para combatir esta tendencia totalitaria teocrática, por qué no. Pero jugar con esas mismas sutilezas para negar esta tendencia, para intentar adormecer la desconfianza de aquellos (musulmanes y no musulmanes) a los que quiere imponer su ley, y que deberían combatirla con todas sus fuerzas, es ponerse al servicio del horror."

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                                    Tema de redacción: ¿Puede uno burlarse del Islam y del Cor...

lunes, 8 de noviembre de 2021

Luz y verdad

                                            Pano Kanelos


En EE.UU, Pano Kanelos y algunos colegas  van a crear un nueva universidad en contra de las universidades al uso para recuperar la misión de búsqueda de la verdad.

Aquí en V.O.


Aquí en tradu exprés.


Pano Kanelos

No podemos esperar a que las universidades se arreglen por sí solas así que vamos a crear una nueva

He dejado mi puesto de presidente del St. John's College de Annapolis para crear una universidad en Austin dedicada a la valiente búsqueda de la verdad.

En Estados Unidos hay muchas cosas que no funcionan. Pero la educación superior podría ser la institución más fracturada de todas.

Hay un abismo entre las promesas y la realidad de la educación superior. El lema de Yale es "Lux et Veritas", luz y verdad. Harvard proclama: Veritas. A los jóvenes de Stanford se les dice que Die Luft der Freiheit weht: Sopla el viento de la libertad.

Estas son palabras muy elevadas. Pero en estas escuelas superiores de prestigio, y en tantas otras, ¿podemos afirmar realmente que la búsqueda de la verdad -lo que fuera el propósito central de una universidad- sigue siendo la más alta de las virtudes? ¿Creemos en realidad que los medios cruciales para alcanzar dicho fin -la libertad de investigación y el discurso cívico- prevalecen cuando el antiliberalismo se ha convertido en un elemento omnipresente de la vida universitaria?

Las cifras lo reflejan tan bien como cualquier anécdota que usted haya leído en titulares de prensa o escuchado en sus propios círculos. Casi una cuarta parte de los académicos estadounidenses de ciencias sociales o humanidades respaldan la expulsión de un colega por tener una opinión equivocada sobre cuestiones candentes tales como la inmigración o las diferencias sexuales. Más de un tercio de los académicos y estudiantes de doctorado conservadores dicen haber sido amenazados con medidas disciplinarias por sus opiniones. Cuatro de cada cinco estudiantes de doctorado estadounidenses están dispuestos a discriminar a los académicos de derechas, según un informe del Centro para el Estudio del Partidismo y la Ideología.

El panorama entre los estudiantes de licenciaturas es aún más sombrío. En la Encuesta de Expresión en el Campus 2020 de la Academia Heterodoxa, el 62% de los estudiantes universitarios de la muestra estaban de acuerdo en que el ambiente de su campus les impedía decir las cosas en las que creían. Casi el 70% de los estudiantes está a favor de denunciar a los profesores si éstos afirman algo que los estudiantes consideran ofensivo, según una encuesta del Instituto Challey para la Innovación Global. La Fundación para los Derechos Individuales en la Educación informa de al menos 491 campañas de cancelación de invitaciones desde el año 2000. Aproximadamente la mitad de éstas tuvieron éxito. 

En nuestros campus, los profesores son tratados como criminales del pensamiento. Dorian Abbot, un científico de la Universidad de Chicago que se ha opuesto a algunos aspectos de la discriminación positiva, fue cancelado recientemente y no pudo dar una importante conferencia pública sobre el clima en el planeta en el MIT. Peter Boghossian, profesor de filosofía de la  Portland State University, dimitió finalmente en septiembre tras años de acoso por parte del profesorado y los gestores. Kathleen Stock, profesora de la Universidad de Sussex, acaba de dimitir después de que las turbas la amenazaran por sus investigaciones sobre sexo y género.

Nos habíamos creído que semejante censura sólo era posible en regímenes opresivos de países lejanos. Pero resulta que el miedo puede llegar a ser endémico en una sociedad libre. Puede agudizarse en el único lugar -la universidad- que supuestamente defiende "el derecho a pensar lo impensable, a debatir sobre lo innombrable y a cuestionar lo incuestionable".

La realidad es que muchas universidades ya no tienen incentivos para crear un entorno en el que se proteja la disidencia intelectual y se critiquen las opiniones al uso. En nuestras escuelas más prestigiosas, el principal incentivo es funcionar como centro de escolarización para las élites nacionales y mundiales. Entre los ladrillos y la hiedra, estos estudiantes contribuyen a sostener teorías cada vez más inaccesibles mientras que, a menudo, a sólo unas manzanas de distancia, sus vecinos se las tienen que ingeniar para ganarse la vida.  

