miércoles, 7 de abril de 2021

¿Ehmmmm?




El muy liberal Charles Michel debe dimitir inmediatamente por no haber cedido a Ursula von der Leyen su silla y propinarle así la bofetada diplomática que merecía Erdogan y su infecto régimen musulmano-machista, pleonasmo.

Aquí la noticia del Ehm según EM.


Y Ursula von der Leyen, a su vez, en vez de emitir un insinuante "Ehm...", debió permanecer de pie e impasible hasta que saliera el sol por Estambul.

 

viernes, 26 de marzo de 2021

Asimilada


Rachel Khan

La pesadilla de los antirracistas y la enemiga del woke. Una "asimilada" y a mucha honra.

Aquí en V.A. & V.O.



Y aquí en traducción exprés.


"Rachel Khan, la pesadilla antirracista de los descolonialistas"


Escritora, directora de una asociación dedicada al hip-hop, ex atleta, jurista: Rachel Khan multiplica sus facetas. Destaca por su fuerte oposición a la doctrina victimista defendida por los activistas descolonialistas. Como su último libro, "Racée" [De raza]. Una lucha iconoclasta que le ha valido ataques hasta desde su propia asociación. Retrato.


Por Alexandre Bertolini

Publicado el 26 de marzo de 2021 

"Me molestaba que se señalara tanto al macho blanco; me dije que yo tenía el envoltorio adecuado para decir cosas que son nuestros valores fundamentales", declaró Rachel Khan en el programa de Zemmour y Naulleau en la televisión Paris Première el miércoles 24 de marzo. Nacida de padre gambiano y madre francesa de origen judío polaco, esta cuarentona comprometida con la lucha contra el racismo y la discriminación lo tenía todo para convertirse en un icono interseccional. Pero a la mujer que creció en Touraine no le gusta que la encasillen, sobre todo en cuanto a sus orígenes.

En una entrevista concedida a Le Figaro el 12 de marzo, dijo que se sentía "lo contrario de una víctima": "Considero que tengo mucha suerte, pero este tipo de postura no genera ruido. Probablemente habría tenido una carrera más mediática si hubiera elegido ser una 'emprendedora de la victimización'. Como mujer, judía, nieta de deportada, negra y demás... cubro muchas casillas para poder indignarme por mi/mis condición/es. "

Múltiples pasiones

Pero Rachel Khan ha elegido un camino totalmente diferente. Guiada por el gusto de sus padres hacia el conocimiento y hacia Francia, su madre es librera y su padre fue profesor de francés. Durante su juventud, le fascinaban el teatro, la danza, la música y la literatura y practicaba la danza clásica. Después se dedicó al atletismo, que practicó a un alto nivel durante su adolescencia, en velocidad y triple salto, e incluso llegó a ser campeona de Francia de 4×100 metros en 1995. Al mismo tiempo, cultivó sus pasiones artísticas, sobre todo al unirse a un grupo de hip-hop.

Posteriormente, Rachel Khan estudió en la Universidad Panthéon-Assas, donde obtuvo una licenciatura en Derechos Humanos y Derecho Humanitario y un DEA (posgrado) en Derecho Internacional. De 2009 a 2015, fue consejera cultural en el gabinete de Jean-Paul Huchon (Partido Socialista) en el Consejo Regional de Île-de-France. Dice que pertenece a "una izquierda socialdemócrata" y que votó a Emmanuel Macron en las dos vueltas de las elecciones presidenciales de 2017. Hiperactiva, se convirtió en actriz y consiguió papeles en el cine y el teatro.

En 2018, participó en un manifiesto de 16 actrices negras o mestizas "Ser negra no es mi oficio", que abogaba por una mejor representación de la diversidad en las pantallas. Fue ella, en el texto, quien utilizó la expresión. Desde entonces, se ha distanciado de las posiciones radicales del movimiento antirracista en el cine, especialmente encarnadas por Aïssa Maïga, iniciadora del manifiesto: "Creo que las cuotas rompen la verdadera meritocracia [...] es como decir a los 'racializados' que no hagan nada y que el éxito les  llegará porque sí, que ya tienen su papel gracias a su color de piel", se indignaba en Le Figaro.

Racée, un libro contra las denuncias de las víctimas

Para dejar las cosas claras, Rachel Khan acaba de publicar un libro, Racée (Editions de l'Observatoire), el 10 de marzo. También firmó un artículo con la ensayista Caroline Fourest y la actriz Isabelle Adjani en la revista Elle el 18 de marzo, en el que advertía en contra de "una nueva forma de censura" en el cine. Las tres mujeres defienden su visión universalista del cine y manifiestan su negativa a dejar el Séptimo Arte en manos de los comunitaristas.

En Racée, Rachel Khan arremete con dureza contra el sinsentido antirracista imperante. Se preocupa por las futuras generaciones: "Tenemos hijos, no podemos dejarles la idea de que en la vida hay que ser una víctima. Imagínese a un niño de 4 años: 'Hola, me llamo Charlie, tengo 4 años, soy una persona racializada'", dijo en Le Figaro. Una entrevista en que no dudó en atacar a las celebrities de las minorías que denuncian con mucha alharaca el racismo de la sociedad francesa: "Camélia Jordana debería explicarnos cómo ha conseguido hacer una carrera tan exitosa si Francia está realmente tan plagada de racismo sistémico...¿no?". Lo mismo ocurre con la cantante Yseult [...] Si ganó un premio "Victoire", ¿entonces acaso fueron personas racistas las que se lo dieron? No estamos en Soweto, sino en Francia...".

Su libro llama a rechazar los repliegues identitarios mezclados con discursos de victimismo y defiende la necesidad de librar una lucha antirracista, laica y universalista, lejos de las batallas del nuevo antirracismo. "Los comunitaristas han comprendido que la noción de minorías es un trampolín. Para ellos, la única cuestión es cómo mantener una línea de demarcación en este mundo de mezclas que les permita alimentar sus pretensiones de ser víctimas", escribe en el libro. La jurista denuncia a los representantes comunitarios que hablan en nombre de las minorías. "En nuestro sistema democrático, nunca he votado a Rokhaya Diallo para que me represente", afirma Rachel Khan en su entrevista a Le Figaro.

Una batalla de palabras

Si eligió la palabra "racée" [de raza] para el título de su libro, es para burlarse del término "racisé" [racializado], repetido hasta la saciedad por los supuestos antirracistas, que, según ella, asignan a los individuos un estatuto de dominado y les da derecho a la victimización. En realidad, su libro trata sobre todo de palabras. En él, lanza una mirada crítica a las nociones y expresiones del vocabulario "políticamente correcto" y descolonizador.

En mi visión de la creolización, es la relación con el otro lo que hace su identidad

El término "souchien", [neologismo a partir de "souche", raíz, origen: originista?¿] significa un francés en boca de Houria Bouteldja (expresidenta del Partido de los Pueblos Indígenas de la República)", la "diversidad", un grupo al que "ellos" decidieron que ella pertenecía, "sin avisarme", escribe. Está claro que no le convence el procedimiento de etiquetar a las personas según su origen... También fustiga a expresiones como "vivre-ensemble" [el vivir juntos], "mixité" [mixidad] y "non-mixité" [no mixidad], que destruyen el lenguaje so capa de una "benevolencia inclusiva". Como explicó en el programa de Zemmour y Naulleau, ella prefiere defender las palabras "creolización" y "firma": "En mi visión de la creolización, es la relación con el otro lo que hace tu identidad, y la firma es lo estrictamente opuesto a la identidad y la asignación".

Atacada dentro de su propia asociación

Posiciones todas ellas valientes que no le facilitan la vida, y le granjean, como es lógico, su cuota de ataques. La entrevista concedida a Le Figaro ha despertado la ira de algunos administradores de la asociación dedicada al hip-hop "La Place", que ella dirige, con el apoyo del Ayuntamiento de París. Estos últimos, sin decirle realmente de qué la acusaban, se desmarcaron de sus declaraciones y explicaron en un comunicado de prensa que "los comentarios que actualmente hace la señorita Rachel Khan en los medios de comunicación en el marco de la promoción de su libro le son propios y no reflejan en absoluto las opiniones de los miembros del consejo de administración de La Place-Centre Culturel Hip-Hop de la Ville de Paris."

Pero podemos adivinar fácilmente sus motivaciones. "Hay un ambiente de culpabilización, de victimización y de oposición al Estado y a su modelo republicano en algunos grupos", se lamentó Rachel Khan en Le Point el 4 de febrero. Desde que empezó la polémica, la ex atleta recibe ataques racistas como ser tachada de "Bounty" [negro por fuera blanco por fuera] o de "la negra de la casa" en las redes sociales, en particular. "Tengo la impresión de que me atacan más los racistas que se autodenominan "racializados" que los demás", declaró a Le Figaro. Denuncia "el disfrute de humillar al otro en las redes sociales" y los 'insultos'."

Partidaria de la asimilación

Rachel Khan es una víctima más de la dictadura de lo políticamente correcto, que lleva al ostracismo a personalidades consideradas "problemáticas" por blasfemar contra la doxa progresista. Es la famosa "cultura de la cancelación", importada de Estados Unidos, a la que Rachel Khan se opone. El 27 de febrero, en la cadena LCI, denunció la situación en las universidades: "La verdadera preocupación en la universidad, que se esconde detrás del islamismo, es  la cultura de la cancelación. La novlengua, el feminismo interseccional, las personas racializadas que tienen más derecho a hablar que los profesores designados-como-hombres-blancos a la hora de dar cursos sobre la colonización. El problema es esta bienpensancia, el pensamiento único prepotente. "

Frente a Zemmour y Naulleau, en Paris Première, recordó también el contexto de "liberación de la palabra" y animó a "subrayar la dominación woke" en un mundo obsesionado por las relaciones de poder. Definitivamente, lejos de adherirse al movimiento "woke", que agrupa a activistas extremistas obsesionados con la protección de las minorías, Rachel Khan rechaza el modelo multicultural, en nombre de la identidad francesa, como explicó a Le Figaro: "Sería realmente perder nuestro patrimonio, nuestra elegancia, así como un poder singular en nuestra forma de resistir en aras de la igualdad y la justicia. "

La asimilación permite trascenderse a uno mismo

Rachel Khan defiende la asimilación, un proceso por el que pasaron sus padres y que le transmitieron a ella. "Mi padre llegó a Francia a finales de los años sesenta. No era su país de origen y, sin embargo, me transmitió ese amor por la herencia francesa. Nací en Touraine, en la región de Descartes, Rabelais y Balzac. Eso es lo que me dio algunas claves muy valiosas en la vida. Hoy me doy cuenta de lo importante que fue y de hasta qué punto esta transmisión de Francia por parte de mi padre fue un acto de amor", explicó, agradecida, a Le Figaro.