La prioridad en la mayoría de las otras instituciones es simplemente evitar el colapso financiero. Se hallan en una competición desesperada por atraer a un número cada vez menor de estudiantes, los cuales son cada vez menos capaces de pagar unas matrículas que se disparan. En las últimas tres décadas, el coste de un título de cuatro años en una universidad privada casi se ha duplicado; el coste de un título de una universidad pública casi ha triplicado. Los estudiantes del país deben 1700  millones de dólares en concepto de préstamos.

¿Y todo esto para qué? Casi el 40% de los que buscan obtener un título universitario no lo consiguen. Deberíamos dejar que el sistema se hunda.  La educación superior suspende a 4 de cada 10 de sus estudiantes. Un sistema que extrae tan descaradamente tanto de tantos sin cumplir con sus promesas básicas debería haber hecho un balance y sacar sus conclusiones hace tiempo.

Los perversos incentivos de la enseñanza superior -prestigio o supervivencia- hacen que una proporción cada vez mayor del dinero de las matrículas se destine a la administración y no a la enseñanza. Las universidades pretenden ahora atraer y retener a los estudiantes a través de "experiencias estudiantiles" orientadas al cliente, que van desde el entretenimiento trivial hasta el apoyo emocional o unas instalaciones de fábula. De hecho, muchas universidades hacen muy bien lo de proporcionar a los estudiantes todo lo que necesitan. Todo... excepto el valor intelectual.  

No es sólo que estemos fallando a los estudiantes como individuos; estamos fallando a la nación. Nuestra democracia se tambalea, en gran parte, porque nuestro sistema educativo se ha vuelto antiliberal y está produciendo ciudadanos y líderes que son unos incapaces y no están dispuestos a participar en la actividad principal del gobierno democrático.

Las universidades son los lugares donde la sociedad piensa, donde se forman los hábitos y las costumbres de nuestros ciudadanos. Si estas instituciones no son abiertas y pluralistas, si enfrían el discurso y condenan al ostracismo a quienes tienen puntos de vista impopulares; si llevan a los académicos a evitar temas enteros por miedo, si priorizan la comodidad emocional sobre la búsqueda, a menudo incómoda, de la verdad, ¿quién quedará para modelar el discurso necesario para sostener la libertad en una sociedad autónoma?

En algún momento futuro, los historiadores estudiarán cómo hemos llegado a este trágica situación. Y tal vez para entonces hayamos reformado nuestras escuelas superiores y universidades, restaurándolos como bastiones de la investigación abierta y el discurso cívico.

Pero ya nos hemos cansado de esperar.  Nos hemos cansado de esperar a que las universidades de tradición académica se corrijan a sí mismas. Así que estamos creando una nueva desde cero. 

Y lo digo literalmente. 

Mientras escribo esto, estoy sentado en mi nueva oficina (con las cajas aún por desembalar) en la cálida ciudad de Austin, Texas, donde me trasladé hace tres meses desde mi anterior puesto como presidente del St. John's College.

No estoy solo. 

Nuestro proyecto comenzó con una pequeña reunión de personas preocupadas por el estado de la educación superior -Niall Ferguson, Bari Weiss, Heather Heying, Joe Lonsdale, Arthur Brooks y yo-, y desde entonces se nos han unido muchos otros, incluidos los valientes profesores mencionados anteriormente, Kathleen Stock, Dorian Abbot y Peter Boghossian.   

Contamos entre nosotros con los presidentes de universidades: Robert Zimmer, Larry Summers, John Nunes y Gordon Gee, y destacados académicos como Steven Pinker, Deirdre McCloskey, Leon Kass, Jonathan Haidt, Glenn Loury, Joshua Katz, Vickie Sullivan, Geoffrey Stone, Bill McClay y Tyler Cowen.

También nos acompañan periodistas, artistas, filántropos, investigadores e intelectuales conocidos como Lex Fridman, Andrew Sullivan, Rob Henderson, Caitlin Flanagan, David Mamet, Ayaan Hirsi Ali, Sohrab Ahmari, Stacy Hock, Jonathan Rauch y Nadine Strossen.

Somos un equipo vocacional que crece día a día. Nuestros orígenes y experiencias son diversos; nuestras opiniones políticas difieren. Lo que nos une es una consternación común por el estado del mundo académico moderno y el reconocimiento de que no podemos seguir esperando a la caballería. Así que debemos ser la caballería. 