"La asimilación nos permite trascendernos a nosotros mismos. Incluso más allá de la cuestión de la integración, el término 'asimilar' significa adquirir. La asimilación cultural no pretende privar al otro de sus raíces, sino, por el contrario, permitirle adquirir un complemento con el que poder alimentarse", concluyó. La actual presidenta de la comisión de deportes y juventud de la Licra (Liga contra el racismo y el antisemitismo) no rechaza la expresión de Romain Gary, un autor que la inspira: "No tengo una gota de sangre francesa, pero Francia corre por mis venas". 

Y todo ello en contraste con una época que empuja a los hijos de los inmigrantes en brazos de los racialistas.


Fin



martes, 23 de marzo de 2021

Ejemplar decisión


(c) Bill Leak en Weekend Australian Magazine


[-"¡Ya te dije que esto [el Corán] necesita una secuela...!" - Me parece bien, pero no puedo regresar bajo forma humana para escribirla, ¿no? ¡Crucificarían a un hombre...!]



El editorial de Charlie Hebdo de Driss en torno a la sentencia sobre las caricaturas del Profeta, recordatorio.

Aquí en V.O.


Aquí una traducción exprés:

¿Se nos permite caricaturizar el vacío?

RISS

¿Deben mostrarse a los estudiantes las caricaturas más crudas de Charlie Hebdo, especialmente las que se burlan de la religión? En su último ensayo, François Héran, profesor del Collège de France, nos explica su concepción de la libertad de expresión (Lettre aux professeurs sur la liberté d'expression, publicada por La Découverte). Una más. Y es que, desde que Charlie Hebdo publicara las famosas caricaturas de Mahoma en 2006, y de nuevo en septiembre de 2020, con motivo del juicio por los atentados de enero de 2015, han surgido innumerables teorías de todo tipo sobre la libertad de expresión y el laicismo. Este es otro intento más de reorientar el debate hacia la responsabilidad del que se expresa y no del que le dispara. Para ello, el autor recuerda las diferencias, antes de enero de 2015, entre algunos dibujantes y los de Charlie Hebdo, en cuanto a la pertinencia de reproducir estos dibujos, esperando poder demostrar  así la fragilidad de su legitimidad. A continuación, se nos ofrece el tradicional repaso a los principales principios de la libertad de expresión definidos por la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789, así como su interpretación por parte de las mentes más brillantes.

Gracias. Todo eso ya lo sabíamos. Así como la decisión judicial que absolvió a Charlie Hebdo en 2006 en el juicio de las caricaturas de Mahoma, dictada por un tribunal que, según la interpretación de François Héran, "refutaba así la tesis de que se podía insultar a las creencias a voluntad sin insultar a los creyentes". Esta conclusión es un poco precipitada, ya que no refleja exactamente el razonamiento del tribunal. En lugar de hacer de exégetas, releamos algunas líneas de esta decisión ejemplar:

"Considerando que en Francia, sociedad laica y pluralista, el respeto a todas las creencias va unido a la libertad de criticar las religiones, sean cuales sean, y a la libertad de representar a los sujetos u objetos de veneración religiosa; que la blasfemia, que ofende a la deidad o a la religión, no está castigada, a diferencia de la injuria, siempre que constituya un ataque personal y directo dirigido contra una persona o un grupo de personas en virtud de su pertenencia religiosa... [...]

De estas consideraciones se desprende que la libertad de expresión puede verse restringida si se manifiesta de manera gratuitamente ofensiva hacia los demás, sin contribuir a ninguna forma de debate público capaz de promover el progreso en los asuntos humanos."

El tribunal afirma pues el derecho a criticar los dogmas religiosos, los textos religiosos, los rituales religiosos, pero no el derecho a burlarse de las personas que se adhieren a ellos. Un matiz sutil, que Charlie respetó cuando publicó la famosa caricatura del Profeta con una bomba en el turbante, manteniéndose en el marco del "debate público capaz de promover el progreso en los asuntos humanos". La demostración del tribunal con respecto a este dibujo es muy clara:

"Así pues, a pesar del carácter chocante, incluso hiriente, de esta caricatura para la sensibilidad de los musulmanes, el contexto y las circunstancias de su publicación en la revista Charlie Hebdo parecen excluir toda voluntad deliberada de ofender directa y gratuitamente a todos los musulmanes, [...] y que, por lo tanto, no se han sobrepasado los límites admisibles de la libertad de expresión, ya que el dibujo litigioso se inscribe en el debate público de interés general que se ha suscitado en relación con los excesos de los musulmanes que cometen actos delictivos y que reivindican el ser de esa religión y pretenden que ésta pueda regir la esfera política."

Esto es lo que los profesores de Francia deberían explicar a sus alumnos. Es claro, equilibrado y justo. Lejos de las interpretaciones muy personales de François Héran, que parece querer repetir la partida y oscurecer así lo que ha quedado claramente demostrado de una vez por todas. Pero más allá de la cuestión de las caricaturas y de la libertad de expresión, François Héran parece querer ocultar -y no es el único- un derecho crucial que esta decisión judicial ha reafirmado. Un derecho tan obvio que acabamos olvidando que existe: el derecho a cuestionar a Dios. ¿No es éste el derecho que los profesores deberían explicar primero a sus alumnos?

Porque son pocos en el mundo intelectual los que se atreven a cuestionar la validez de esa extraña cosa llamada "Dios". No es sólo el rechazo a vivir en una teocracia lo que motiva al caricaturista satírico cuando dibuja sobre la religión; es sobre todo su necesidad de cuestionar la idea misma de Dios. La vitalidad de las religiones en todo el mundo no muestra nada concluyente, salvo el deseo de los fieles de creer en Él. Y eso es todo. Incluso en las religiones menos proselitistas, Dios seguirá siendo siempre una hipótesis cuya demostración nunca será muy convincente. Y si los muchos creyentes de la tierra no sienten este vacío tanto como nosotros, nunca hemos pedido que se les impida practicar en los lugares de culto dedicados a ese fin o en su vida privada, donde nadie irá a molestarlos.

Hacemos dibujos satíricos sobre las religiones porque no creemos en Dios. NO CREEMOS EN DIOS. ¿Cómo se lo podemos decir mejor? No es por falta de escuchar a sacerdotes, imanes, rabinos y teólogos. Ninguno de ellos ha conseguido convencernos de sus tesis. Los textos más antiguos y los innumerables sermones que se dan por el mundo no sólo tienen el defecto de parecer mandamientos, sino sobre todo  tienen  la debilidad de ser inconsistentes. Por eso caricaturizamos a Mahoma, Jesús o Buda. Dibujamos el vacío que nos inspiran.

Dibujamos sobre las religiones, en lo que afirman, en lo que dicen sus profetas, porque queremos expresar nuestra profunda y sincera convicción de que lo espiritual no se basa en nada. Esta convicción de que Dios está ausente debe ser respetada tanto como las demás, y debe poder expresarse libremente, a riesgo de escandalizar a quienes no la comparten. Esto es lo que el tribunal dijo muy claramente en su sentencia (2007) sobre las caricaturas.

La violencia de los islamistas, y de otros místicos, es un intento radical y postrero -cuando todos los demás han fracasado- de convencernos mediante el terror de que Dios existe. Porque si los creyentes exaltados llegan a matar, no es por desesperación, como creen François Héran y otros teóricos de la violencia religiosa: es porque debe haber "algo" por encima de nosotros que impulsa a cometer estos crímenes. Si mato en nombre de Dios, es una prueba de que Dios existe, pues sin él nunca habría cometido tal acto. Cuanta más vidas quito en su nombre, más vivo se vuelve Dios. Es una paradoja vertiginosa que debería indignar a los pensadores de nuestro tiempo, pero en cambio estos pierden el tiempo buscando los tres pies al gato a un puñado de dibujantes. Preferiríamos nosotros que los profesores del Collège de France y de otros lugares estudien un poco más los fenómenos irracionales generados por Dios, que son la causa de muchos más disgustos para la comunidad que unas cuantas caricaturas.

"¿Puede pedirse un poco de espacio para la libertad de creencia sin caer en la teocracia? " El titular de Le Point  para anunciar una entrevista con François Héran, que considera necesario "recordar que la libertad de expresión no puede engullir a la libertad de creencia". Esto es francamente risible cuando se sabe que hay 5.800 millones de creyentes en el mundo. ¿Qué espacio de libertad les falta a estos 5.800 millones de creyentes para que ya no se sientan "ofendidos"? Cuando haya 5.800 millones de dibujantes satíricos en el mundo que caricaturicen a Jesús o a Mahoma, volveremos a hablar de ello.

Lo que los profesores de secundaria deberían enseñar a sus alumnos, a menudo confundidos por los debates que les sobrepasan, no son las teorías erróneas de François Héran, sino simplemente cómo ser libres. Libres de creer, pero también libres de no creer. Libres de pensar que Dios puede no existir. Libres de pensar que la religión por sí sola puede no construir toda una vida. Apostar por la existencia de Dios, como hizo Pascal en su momento, se ha convertido hoy en un juego demasiado peligroso. Apostar toda nuestra sociedad a Dios es un juego que ya no tiene la menor gracia. 

RISS

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Amén.

sábado, 20 de marzo de 2021

HBH



Un manual en dos pasos.


Aquí en V.O

Manual de expiación de la culpa para hombres blancos heterosexuales (HBH)


Siguiendo las corrientes progresistas más recientes, este manual pretende liberar a los HBH de la culpa, los traumas y las neurosis, y ayudarles a encontrar la felicidad plena.

por João Cerqueira

Primer paso

¡Asume tu culpa! Asume que perteneces a una mayoría que desde el Cromañón ha tiranizado a las mujeres, a las personas LGBT, a los defensores del clima y de los animales, y a otras "razas", incluso ha exterminado a los pobres Neandertales. Puedes intentar argumentar que naciste en el siglo XX, que nunca esclavizaste a nadie, que siempre trataste bien a las mujeres, a las personas LGBT y a los animales, que plantaste un árbol, que no comes carne y amas el tofu y reciclas tu basura, que incluso corriste una maratón por una causa benéfica. Y yo te contesto que Hitler era vegetariano, Stalin estudió para ser sacerdote y Martha Goebels era hija de un judío... y luego se vio lo que se vio. Ojo, los HBH, y algunas mujeres blancas, son maestros del disfraz. Por otro lado, si los propios HBH sostienen que es absurdo borrar la historia reivindicando con orgullo la epopeya de los Descubrimientos, entonces, para ser coherentes, deben asumir también la herencia de la violencia contra los pueblos colonizados.

Así que no te hagas el listo: date por culpable y pide perdón. Y si quieres inspirarte en uno de los raros episodios dignos de la historia, haz como Egas Moniz: ponte una soga al cuello.


Segundo paso

¡Avergüénzate de que te gusten las mujeres! Bueno, de que sólo le gusten las mujeres. Si estás convencido de que sólo te atrae el sexo femenino, siento decirte que te han engañado (tus padres). Como ha demostrado la ciencia, la identidad sexual es una construcción social y familiar. En otras palabras, los niños son educados para que les gusten las niñas y viceversa. Afortunadamente, algunos hombres y mujeres, heroicamente, se resisten a esa imposición. Así que, querido, ha llegado el momento de descubrir tu verdadera identidad sexual, que personas bienintencionadas pero ignorantes te han robado. No estoy diciendo que debas convertirte en gay. Más bien, debes abrir tu mente (y tu cuerpo) a nuevas experiencias. Además de tener sexo con mujeres, deberías, al menos una vez, intentar acostarte con alguien de tu mismo sexo. No cuesta nada, o sólo la primera vez, y la segunda, según dicen. Y si la idea no te seduce, o incluso te hace vomitar, piensa en la belleza de las estatuas de la Antigua Grecia, el David de Miguel Ángel o incluso el Desterrado de Soares dos Reis. ¿Quién podría resistirse a esos cuerpos?

Pero, si realmente quieres liberarte de esa educación patriarcal, homofóbica y racista, entonces da el paso definitivo hacia tu liberación sexual. Adora a los animales. Pero ve más allá que San Antonio, el patrón de los animales, y no te limite a dar sermones a los peces. Con su consentimiento, extiende tu afecto al reino animal teniendo sexo con tu Pitbull, tu gato siamés o, para los que les gusta la adrenalina y están asegurados contra todo riesgo,  con uno de esos burros de Trás-os-Montes que están en riesgo de extinción. Desata la bestia que hay en ti. Ruge, cocea, escarba. Y, para crear un ambiente romántico, enciende unas velas y pon Walk on the Wild Side de Lou Reed.

Último paso, sólo para los que han logrado los dos primeros.

Estimado, ¡felicidades! ¡Lo has conseguido! En este momento ya no eres un miserable HBH, un pobre diablo al que sólo le gustaban las mujeres, un analfabeto sexual. Ahora eres un ser humano pleno, feliz y holístico que ha purgado las toxinas culturales que te hicieron tanto daño. El mundo es ahora un lugar mejor y renace la esperanza en el futuro. Así que sal y difunde las buenas noticias. Hay que convertir, liberar y rescatar del sufrimiento a las almas blancas perdidas que no han encontrado su camino de Damasco.

Por mi parte, te envidio, pero desgraciadamente no puedo ayudarte. Porque, por mucho que lo intente, no puedo dar ni el primer paso, y mucho menos el resto.

 João Cerqueira

viernes, 5 de marzo de 2021

Sin apoyo de Macron



                                                                                                         Didier Lemaire


Didier Lemaire en la tele BFM TV afirma sentirse una diana humana. Macron no ha expresado aún su apoyo al profesor de filosofía que ha alertado de la islamización de su instituto y de su ciudad.


Aquí en V.O. en Femme Actuelle


Aquí una tradu exprés.


"Este viernes 5 de marzo de 2021, Didier Lemaire, profesor de filosofía, ha sido el invitado de Bruce Toussaint para reaccionar a la polémica surgida tras sus declaraciones sobre la ciudad de Trappes, de la que dijo que estaba gangrenada por el islamismo radical.

"Soy un alertador", ha declarado Didier Lemaire a Bruce Toussaint en BFM TV este viernes 5 de marzo de 2021. Hace cuatro meses, en respuesta al asesinato de Samuel Paty, el profesor de filosofía publicó un artículo de opinión titulado "Carta abierta de un profe de Trappes": ¿Cómo superar la falta de estrategia estatal para derrotar al islamismo?, en las columnas de L'Obs, en la que hacía un balance pesimista de la ciudad de Trappes. Según él, el espacio público estaría ahora en manos de los islamistas y se habría ahuyentado de él a las peluquerías mixtas, las canciones nacionales en clase e incluso a las comunidades judías. Un testimonio a raíz del cual Didier Lemaire fue puesto bajo protección policial. Invitado en Le Live Toussaint, Didier Lemaire, desmentido formalmente por Ali Rabeh, alcalde de Trappes, negó ser un "fabulador".

"Mi vida se está poniendo difícil"

Desde la publicación de su columna el 1 de noviembre de 2020, Didier Lemaire ya no puede ir a su lugar de trabajo, el instituto de Plaine-de-Neauphle, ni salir de él sin una escolta policial que le lleve de vuelta a su casa, en Yvelines. Una amenaza que ha llevado al profesor a retirarse temporalmente de la docencia. Sin embargo, como explica en el plató de BFM TV, el profesor de filosofía no se siente tranquilo: "No veo cómo se puede garantizar mi seguridad en esta escuela. Ahora tengo una diana en la espalda, que me han clavado no sólo los islamistas, sino también los cargos electos. Mi vida se está poniendo difícil", se lamenta Didier Lemaire.

Acusado de tergiversar la realidad por Ali Rabeh, el alcalde de Trappes, el invitado de Bruce Toussaint ha querido defenderse públicamente: "He dicho la verdad. Puede que haya alguna inexactitud, pero no he añadido más leña al fuego. Incluso se podría ir más allá en la descripción de la ciudad. (...) Observo transformaciones en mis clases, mis alumnos no viven en el mismo mundo que el mío", dice. Preguntado por las diversas cartas de apoyo recibidas en su buzón, Didier Lemaire lamentó no haber recibido ninguna de Emmanuel Macron: "Francia vive en la negación. La República ya no protege a nuestros hijos", concluye."

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Aquí el editorial del Canard Enchainé en V.O. sobre el asunto.


En tradu exprés:

El separatismo es un tema que enfada

Tanto es así que la propia palabra, que ya había sido elegida para no enfadar a la gente hablando de comunitarismo, o arriesgarse a ser acusado de estigmatizar al islam diciendo "islamismo", ya no aparece en el título del anteproyecto de ley que lo concierne. Este texto, que la Asamblea acaba de examinar en primera lectura y que fue sometido a una votación solemne el martes (16 de febrero de 2021) ya no está en contra de los "separatismos", sino sólo de "reforzar los principios republicanos".

No obstante, debería haber enfadado. Pero apenas nadie se enfadó. Sin duda, y es una suerte, porque ninguna noticia terrorista vino a calentar el debate. Quizás también en parte porque los temas divisivos, como el uso del velo, que no se incluyen en el texto, se eliminaron rápidamente. Pero fue efectivamente la lucha contra el islamismo radical lo que constituyó el grueso del debate, aunque el texto debía dirigirse a todos los cultos que pudieran amenazar los "principios republicanos", y los diputados no se pelearon realmente sobre un tema tan explosivo. No fue en el hemiciclo donde estalló la histerización del debate y la polémica, sino en Trappes.

En esta ciudad de la región de Yvelines, que ha dado célebres cómicos (Jamel Debbouze y Omar Sy, entre otros), famosos futbolistas (Nicolas Anelka), pero también, entre 2014 y 2016, a otros 67 habitantes anónimos que se marcharon a la yihad,  Didier Lemaire, profesor de filosofía de un instituto de la ciudad, donde da clases desde hace 20 años, es quien ha cristalizado el debate. A raíz de una columna publicada en L'Obs en noviembre, dos semanas después de la decapitación de Samuel Paty delante de un instituto del mismo departamento, en la que se deploraba la islamización de Trappes y "la progresión de un dominio comunitario cada vez más fuerte sobre las conciencias y los cuerpos" en Trappes, dio lugar, a lo largo de la semana pasada, a un revuelo político-mediático cuyas proporciones lo superaron rápidamente.

El debate sobre el islamismo se insertó rápidamente en una polémica con el alcalde de Trappes, Ali Rabeh, cercano a Benoît Hamon, del que fue asistente parlamentario. Todo ello con un telón de fondo de amenazas en las redes sociales, lo que les valió a los dos protagonistas, primero el profesor y luego el alcalde, protección policial. Con el telón de fondo de la campaña electoral. En Trappes, el tribunal administrativo anuló las elecciones municipales a principios de febrero, tras el recurso  de Othman Nasrou (competidor por la alcaldía que quedó a 162 votos de su rival), próximo a Valérie Pécresse [presidenta del Consejo Regional de Île-de-France]. El actual alcalde también se enfrenta a un año de inhabilitación como cargo electo por un problema con las cuentas de su campaña, sentencia que ha recurrido. De ahí una lucha sin cuartel y, por  un lado, la instrumentalización por parte del clan Pécresse de la tribuna y de su autor y, por otro, el apoyo al alcalde por parte de la izquierda, incluido el ecologista Yannick Jadot, mientras el RN se sumaba y Blanquer, el ministro de Educación, se mofaba del alcalde por haber repartido folletos delante y dentro del colegio...

En esta fase el separatismo consiste casi en separar a los beligerantes...

Sin embargo, si estas polémicas electorales locales y su cadena de acontecimientos se han convertido rápidamente en un asunto nacional, es obviamente porque el separatismo sigue siendo un tema molesto que va más allá de las divisiones políticas tradicionales. No sólo en Trappes o en otras ciudades de Yvelines más afectadas, sino también en otros lugares del país.

Un tema que, desde las municipales hasta las regionales y, por supuesto, pasando por las presidenciales, incluso con una Marine Le Pen "ligeramente blandengue", va a enfadar mucho de ahora en adelante. 

¡Un tema que una ley, aunque se apruebe, puede tener dificultades en atrapar!"

Editorial de Erik Emptaz - Le Canard Enchaîné - 17/02/2021


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Y aquí la opinión de Bernard-Henri Lévy, en El Español.


jueves, 4 de marzo de 2021

Cuecen fabes

En todas partes cuecen fabes o faves nacionalistas...


                    Distancia social [Sturgeon y Salmond]


Aquí la tribuna de Allister Heath en V.O. (24/02/21) en favor de la unidad del Reino Unido.