En la era de los cursos masivos abiertos en línea y la enseñanza a distancia, seguramente parecerá algo retro, incluso contracultural, construir una escuela real en un edificio real con el menor número de pantallas posible. Pero a veces hay sabiduría en las cosas que han perdurado. 

La universidad, tal y como la conocemos hoy, es una institución que se originó en la Europa del siglo XI. El hecho de que haya habido universidades durante casi mil años -a pesar de todos los extraordinarios cambios en la naturaleza del conocimiento y la tecnología de las comunicaciones en ese tiempo- nos está diciendo algo importante. 

Creemos que los seres humanos piensan y aprenden mejor cuando se reúnen en lugares dedicados a ello, donde están, hasta cierto punto, aislados de la lucha cotidiana por llegar a fin de mes, y donde no hay una distinción fundamental entre los que enseñan y los que aprenden, más allá de la extensión de sus conocimientos y sabiduría.

Creemos que el propósito de la educación no es simplemente el empleo, sino el florecimiento humano, que incluye un empleo con sentido. Por lo tanto, también estamos repensando la relación entre una educación liberal y las demandas de nuestro dinámico y fluido mundo profesional.

Nuestro riguroso plan de estudios será el primero diseñado en colaboración no sólo con grandes profesores, sino también con los grandes emprendedores de la sociedad: fundadores de empresas audaces, disidentes que se han enfrentado al autoritarismo, pioneros de la tecnología y las principales figuras de la ingeniería y las ciencias naturales. Nuestros alumnos estarán expuestos a la sabiduría más profunda de la civilización y aprenderán a conocer las obras no como tradiciones muertas sino como feroces concursos de importancia intemporal que ayudan a los seres humanos a distinguir entre lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo. Los estudiantes llegarán a ver esta investigación abierta como una actividad que dura toda la vida y que les exige una búsqueda valiente, a veces incómoda, de verdades que perduran.

Este objetivo central -la valiente búsqueda de la verdad- ha estado en el centro de la educación desde que Platón fundó su Academia en el año 387 a.C. Revivirlo puede producir una generación resistente (o "antifrágil") con una capacidad excepcional para pensar sin miedo, con agilidad e inventiva. Estos graduados serán los futuros líderes mejor preparados para afrontar los retos de la humanidad. 

Una educación arraigada en la búsqueda de la verdad es el antídoto contra el tipo de ignorancia e incivilidad que nos rodea. Como dijera Frederick Douglass "La educación... significa emancipación. Significa luz y libertad. Significa la elevación del alma humana hacia la gloriosa luz de la verdad, la única luz por la que los hombres pueden ser libres".

Esperamos encontrar una importante resistencia a este proyecto. Hay redes de donantes, fundaciones y activistas que defienden y promueven el statu quo. Hay padres que esperan el statu quo. Hay estudiantes que lo exigen, junto con mayores restricciones a la libertad académica. Y hay administradores y profesores que se sentirán amenazados por cualquier alteración del sistema.

Agradecemos dicho oprobio y lo reivindicamos.

A los demás, a los que comparten nuestra sensación de que algo fundamental se ha roto, les pedimos que se unan a nuestro esfuerzo por renovar la educación superior. Damos la bienvenida a todos los que comparten nuestra misión de perseguir una educación verdaderamente liberadora, y esperamos que otros donantes sigan nuestro ejemplo.

Es hora de devolver el significado a esos viejos lemas académicos. Luz. Verdad. Viento de la libertad. Encontrará a los tres en nuestra nueva universidad de Austin.

miércoles, 20 de octubre de 2021

Cumplió Jaccard

Tal como había largamente anunciado, el gran escritor suizo Roland Jaccard se suicidó la víspera de cumplir los 80 años, como hiciera su padre.

La sobria despedida de Tahar Ben Jelloun en Le Point, aquí.

Aquí en tradu exprés:

Tahar Ben Jelloun - Roland Jaccard ha muerto

El autor de La Tentation nihiliste y especialista en psicoanálisis falleció la víspera de su 80º cumpleaños. Su amigo le rinde homenaje.

Por Tahar Ben Jelloun

Publicado el 21/09/2021

Roland Jaccard se quitó la vida la víspera de su octogésimo cumpleaños. Recuerdo que cuando nos conocimos me dijo que se suicidaría a los 80 años, como su padre. Era un amigo fiel y leal, y ha cumplido su palabra. Sin embargo, era un bon vivant. Era el amigo con el que más me reía: no es que contara chistes, pero sabía burlarse de su visión nihilista del mundo, poniendo mucha relatividad en todo. No se hacía ilusiones sobre la humanidad. Ningún político encontró favor a sus ojos. Sólo algunas estrellas de cine como Louise Brooks, a la que había dedicado un hermoso libro, o Marlene Dietrich le intimidaban.