Y aquí una traducción exprés. 


El inútil y autoritario SNP está convirtiendo a Escocia en un Estado fallido

Ni siquiera la última farsa vergonzosa en Edimburgo puede detener la marcha de los nacionalistas escoceses


¿Se ha acabado todo? ¿Es la independencia de Escocia ahora simplemente cuestión de tiempo, son las pasiones demasiado intensas, los odios demasiado profundos, la mala sangre inexpugnable? ¿Será el mayor legado de Boris Johnson la disolución de la unión política más exitosa de la historia moderna, en lugar del triunfo del Brexit y la recuperación de la Covid?

Espero que no. A pesar de las indefendibles subvenciones, de la propaganda antiinglesa, del atrincherado bloque de votos de izquierda en Westminster, sigo siendo -solo- unionista, por razones personales, emocionales, filosóficas y estratégicas. Amo al Reino Unido, una construcción hermosa y viva, que en muchos sentidos es un faro para el mundo desde 1707.

Temo las consecuencias para Escocia de la absorción a una UE en declive, y para Inglaterra de una frontera terrestre, monetaria y reglamentaria tensa y problemática con Europa. El fin de las Fuerzas Armadas británicas sería la mayor tragedia de nuestro tiempo, un acto de vandalismo imperdonable. Lloraría  yo el impacto de la secesión escocesa en Gales e Irlanda del Norte, en la monarquía y en aquellos ciudadanos, a menudo de origen inmigrante, que se sienten más cómodos describiéndose como británicos que como ingleses.

La Ilustración fue conceptualizada por brillantes escoceses como Adam Smith, David Hume y Adam Ferguson, pero en las últimas décadas muchas de sus ideas volvieron a inspirar a Inglaterra, especialmente durante los años de Thatcher. Aunque Escocia sea hoy socialista, sus filósofos del siglo XVIII estaban describiendo en muchos aspectos la evolución de la economía política británica, incluida la aparición de la Revolución Industrial, como da a entender Alan McFarlane en su Origins of English Individualism.

Pero el espectáculo horroroso de las últimas semanas en Holyrood [Parlamento escocés] me llena de malos presentimientos. Independientemente de lo atrozmente que se comporte el SNP, o de lo inútil que sea gobernando, sigue siendo, con diferencia, el partido más popular de Escocia, en trance de ganar las elecciones regionales en mayo, y, encuesta tras encuesta, registrando mayorías a favor de la independencia.

Permítame recordarle, querido lector, la demencial saga que envuelve a Edimburgo, y que pone de manifiesto no sólo un establishment nacionalista en guerra abierta, sino también un parlamento que ha perdido el control, un acuerdo constitucional en crisis y una república bananera en ciernes.

En una serie de acusaciones explosivas que siguieron a una investigación chapucera del gobierno escocés sobre las acusaciones de abusos sexuales contra él, Alex Salmond, el exministro principal, alegó que hubo "un esfuerzo deliberado, prolongado, malicioso y concertado de una serie de individuos dentro del gobierno escocés y del SNP para dañar mi reputación, incluso hasta el punto de hacerme encarcelar".

Imagínese que esta última acusación se hubiera hecho en Inglaterra, con un exprimer ministro acusando al gobierno entrante en términos tan peregrinos: la noticia habría dado la vuelta al mundo, independientemente de que las afirmaciones resultasen ser ciertas o no. Entre las personas que Salmond nombró en sus declaraciones en la investigación del Parlamento escocés se encontraban el marido de Nicola Sturgeon y su jefe de gabinete. También afirmó que Sturgeon había engañado al Parlamento y violado el código ministerial. Ella y los otros niegan tales alegaciones.

Pero la cosa es aun peor: el SNP impidió repetidamente que Salmond publicara sus afirmaciones, impidiendo así que fueran valoradas libremente. The Spectator emprendió acciones legales para forzar la publicación, y un juez se puso de parte de la revista. Tras una serie de absurdos tejemanejes, la alegación se publicó, pero el Parlamento escocés volvió a dar un giro de 180 grados al caso y optó por reformular las afirmaciones de Salmond* después de que la Fiscalía escocesa mencionara "graves preocupaciones" por el hecho de que parte del material pudiera constituir una falta de desacato al tribunal.

Este episodio fue tan extraño como siniestro: ¿desde cuándo los fiscales hacen este tipo de advertencias informales? En Inglaterra, el equivalente habría sido que la Fiscalía de la Corona intentara bloquear la publicación de un documento, y los Comunes, sorprendentemente, estuvieran de acuerdo con ello. ¿Desde cuándo la Fiscalía derrota al Parlamento en Gran Bretaña? ¿Dónde está la división de poderes? ¿Dónde está la rendición de cuentas? ¿Dónde los abogados especializados en derechos humanos?

Esto es una farsa vergonzosa, y debería preocupar a todos los ciudadanos británicos: aquí está una parte integral del Reino Unido, cuna del Estado de Derecho y de la democracia, sumida en un dudoso embrollo jurídico-político del tipo que en general solo se ve en los estados fallidos y en los regímenes autoritarios.

Sin embargo, nada de esto parece contar. Sí, puede que las estimaciones del apoyo al SNP acaben cayendo un poco, pero nadie cree que su posición esté realmente en peligro. La Escocia de hoy es un clásico "burgo podrido": no importa lo abominable que sea el comportamiento del SNP: siempre gana. El partido no puede perder ni siquiera cuando, como ahora, se esfuerza con denuedo en hacerlo. Trágicamente, Escocia se ha convertido en un lugar con gente de un solo partido.

La razón es cultural: el SNP simboliza el nacionalismo, y eso importa más que las divisiones de izquierda o derecha, las competencias o la honestidad. Aunque Escocia no lo ha hecho tan bien como afirman sus partidarios, el mero hecho de que el SNP estuviera a cargo de su propia política frente al Covid ha impulsado la causa independentista.

El defectuoso acuerdo de transferencia de competencias a Escocia de Tony Blair fue el pecado original. El Parlamento escocés se encargaría de gastar dinero, pero no de recaudarlo. Inglaterra seguiría financiando a Escocia. El resultado fue un poder sin responsabilidad, asistencialismo y, finalmente, la desaparición del antiguo establishment laborista escocés y su sustitución por un SNP radicalizado y demagógico sin interés por los hechos, la razón o la verdad.

Los conservadores de Westminster no pueden limitarse a mirar hacia otro lado, aterrorizados de que cualquier intervención de Londres no haga sino echar más leña al fuego nacionalista o ayude a los laboristas. Se trata del interés nacional: Escocia necesita mejores opciones políticas, incluso si esto significa más diputados laboristas (además de tories); y la Unión necesita ser salvada. Los unionistas, tanto laboristas como tories, deben dejar de lado su absurdo tribalismo y cooperar entre sí; lo mismo ocurre con los partidarios del Brexit y de la permanencia. Hay que crear un partido tory escocés totalmente independiente.

Los conservadores deben encontrar por fin a la gente y el discurso para poder luchar contra los secesionistas. Todos debemos esperar que esto funcione, ya que la propia integridad de la democracia británica está ahora mismo en juego.

Allister Heath"



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Alex Salmond fue absuelto de todos los delitos de carácter sexual en marzo de 2020.


sábado, 27 de febrero de 2021

Unos años antes


          Hélène Devynck y Emmanuel.-

                                                                                                                


El 21 de febrero de 2013 Hélène Devynck dio esta entrevista sobre ella en relación con la escritura de su entonces marido Emmanuel Carrère.

Aquí en V.O.


Aquí debajo una tradu exprés. 


"Si se lo diera a leer a alguien antes que a mí, sería terrible"


Hélène Devynck es la esposa de Emmanuel Carrère y lee las obras de su marido antes de que nadie lo haga.

Por Raphaëlle Rérolle


Un "inmenso regalo": así recibe Hélène Devynck los manuscritos de Emmanuel Carrère, su marido, cuando se los entrega. Antes que a nadie. Este papel de primera lectora es muy importante para ella. "Si se lo diera a leer a alguien antes que a mí, sería terrible. Como si me engañara", dice esta periodista que trabajó durante mucho tiempo en LCI, luego en i-Télé, y que ahora dirige una empresa de consultoría.


TIEMPO PARA SU FAMILIA

El momento es "muy ritualizado y muy emotivo", nos cuenta. Llega después de un período más o menos largo de escritura, durante el cual Emmanuel Carrère trabaja en su rincón, sin que ella sepa exactamente sobre qué. Conoce, eso sí, el tema y considera que algunas de sus conversaciones están "orientadas" según el libro en curso, pero aparte de esto, no mucho más. Ella no se siente absolutamente excluida durante estos períodos: "Las horas en las que se encierra a trabajar son como un diferido para mí. Sé que al final veré el resultado. Y entonces tendré la cronología de todos los días que pasó en su despacho". Por cierto, le atribuye el mérito de sacar tiempo para la familia, pase lo que pase, y por muy "productivo, o muy seco y ansioso" que esté. Según ella, es "de una gran delicadeza al respecto".


"ES IMPORTANTE LA ADMIRACIÓN"

Cuando llega el momento, él la advierte de que le va a enviar un mensaje. No el mismo día, sino uno o dos días después. El manuscrito aún no está completamente terminado, por lo que podrá hacer sugerencias. Sin embargo, ella enseguida empieza a "ponerse nerviosa": "Tengo mucho miedo de que no me guste, lo cual sería terrible. Algo que, afortunadamente, ¡nunca ha ocurrido! Es como si él diera una voltereta: no me gustaría que se cayera de espaldas. Como es el hombre al que amo, quiero que me guste lo que me manda. Es importante la admiración. Si él lo hiciera mal, yo podría decirme que me he equivocado".

Durante el tiempo de la lectura, la tensión es grande. "¡Ni nos atrevemos a mirarnos!", dice riendo. Luego vienen los comentarios. "Cree que tengo buen oído. Sé cuando el texto suena justo. Para Una novela rusa, le sugerí que modificara el último capítulo, que originalmente era mucho más negro y desesperado que en la versión final. Le dije que ya no correspondía a su estado de ánimo actual. Que debía decirle a su madre que la quería". Y él le hizo caso.


"TAMBIÉN ES SU VIDA"

Sin embargo, su posición como cónyuge sería muy diferente si viviera con un escritor de ficción. Y es que Emmanuel Carrère evoca esencialmente personajes y situaciones que han existido. En De vidas ajenas habla de la hermana de Hélène Devynck, que murió joven de cáncer. "Una semana después del entierro, me dijo: 'Me ocupé de mi familia en Una novela rusa, ahora voy a ocuparme de la tuya'. Si le hubiera dicho que no, no lo habría hecho. Pero también es su vida, no sólo la mía".

De todos modos, ella "confía" en él. Pero, en retrospectiva, sigue teniendo un temor: "Tengo mucho miedo de que las palabras de Emmanuel invadan mis recuerdos y los distorsionen. Mis propias imágenes son inevitablemente diferentes. Pero un texto, por muy rico y bello que sea, siempre es más pobre que la vida real". 

¿Qué ha pasado, en definitiva? ¿El texto se impone a los recuerdos? 

"Me pregunto si no tiene ese efecto, sí".


Raphaëlle Rérolle


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"El amor es el infinito al alcance de un caniche" E.M. Cioran



viernes, 26 de febrero de 2021

"No quiero ser escrita"

 

                     Hélène Devynck y Emmanuel.-


Entrevista con Hélène Devynck,  exesposa de Emmanuel Carrère y el porqué del contrato para no "ser escrita" por su exmarido.


Aquí en V.O.


Aquí una tradu exprés.


Polémica en torno a Yoga de Emmanuel Carrère: "No quiero ser escrita en contra de mi voluntad", afirma Hélène Devynck.

La periodista detalla sus razones para negarse a aparecer en el último libro de su exmarido.


Entrevista realizada por Béatrice Gurrey


La periodista y escritora Hélène Devynck retoma la disputa entre ella y su exmarido, el escritor Emmanuel Carrère, por el último libro de éste, Yoga (P.O.L., 380 páginas, 22 euros), escrito en el momento de su separación y en el que ella no quiso aparecer.


-Cuando su divorcio en marzo pasado con el escritor Emmanuel Carrère, usted deseó que se estableciera un contrato jurídico para que no apareciera sin su consentimiento en sus novelas de "autoficción". ¿Por qué quería esto?


Para protegerme. Soy un "personaje" experimentado, educado por años de práctica. Mientras tuve una relación con Emmanuel Carrère, es decir, durante quince años, trabajé en todos sus libros, sus guiones, sus artículos. Mi marido encontró "un oído absoluto" en mí para la exactitud del texto y para la imagen que daba de sí mismo. En el caso de Una novela rusa, por ejemplo, una de las versiones terminaba en suicidio. Le sugerí que cambiara este final tan oscuro por una carta de amor a su madre. De vidas ajenas cuenta la historia de la muerte de mi hermana menor y cómo mi familia atravesó esta tragedia. Confié en su talento. Él necesitaba mi juicio. A mí me parecía bien ser su personaje, que estaba animado a cuatro manos. Puesto que ya había aceptado que mi vida y mi persona fueran utilizadas en su obra, no podría legalmente haberme negado a sus libros futuros, me gustaran o no, sin este contrato de ahora.


-¿Por qué, en concreto, se negó a aparecer en su último libro, Yoga?


Nadie quiere que se le describa después de un divorcio, sin poder responder. En los últimos años, como él mismo revela en el libro, su trastorno bipolar empeoró. Escribió (y me las hizo leer) varios cientos de páginas de una violencia demencial: una literatura concebida como un arma de destrucción dirigida contra mí. Nos separamos. Me jura entonces que nunca publicará esos textos, pero sé que sus promesas sólo valen lo que vale su humor del momento. Yo quería protección legal. Incluso mientras negociaba este contrato, él seguía escribiendo y dando su versión de nuestra separación... En el periódico Libération, él cuenta que me hizo leer su manuscrito dos veces. La primera versión me asombró por su falsedad, a pesar de que afirma muchas veces en sus obras que la literatura es el lugar donde no se miente. Inmediatamente dije que yo no quería estar en esta nueva novela. No importaba cuántas veces le decía que no, que no, que no... pero él me consideraba su propiedad literaria. Podría haberme borrado por completo, como le pedí, no habría habido ningún problema. Probó con una segunda versión, peor que la primera. Finalmente, citó tres páginas de De vidas ajenas donde aparezco, con el pretexto de que estas páginas ya habían sido publicadas y que yo no podía ya legalmente rechazarlas. Por otro lado, no quiero que me obliguen a aparecer en una historia en la que no reconozco nada. No quiero ser escrita en contra de mi voluntad. Tengo derecho a la separación.


-¿Por qué reveló usted misma la existencia de este contrato?


Precisamente porque Emmanuel y su editor, durante toda la promoción del libro, hicieron como si no existiese. Como si este contrato fuera vergonzoso. Podrían haber hablado de él, no habría visto nada malo en ello. Asumo plenamente que yo quería protegerme. Vanity Fair había citado mi nombre, haciéndose eco de información falsa. Así que escribí un derecho de réplica. Era la única manera de que se respetara este contrato en el futuro: hacerlo público y explicar por qué yo no quería aparecer en el libro. Pero ¡qué no hube hecho! Un crimen de lesa majestad... Sin embargo, yo sólo había escrito 6000 espacios, mientras que el escritor y su editor tenían tribuna abierta en todos los medios de comunicación.


-¿Le ha sorprendido la acogida que ha tenido este texto?

Se ha dicho que yo lamentaba no haber sido citada lo suficiente en el libro -aunque explico exactamente lo contrario-, que no estaba lo bastante presente como para pretender ahora expresarme públicamente, que me sentía ofendida por ser una esposa engañada, que hablaba en un periódico sensacionalista, que actuaba por resentimiento... En definitiva, la banalidad del sexismo socialmente aceptado que la emprende conmigo por no haber permanecido oculta y callada. Se ha intentado infantilizarme. En algunos artículos, cuando no soy "la ex", soy "Hélène", mientras que él es "Carrère": ¡sólo tengo derecho a un nombre de pila, pero yo no conozco a esas personas! Emmanuel se presenta como una víctima a la que se impide expresar su gratitud hacia mí. Se trata de un mecanismo clásico que he aprendido a reconocer: negación de la culpa e inversión de la misma... He leído a Siri Hustvedt [novelista, ensayista, esposa del escritor Paul Auster], Chimamanda Ngozi Adichie o Toni Morrison. Sabía las formas en que mi palabra sería descalificada. Era como si el personaje no tuviera voz, no existiera humanamente. El escritor no es juzgado con el mismo rasero que su personaje por la sociedad francesa. Por eso he dudado mucho antes de concederle a usted esta entrevista. Un escritor famoso y, además, enfermo, es sagrado, intocable. Sin embargo, el aura del autor debería obligarle a ser más exigente.

-¿Ser un personaje, por tanto, sería someterse a una forma de dominación en nombre del arte?


Puede ser un placer ofrecerse, ¡siempre que se consienta! Pero el problema de todos los personajes descontentos con serlo es la colonización psíquica. Estar atrapado en un objeto limitado y reducido dibujado por otro te invade y puede dañar tu propia identidad. Por mucho que digamos que el personaje y la persona no se fusionan, la palabra escrita fija, hiere y aprisiona. La literatura puede ser violenta, abusiva, reductora, perversa. Afortunadamente, existen, en algunos casos, formidables magistrados para restablecer el derecho de los personajes a existir [como personas]. Sin el contrato, estaba derrotada, negada, cosificada, vampirizada para siempre, y yo lo sabía. El derecho a no querer seguir siendo escrita por el autor cuando el amor y la confianza ya no existen, eso es lo que he conquistado.


-¿Es "escribir al otro" la única forma de dominación?

Hay otra forma de dominación que proviene de una larga tradición literaria de mujeres escritoras. Hacen, como yo, un trabajo que a menudo es inseparable del trabajo del artista, editor, asesor literario, asistente... Mientras yo era invisible y gratuita, todo iba bien...


Béatrice Gurrey


jueves, 25 de febrero de 2021

La gestión de la diferencia






¿Es el racismo unidireccional, esto es: de los blancos hacia el resto? João Cerqueira nos lo ilustra.


Aquí en V.O. portuguesa


Y debajo una tradu exprés.

Sólo lo blancos son racistas, de Joana Cabral a Niall Ferguson


por João Cerqueira


En el año 2000 participé en el acto más importante en las relaciones entre Portugal y Brasil desde el Grito do Ipiranga [así se conoce a la declaración de independencia de Brasil proclamada por el entonces príncipe portugués Pedro I de Brasil el 7 de septiembre de 1822]. Junto con un amigo, se me encomendó una delicada misión: entregar un bizcocho de la pastelería de Manuel Natário -el gran maestro pastelero de las bolas berlinesas- al escritor Jorge Amado en su casa de Rio Vermelho, en Salvador de Bahía. Eran grandes amigos, y la gula su pasión común. Y así fui de mi Viana do Castelo hasta Salvador de Bahía con un bizcocho bajo el brazo. Hoy, el dulce sería inspeccionado por la seguridad del aeropuerto y tal vez llegaría sólo una rebanada.

A pesar de estar bastante debilitado Jorge Amado, él y su esposa Doña Zélia nos recibieron con gran simpatía y humor: "Han llegado los emisarios de Manuel Natário", anunció Doña Zélia al abrir la puerta. En aquel inolvidable encuentro, Jorge Amado me regaló, dedicados, los tres volúmenes de Las entrañas de la libertad y El caballero de la esperanza. Era mi primera visita a Brasil y tuve la impresión -influido también por los libros del escritor, unas cuantas caipirinhas y algunas morenas- de que en Salvador había una rara armonía racial.

Recuerdo el encuentro a raíz de las declaraciones en televisión de la líder de SOS RACISMO, Joana Cabral, afirmando que no hay racismo por parte de los negros contra los blancos, y por tanto tampoco contra las demás "razas". Pensé en el tribalismo africano y en la masacre de hutsis por parte de tutsis en Ruanda -"matar cucarachas" era el lema-, o en la situación de apartheid de los intocables en la India y en la violencia actual contra los blancos en Sudáfrica. Y también pensé en la segunda vez que estuve en Salvador, cuando tuve una experiencia racial que contradijo mi primera impresión del viaje con el bizcocho.

Una tarde, fui, solo, desde la playa de Stella Maris -cerca de la Itapuã de la canción de Vinicius de Moraes- hasta el centro de Salvador en autobús. Entonces, en un momento dado, un grupo de chicos y chicas negros se subieron al vehículo y, mientras daban patadas a las puertas empezaron a gritar insultos contra los blancos: "¡El blanco no es una raza, los blancos deberían pagar impuestos...!", etc. Siendo yo el único caucásico allí, y como estaban casi encima de mí y me miraban fijamente, pensé en ese momento que era realmente a mí a quien iban dirigidos aquellos insultos racistas.