De la vida le gustaba lo superfluo, el ping-pong, los buenos hoteles y especialmente sus piscinas, las chicas jóvenes y guapas, la cocina asiática y el cine, especialmente el americano. Dedicó un libro a su ídolo John Wayne. Quería ser joven, se vestía de forma poco convencional, cultivaba sus pequeñas costumbres, como la de frecuentar el mismo restaurante y el mismo café con tal de que le sirvieran un ristretto bien compacto.

Psicoanalista freudiano, ejerció durante un tiempo y luego se contentó con escribir libros sobre la locura, sobre el exilio interior, sobre la desilusión, sobre sus días de suave coqueteo con las mujeres [se casó con y se divorció de cuatro mujeres] y sobre algunas de sus conquistas. Escribía bien, pero nunca alardeando. Era riguroso y exigente consigo mismo. Nunca se jactó ni se puso en primer plano. Durante mucho tiempo, trabajó para "Le Monde des livres", donde nos conocimos. Se tomaba su trabajo en serio, pero nunca se tomaba a sí mismo en serio. Utilizó la burla y el humor siempre que pudo.

Dividió su vida entre Lausana y París. Hubo una época en la que viajaba mucho, sobre todo por Asia. Después de dar la vuelta al mundo, se relajó y llegó a odiar los viajes largos. Mientras jugaba una partida de ping-pong en un gran hotel de Lausana, le comunicaron que su madre había muerto repentinamente. "Termino la partida y voy a despedirme de ella". Aquello me sorprendió. Pero él se reía de mi actitud.

En los últimos años de su vida nos vimos menos. Noté que había perdido algo de su sentido del humor. Había adivinado la victoria de Donald Trump, pensaba que Putin era un buen jefe de Estado y se acercaba a un extremismo de derechas que yo no le conocía. A pesar de nuestras diferencias, sobre todo en materia de política, disfrutábamos riéndonos de nosotros mismos. La última vez que tomé un café con él, acababa de divorciarse de Marie y se preparaba para mudarse definitivamente a Suiza.

La semana pasada me envió un mensaje diciendo que volvía a París. Teníamos que vernos. Debí haber recordado su fecha de nacimiento y haberlo llamado. Se tragó unos barbitúricos y se fue sin tomarse el último café de nuestra larga y magnífica amistad".





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Uno de sus últimos escritos, enviados a  la revita Causeur:

"Siempre me habitó la idea del suicidio. Sin pasar nunca al acto. Partía de la idea de que era la mejor solución frente a los inconvenientes y el tedio de la vida. En el fondo, me decía a mí mismo: dejemos las voluptuosidades de la existencia, si es que existen, en la esfera doméstica; siempre servirán de mínimo consuelo a los embates que arrostramos.

"Pero suicidarse no es una solución", me dijo Lao Tse. "Entonces, ¿debe uno resignarse a vivir?", le pregunté. Sonrió ante esta chiquillada y zanjó un debate que a nada conduce con estas sencillas palabras: "Pero, ¿por qué tiene que haber una solución? Desde entonces practico la no-acción y no me van tan mal.

Cierto es que soy demasiado viejo para gozar, pero también, ay, demasiado joven para sentirme liberado de la maldición del deseo. Y en esto también debo resignarse a la falta de soluciones. Soy el depositario de un juego que nunca será de mi propiedad.

Sin tapujos, Woody Allen dice que en los barrios pobres no hay suicidios, pues se es demasiado desgraciado como para suicidarse.

También dice que la única vez en que tuvo un orgasmo con su mujer fue cuando el juez le entregó la sentencia del divorcio.

Habiendo estado casado cuatro veces puedo confirmarlo. Se produce tal alivio en la ruptura que lo que yo he sentido debe de parecerse bastante a lo que experimenta un condenado a muerte al que se le anuncia que van a concederle el indulto".

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Au revoir, Roland Jaccard.

martes, 19 de octubre de 2021

Maravíllense

Los profesores Sosa Wagner & Fuentes han escrito un nuevo y fabuloso "Retablo de las Maravillas" sobre las miserias de la política española, pero también proponen en él reformas mesuradas, meditadas y altamente meditables. Lectura imprescindible para no perder del todo la esperanza en el destino del país.

Aquí el libro, con prólogo de Albert Boadella.



aquí una entrevista a Sosa en El Mundo.