Sin embargo, después de escuchar a Joana Cabral finalmente me di cuenta de que era yo el que había sido racista. Mis prejuicios raciales y mi herencia histórica colonialista me impedían entender lo que había ocurrido. Probablemente, ese grupo de chicos y chicas negros sólo estaba manifestando -calurosamente, como corresponde al pueblo brasileño- su indignación contra el mal gobierno de algún político blanco, o casi blanco, como Collor de Mello o António Carlos Magalhães -conocido, por cierto, como Cabeza Blanca-.

Querían matar simbólicamente al mal gobernante blanco, por si acaso.

Es por estas y otras razones que debemos denunciar la agenda oculta del libro de Niall Ferguson, Civilización: Occidente y el resto. Ferguson afirma que los grandes logros de la humanidad, como los derechos humanos, la libertad, la democracia y la tecnología que ha mejorado la vida de miles de millones de personas, fueron inventados por Occidente. Y luego da ejemplos: Galileo, Newton, Voltaire, Faraday, Darwin, Einstein y muchos más. Ferguson ni siquiera intenta disimularlo: ahí está la apología del hombre blanco y del patriarcado. Como si no hubiera cosas mucho más importantes que los derechos humanos, la electricidad, los ordenadores y las vacunas.

Sin embargo, lo que Ferguson no cuenta es esto: esa secta blanca y patriarcal no estaba realmente interesada en el progreso de la humanidad y en la mejora de la calidad de vida de la gente. ¿Y eso? La bomba atómica, el aumento de las alergias y la alopecia son buenos ejemplos de la malignidad del progreso tecnológico. Lo que les movió fue siempre el deseo racista de afirmar la superioridad del hombre blanco sobre las demás "razas" y del patriarcado sobre las mujeres.

Así que, querida Joana Cabral, no te lo tomes como algo personal si un día vas a Salvador y te insultan por ser blanca; el insulto seguramente va dirigido a Bolsonaro o incluso a Jorge Jesús, que tantos goles le ha metido al Bahía. Y si por casualidad te ofrecen ese libro racista y patriarcal de Ferguson, tíralo a la basura o cámbialo por un bizcocho.


www.joaocerqueira.com

sábado, 20 de febrero de 2021

La Comunidad (la trastienda del affaire Lemaire)


Trappes: [el ministro] Darmanin confirma que Didier Lemaire estaba bajo protección policial


La trastienda del affaire Lemaire.

Aquí  en Valeurs Actuelles en V.O.

 

Aquí una traducción exprés.

 

La cara oculta del asunto Lemaire, pesquisa.

Por Amaury Bucco (20/02/21).


Didier Lemaire, profesor de filosofía en el instituto de este municipio de la periferia, está en el centro de una polémica por haber denunciado abiertamente el ambiente nocivo en el que se desenvuelven sus alumnos desde hace varios años. Investigación.


Instrumento político de un revuelo mediático o valiente denunciante, ¿quién es Didier Lemaire? Esta es la pregunta que planea desde el 5 de febrero, cuando este profesor de filosofía del instituto de Plaine-de-Neauphle, en Trappes (Francia) se prodigó en los medios de comunicación para denunciar el auge del integrismo islámico en el municipio y, al mismo tiempo, la ruptura progresiva de los vínculos con sus alumnos.

Todo comenzó hace cuatro meses antes, a 30 kilómetros de Trappes, donde un profesor de secundaria, Samuel Paty, fue decapitado cerca de la escuela [tras un campaña de acoso en las redes por haber mostrado las caricaturas de Mahoma en una clase sobre libertad de expresión]. A última hora de la tarde del 16 de octubre de 2020, Didier Lemaire llevó a una de sus clases al Teatro Montansier, en Versalles, donde se representaba la obra Désaxé, de Hakim Djaziri, que narra el viaje de un joven de la periferia de origen argelino hacia el yihadismo. Es durante el viaje en autobús cuando Didier Lemaire se entera de la muerte de Samuel Paty.

Bajo el shock, decide no decírselo a sus alumnos. "Pero esta noticia me fue torturando durante varios días. Me preguntaba cómo despertar las conciencias. Este drama se hacía eco de muchas cosas que yo mismo había visto. Primero pensé en dar un discurso a mis alumnos", recuerda. Pero abandonó la idea, contentándose con seguir las directrices de Éducation Nationale: lectura de una carta, luego un minuto de silencio, que será perfectamente respetado en su clase. Finalmente es a sus colegas a quienes Didier Lemaire decide dirigirse a través de un artículo de opinión publicado en L’Obs, el 1 de noviembre de 2020. "¿Podemos los profesores suplir la falta de estrategia de nuestros representantes para derrotar a esta lacra mortal?", se pregunta en las páginas de la revista en relación con la presión ejercida por los islamistas.

Sorprendentemente, esta breve aparición en los medios de comunicación, aunque difuminada entre la indignación general, le valió ser objeto de una "seguridad dinámica" por parte de la Prefectura. En concreto, diferentes patrullas de Policía se encargaron de vigilar las entradas y salidas de Didier Lemaire en los alrededores del instituto. "¿Se imaginan a un profesor con escolta?", se indigna con razón Didier Lemaire. La Prefectura de Yvelines, por su parte, relativiza y recuerda que se trataba de una medida preventiva, ya que el profesor no era entonces objeto de una amenaza directa. Tanto es así que el 27 de enero un agente llamó a Didier Lemaire para avisarle de que se le había retirado la protección policial... pero le volvió a llamar el mismo día para decirle que, finalmente, se le había mantenido debido a un nuevo peligro. ¿Qué nuevo peligro?

Cinco días antes de dicha llamada, el 22 de enero, un medio de comunicación neerlandés emitió un documental sobre Trappes. Se trataba de una actualización de un primer documental rodado en 2017 sobre el islamismo en la ciudad, dirigido por la periodista Saskia Dekkers, y en el que ya había aparecido Lemaire. En este segundo reportaje, que mezcla imágenes del documental anterior y reacciones al proyecto de ley sobre el separatismo [en Francia se considera separatismo al islamismo radical], Saskia Dekkers vuelve a entrevistar a Didier Lemaire, pero también a Ali Rabeh, alcalde de Trappes, y a Naila Gautier, miembro activo del medio asociativo local, comprometida como Didier Lemaire contra la radicalización.

La asociación Parole à coeur ouvert [Palabra a corazón abierto], en el centro del asunto Lemaire

Surge un problema: al final de la emisión del documental, Naila Gautier envía varios mensajes a la periodista holandesa quejándose de un reportaje desequilibrado y gravoso para con la ciudad de Trappes, en particular por los comentarios de Didier Lemaire. Inquieta por la seguridad del profesor de filosofía tras la reacción de varias personas incómodas con el reportaje, entre ellas Naila Gautier, Saskia Dekkers decide entonces avisar a la Policía. Su medio de comunicación incluso decide suspender la redifusión del documental en televisión. Fue entonces cuando se amplió la protección de Lemaire y comenzó la marejada mediática. El 26 de enero, la Policía Judicial de Versalles abrió una investigación. Naila Gautier y otros fueron citados por la Policía e interrogados sobre el significado de lo que habían dicho, y luego fueron puestos en libertad.

 "El documental de este año, dirigido por la periodista holandesa Saskia, se basa en un documental anterior emitido en 2017 en el que ya aparecía Lemaire" (aquí para ver un extracto)

Estas tensiones en torno al reportaje de la periodista holandesa son, en realidad, más antiguas. Al parecer, tienen su origen en la asociación local Parole à cœur ouvert, creada en febrero de 2015 tras los atentados contra Charlie Hebdo y el Hipermercado [judío] Cacher, para luchar contra los viajes a Siria de algunos jóvenes, y está estrechamente vinculada con el instituto de Plaine-de-Neauphle. Además del profesor de filosofía y de Naila Gautier (uno de cuyos hijos fue alumno de Didier Lemaire), también forman parte de ella Aïcha Akafou, antigua representante de los padres de alumnos del instituto de Plaine-de-Neauphle, quien también fue interrogada por la Policía cuando se abrió la investigación, y Corinne (nombre de pila que hemos cambiado), y que fue invitada a formar parte de la asociación por Didier Lemaire en 2016, después de que su hija se convirtiera al Islam y luego se radicalizara con tan solo 13 años. Naila Gautier, al igual que Didier Lemaire y Corinne, lamenta la lenta decadencia de la asociación debido a desacuerdos fundamentales sobre el método que debía adoptarse para combatir las derivas sectarias del Islam y, más generalmente, sobre el lugar de la religión en la sociedad.

"Me invitaron a formar parte de esta asociación porque yo, al ser de Trappes, musulmana de origen tunecino y portadora de turbante, les servía como de garante. Pero no estaba en la misma línea que ellos. Yo estaba a favor del diálogo y la apertura", dice Naila Gautier, que deplora el "miedo" de Didier Lemaire frente al Islam. Se niega a utilizar el término "miedo", prefiriendo hablar de "resquemores". Fue en 2018, en el momento de la publicación del libro La Communauté (Albin Michel), escrito por dos periodistas de Le Monde sobre la situación en Trappes, en el que también participó Didier Lemaire, cuando Naila Gautier se percató de la brecha que la separaba de los miembros laicos de Parole à cœur ouvert. "En esta asociación había un poco de todo y en el fondo cualquier cosa", confirman Corinne y Didier Lemaire, que abandonaron la asociación. "Aquello no podía funcionar".

El lugar del Islam en el centro de las tensiones

¿Y si la agitación que ahora está fracturando la ciudad de Trappes en torno al affaire Didier Lemaire no fuera más que un eco amplificado de los desacuerdos internos de esa asociación? ¿Dos bandos que hasta entonces luchaban en favor de la convivencia, contra el Islamismo, y que ahora se miran con desconfianza y decepción? En Trappes, los habitantes tienden a ponerse del lado del alcalde de la ciudad, Ali Rabeh, cercano a Benoît Hamon [fue el candidato socialista a las presidenciales], quien se ha posicionado en contra de Didier Lemaire y que trata de minimizar -cuando no de sofocar- las llamadas de alerta del profesor de filosofía.

Y a veces lo hace de mala fe, como el pasado 8 de febrero, cuando el alcalde organizó una falsa visita sorpresa a una peluquera mixta ante las cámaras de CNews para demostrar que Trappes no es un enclave islámico. Lo que el alcalde no mostró ese día es que la peluquería así expuesta se halla enfrente de dos negocios "comunitarios": una cafetería halal y una tienda de ropa de moda islámica. "Es demasiado decir que Trappes es una ciudad perdida, y esto nos duele", afirma Naila Gautier, firme partidaria de Ali Rabeh, quien habría hecho mucho contra la radicalización, según ella. "Es una ciudad con otros códigos, que se está reconstruyendo poco a poco, y este ruido mediático la va a ensuciar de nuevo”. Corinne, a su vez, que no vive en Trappes pero que conoce bien la ciudad, rechaza la idea de que se deba elegir un bando u otro. "Didier Lemaire y Ali Rabeh tienen razón los dos", explica. "Estoy de acuerdo con Didier en la defensa de la escuela y estoy de acuerdo con Ali en la defensa de su ciudad".

Contactado por Valeurs Actuelles, el alcalde de la ciudad se negó a respondernos: "Tengo pocas dudas sobre el color de su publicación y las libertades que se toma con la ética periodística y la realidad de los hechos". En cuanto al prefecto de Yvelines, apodado "el prefecto de los refugiados" por sus acciones en favor de los inmigrantes, ha optado por unirse a Ali Rabeh en la denuncia de las declaraciones del profesor de filosofía, y declaró a Le Monde: "Trappes es una zona difícil y delicada, hacemos un trabajo de encaje de bolillos, y ahora el señor Lemaire llega con una excavadora y desbarata nuestros esfuerzos [...] Es una irresponsabilidad. Está echando leña al fuego".

Didier Lemaire, ¿un bombero pirómano? 

En Trappes, pocos cuestionan la sinceridad de su lucha contra el Islamismo. Tanto más cuanto que Didier Lemaire no esperó a las cámaras de televisión para convertirse en un "húsar de la República" [institutor de la escuela pública]. "Es alguien de una honestidad absoluta y admirable. Ha hecho un trabajo enorme por los chavales de Trappes", dice Corinne, que estuvo a su lado en 2018 en una conferencia sobre "el proceso de radicalización en la escuela", organizada por el sindicato de profesores de extrema izquierda FSU, en la que Didier Lemaire ya condenó rotundamente el proceso de comunitarización de la población de Trappes [al final del post, el texto íntegro de la conferencia de Didier Lemaire]. "El FSU ha reescrito el coloquio cambiando el orden de las intervenciones e introduciendo textos de personas que no estaban presentes en la sala para así desdibujar mi mensaje", se lamenta ahora Didier Lemaire, mientras Corinne recuerda la tensión que se generó en la sala durante el relato de la radicalización de su hija.

En el instituto de Plaine-de-Neauphle, al margen del comunicado de prensa enviado por el personal docente el 11 de febrero, en el que se pedía que cesara cualquier "recuperación política" del asunto, un profesor nos confía: "Didier Lemaire está haciendo un excelente trabajo. Lo apreciamos mucho". Lo mismo dicen los estudiantes. "Por casualidades de la vida, uno de estos antiguos alumnos míos es miembro del equipo municipal de Ali Rabeh", cuenta Lemaire. Otra persona, que fue su alumna entre 2015 y 2020, a la que llamaremos Clara, ha accedido a declarar. Habla de Didier Lemaire como de un profesor muy humano, abierto al debate. Muy espontáneo, un poco desorganizado, hacía reír a sus alumnos "porque se ajusta al estereotipo del profesor de filosofía un poco chiflado". Y añade: "Nunca ha hecho comentarios racistas o islamófobos ante los alumnos"; y con razón, pues su mujer es de origen extranjero, nos cuenta la estudiante, lo cual nos confirmó el propio Didier Lemaire: su mujer es turca no musulmana.

Una antigua alumna de Didier Lemaire declara

Pero entonces, ¿qué ha pasado? ¿Se habría radicalizado el simpático profesor de filosofía, como esos 67 jóvenes de Trappes que se fueron a Siria, pero en la otra dirección? ¿Se ha convertido Trappes en el enclave extranjero y nocivo descrito por Didier Lemaire, o es un suburbio pacífico a pesar de sus "malos demonios", como afirma Ali Rabeh? La respuesta difiere según se sea de Trappes o no. "A la gente no le gusta que se hable mal de su ciudad y de su religión", explica la exalumna de Didier Lemaire, que conoce Trappes a la perfección porque se crió allí durante más de 20 años. "Puedo entender el enfado de los habitantes de Trappes. Porque al igual que muchos musulmanes en Francia, a menudo se nos señala y, sobre todo, se nos utiliza en los debates para decidir si debemos o no practicar el Islam a nuestra manera".

Esta constatación de un sentimiento de rechazo por parte de los vecinos de Trappes no le impide hacer otra constatación: la del repliegue de la ciudad durante estos veinte años. "En cuanto me pongo una falda y camiseta de tirantes, recibo miradas insistentes y culpabilizadoras por parte de hombres de entre 14 y 94 años", dice la joven, que nunca ha ido a un café en Trappes y apenas se atreve a comprar paquetes de cigarrillos allí. "Trappes es otro mundo. Cuando uno es de Trappes, se siente de Trappes y no francés, lo cual también ocurre en otros suburbios". En cuanto a las tiendas, principalmente para musulmanes, con sólo carnicerías halal, según relata,  admite que "cuando no eres musulmán, puedes no sentirte como en casa". 


Fin del reportaje.


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La conferencia que dio en 2018 Didier Lemaire. Aquí en V.O.


Aquí en tradu exprés.


Enseñanza en Trappes

Un testimonio de Didier Lemaire:

Buenas tardes,

1. El instituto de Trappes

Soy profesor de filosofía y desde hace tres años enseño cine. Doy clase en la escuela secundaria general y tecnológica de La Plaine de Neauphle. Después de haber sido nombrado al principio de mi carrera en escuelas secundarias de "zonas sensibles" en los suburbios de París particularmente difíciles, trabajé en institutos más ordinarios. Llegué a Trappes en el año 2000. Inmediatamente me gustó el ambiente de este pequeño instituto, con estudiantes que ciertamente eran muy flojos pero probablemente más amables que en muchos otros establecimientos. Para ser del todo sincero, encuentro a mis alumnos de aquí muy entrañables. Generalmente sonrientes, expresan fácilmente sus emociones y muestran una gran generosidad. Si su cultura general y nivel de expresión escrita siguen siendo muy modestos, suelen ser vivos y, a la postre, abiertos al conocimiento. Así que, año tras año, le he ido cogiendo gusto a la enseñanza en Trappes. Probablemente porque tal vez aquí me siento un poco más útil que en otros lugares. En cualquier caso, he tenido algunos años muy buenos con ciertas clases en las que ha sido un verdadero placer transmitir la práctica de la filosofía. A veces ha sido más difícil. No siempre consigo mis propósitos. Y cuando no hay mezcla, como es el caso hoy en día, la cosa se vuelve terriblemente problemática. He visto durante estos dieciocho años en Trappes cómo ha cambiado la población escolar. Desde los años 2010, los niños y las niñas se distribuyen de forma diferente en las aulas. Se mezclan menos y hablan menos entre ellos. Y cada vez menos conforme baja el nivel de formación. La ropa también ha cambiado. Mucho menos maquillaje. El uso del pañuelo en la cabeza, inicialmente muy marginal, se generalizó, al menos, desde que dejaban atrás la puerta del instituto. Antes de la ley que prohíbe los signos ostentatorios, las que llevaban el pañuelo eran en su mayoría chicas adolescentes con buenas notas, seguras de sí mismas y que querían distinguirse. Solían ser más proclives a filosofar que las demás. Desde los años 2010, el perfil ha cambiado. Son alumnas menos voluntaristas y menos reflexivas. Podríamos incluso decir que llevar un pañuelo en la cabeza se ha convertido en una forma de conformismo. (Volveré a hablar de ello más adelante). En cuanto a los chicos, el chándal de colores ha sido casi abandonado en favor de vestimentas oscuras. Las barbas han crecido un poco más. La inmadurez y el sexismo han aumentado drásticamente. En términos prácticos, no hay incidentes en torno al laicismo en nuestro establecimiento. Es cierto que durante el Ramadán el instituto permanece casi desierto. Pocos estudiantes musulmanes vienen a clase. Como resultado de ello, a veces acabamos con clases de tres o cuatro alumnos. La cantina funciona bien. Las dificultades son principalmente financieras y psicológicas. La tasa de desempleo en esta antigua ciudad dormitorio de trabajadores es una de las más altas de la región de París: casi el 19%. El índice de pobreza también: 25%. La renta media per cápita es, creo, la más baja de Yvelines: 18.000 euros. De hecho, aunque el actual alcalde está intentando maquillar todo esto comprando mobiliario urbano de lo más nuevo, con unas calles rutilantes y un plan de renovación y de construcción para atraer a las clases medias, o rebautizando la ciudad con un nombre más chic, Trappes-en-Yvelines, la ciudad sigue siendo un verdadero gueto. Los estudiantes apenas salen de él. 

El año pasado, acompañé a tres clases de cine al Distrito XVIII de París para visitar una escuela de cine, la FEMIS. Como teníamos algo de tiempo, visitamos Montmartre y el Sacré Coeur. Ninguno de ellos los conocían. Tenía la impresión de estar paseando a turistas chinos. Algunos visitaban París por primera vez. La mayoría de nuestros estudiantes van a París muy excepcionalmente. Hace dos años, cuando mis estudiantes de cine volvieron de su prueba, que se desarrolló en el instituto de Marly-le-Roi, cerca de Versalles, me contaron su desconcierto. Se sintieron extranjeros. Por su forma de vestir, su forma de hablar, sus orígenes. Me confesaron que se sentían no sólo "diferentes" sino también "inferiores". Yo tuve la oportunidad de debatir sobre este tema recientemente con el entonces teniente de alcalde de la ciudad, el Sr. Ali Rahbe. Este último reconoció que ese era uno de los mayores problemas de la juventud de Trappes. No salir de la ciudad, no conocer otros horizontes. Para decirlo como las periodistas de Le Monde que investigaron hace dos años aquí, Raphaëlle Bacqué y Ariane Chemin: los jóvenes de aquí casi nunca salen de "la comunidad". En cuanto a los problemas familiares y psicológicos, la situación también es terrible. No tengo cifras, y mis impresiones son necesariamente subjetivas. Sin embargo, aparte de los problemas de atención en las aulas tecnológicas, que son la regla, observo muchas fobias escolares, claustrofobias a veces muy severas, o depresiones y patologías más graves que pueden provocar acontecimientos trágicos en las familias. Yo mismo he intervenido en varias ocasiones a lo largo de estos años para aconsejar a estudiantes que fueran al médico del centro de salud, o a hacer visitas al hospital psiquiátrico, o, en un caso extremo, acompañé a un alumno muy difícil que estaba viviendo una situación de violencia doméstica. Bajo las sonrisas o los comportamientos algo desabridos, ¿cuántas situaciones personales de angustia se esconden? No tiene uno idea, detrás de su escritorio de profesor, de la miseria emocional que sufren muchos de los alumnos. En cuanto me tomo el tiempo de hablar con mis alumnos sobre su estrés con las notas, entonces caen las máscaras. Y entonces descubro sus fragilidades. Los resultados de los exámenes finales de bachillerato son lógicamente bajos, aunque el instituto consigue alcanzar regularmente, a nivel nacional, entre la primera y la trigésima clasificación, en resultados ponderados, por el "valor añadido". Tal éxito relativo ligado a este método de cálculo se debe a varios factores: clases con efectivos limitados, equipos y dirección generalmente muy volcados y, sobre todo, bastante ayuda mutua entre los estudiantes. Esto sirve para pintar un retrato rápido del instituto, que, a pesar de las pocas especificidades que acabo de mencionar sigue siendo, a primera vista, un instituto bastante banal en Francia. Si los índices de absentismo son muy altos, no tenemos actos violentos ni una proliferación de consejos de disciplina. Las expulsiones permanentes del establecimiento se dan, sí, pero como en todas partes.

2. Toma de conciencia de la realidad

Pero ocurre que este instituto está situado, como probablemente sepan, en la ciudad europea que proporcionó el mayor número de yihadistas a la zona iraquí-siria desde 2012. Y es ahí, cuando se miran las cosas más de cerca, cuando todo cambia. Oficialmente, son unas 70-75 salidas reales. Pero es probable que sean varios cientos de personas las que forman parte de este movimiento yihadista. Hoy en día, además, ya no se van. Así que el instituto está en medio de un nido de potenciales terroristas. Como suelo decir: el instituto es como una isla. Nuestros estudiantes, a excepción de los que no tienen realmente un plan de estudios, se proyectan en la sociedad francesa. No son ni delincuentes ni jóvenes proclives al fundamentalismo religioso y menos aún al islamismo. Y sin embargo su mundo y su entorno están muy marcados por las transformaciones políticas de estos últimos años. En cuanto abandonan el recinto escolar, están en un mundo muy diferente al nuestro. Una isla pues en medio de un mar de reclutadores salafistas que se han ido apoderando de los barrios desde hace unos diez años. En primer lugar, limpiándolos parcialmente del tráfico de drogas. Luego, montando sus comercios, imponiendo sus costumbres y desarrollando sus actividades paralelas. También hay en este mar algunos Hermanos Musulmanes, o antiguos miembros del GIA argelino, e incluso un pequeño círculo de Tablighis alrededor de un librero que no sólo vende obras literarias sino también jilbabs [túnica y capucha] y otra ropa de mujer completa. Oficialmente, todos se autodenominan "pacifistas", "quietistas", pero rechazan las leyes civiles y las quieren reemplazar por la Sharia. También están los islamo-nacionalistas turcos, que representan una pequeña comunidad que vive aislada. Ya no hay judíos en Trappes. La sinagoga fue incendiada en el año 2000 y aunque nunca se determinó el acto criminal, hay un clima, unas letras de canciones, unas pintadas que demuestran que en aquella época ya existía un fuerte antisemitismo. Tras la destrucción de la sinagoga, las últimas familias judías que vivían en Trappes se refugiaron en las ciudades vecinas de Élancourt y Maurepas. El antisionismo y el apoyo a los palestinos, muy presentes en la ciudad, obviamente sirven para difundir impunemente los prejuicios más virulentos. (Por mi parte, año tras año, constato que ninguno de mis alumnos de último curso puede distinguir correctamente entre "judío", "israelita", "israelí" o "sionista". Para ellos, "judío" significa un creyente sionista; o antes que eso: un enemigo de los árabes). Describir este medio islamista no es fácil por dos razones: primero, porque es relativamente invisible. La segunda, porque su única marca visible es de apariencia religiosa y, en consecuencia, señalar la proliferación de estos signos religiosos en el espacio urbano equivale a correr el riesgo de ser tachado de "islamófobo". Pero ¿son realmente signos "religiosos"? ¿No son más bien señas identitarias y políticas? En cuanto a la invisibilidad, contemplada desde el instituto, efectivamente podría pensarse que todo discurre con normalidad. Los estudiantes son realmente agradables, lo diré de nuevo. Por supuesto, algunos de ellos te sacarán teorías de la conspiración en las clases de Historia, declamarán textos extraídos de sitios de propaganda islamista en las clases de Lengua, o rechazarán la donación de órganos durante un debate sobre bioética; y cuestionarán la teoría darwiniana de la evolución en las clases de Biología, etc. Pero ahí acaba todo; al fin y al cabo, mientras hablen y se expresen, los profesores podrán hacer su trabajo de educación e instrucción. No siempre es fácil distinguir en todo esto la parte de ignorancia, la provocación adolescente o la verdadera adhesión al oscurantismo y a los valores antidemocráticos. Por mi parte, siempre he querido no estigmatizar a mis alumnos, tratándolos como a cualquier otro estudiante, sin hacer diferencias entre ellos; nunca he tratado de abordar temas delicados frontalmente. Tengo que decir que esta postura me había funcionado bastante bien hasta ahora. Nunca encontré la menor dificultad para leer y explicar textos expresamente antirreligiosos en la clase de Filosofía, por ejemplo. Para mis alumnos, se trata de textos filosóficos como cualesquiera otros. No se sienten agredidos y pueden reflexionar sobre ellos libremente. A veces, algunos, en el transcurso de sus reflexiones, llegan a conclusiones por sí mismos con las que me dicen que, sin embargo, no están de acuerdo. ¡Entonces grito secretamente victoria...! 

No me di cuenta de que realmente había un gran problema hasta después de los atentados de 2015. En primer lugar, tras la masacre de Charlie-Hebdo, vi que mis alumnos se mostraban muy divididos. Muchos de ellos condenaban con la boca pequeña los asesinatos y esgrimían el bien engrasado argumento de "se lo buscaron". Para ellos, las culpas se repartían casi al 50%. Por un lado la blasfemia; por el otro, la matanza. Recuerdo haber tenido un duro debate en mi último curso ( sección “ES”) sobre el derecho a la blasfemia. Muy pronto el argumento teológico cambió de naturaleza: no era al profeta al que, en el fondo, se humillaba con las caricaturas de Charlie, o a Dios. Era a los musulmanes de Francia; eran ellos los humillados. Mis argumentos sobre el laicismo, la libertad de credo, que implican no estar sujetos a la creencia de otro y a los preceptos de la religión de otro, caían así en saco roto uno tras otro. El debate se deslizaba del terreno de las creencias religiosas hacia el de su identidad, su comunidad. Era una reacción epidérmica por su parte. En sus mentes, Charlie quedaba equiparado a una Policía racista, a los enemigos de su grupo. Recuerdo una diatriba especialmente sentida de una de mis alumnas que me explicó que todo el mundo, empezando por los medios de comunicación, se cebaba con los musulmanes, y que los salafistas no eran tal como los describían. Que era necesario que les permitiéramos vivir su religión en paz y que dejáramos de perseguirles con leyes, reportajes televisivos, provocaciones o dibujos insultantes. Tras los atentados en el Stade de France, en las calles de París y en el Bataclan, las reacciones fueron muy diferentes. El efecto fue impresionante. Comprendieron que los yihadistas podrían haberles matado a ellos también. Esta vez la indignación fue unánime. Al menos en apariencia. Y digo bien "en apariencia" porque en dos de mis clases de Tecnología, en otra de Gestión, otra de Ciencias y otra de Salud y Tecnologías Sociales, esta indignación me pareció un poco desleída o como desmochada. Esto me puso particularmente a prueba y me llevó a cuestionarme y a cambiar mi forma de ver, o  más bien de no ver las cosas. En la clase de Gestión, percibí cierta incomodidad en esa condena. Los estudiantes no tenían ganas de hablar. Parecían pensar que no valía la pena gastar una hora en eso. Querían pensar en otra cosa, fingir que no había pasado. ¿Era la necesidad de tomarse un respiro después del shock? ¿O era una forma de minimizar la importancia de estos hechos? Con la clase de Ciencias de la salud y Tecnología, si bien cierta emoción era palpable, una alumna, que tenía cualidades de reflexión innegables, se puso especialmente al margen del debate. Se aseguró durante toda la hora en que hablamos de estos hechos para no mirarme nunca, para nunca decir nada, para permanecer encerrada en su silencio. ¿Significaba este extraño comportamiento que ella aprobaba esos actos? Imposible desde entonces debatir con ella, ni siquiera de temas filosóficos. La palabra se había roto definitivamente. No fue un desacuerdo. Fue una ruptura de comunicación. Peor: una ruptura de reconocimiento. Fue entonces cuando me di cuenta de que no estaba enseñando en un instituto como cualquier otro. En ese momento pensé en las palabras de algunos de los supervivientes de los campos de exterminio: la experiencia de dejar de ser reconocido por el otro como un semejante. No es una maña, un disimulo o una negativa a comunicar. Es una forma de tratar al otro como una mera cosa, con total indiferencia, como si no existiera o viviera en otra dimensión.

Unos meses más tarde, curiosamente, a instancias del joven estudiante que defendía a sus "hermanos" salafistas, se me pidió que fuera a escuchar una conferencia de Rachid Benzine, un islamólogo progresista y secular. Rachid Benzine, cuyas Cartas a Nour se ponen ahora en escena, vive en Trappes. Fue estudiante del instituto y fue mi colega presente en la sala quien lo introdujo a la filosofía. Rachid Benzine utiliza las herramientas de la historia y la antropología para leer el Corán. Luego me uní a una pequeña asociación de Trappes, Parole à cœur ouvert, cofundada por mi colega. Quería yo acabar con mi ignorancia, o más bien con mi ceguera, y conocer mejor la realidad. Me llevó casi dos años. Dos años para abrir los ojos. Dos años para intercambiar con madres de Trappes (debo decir que no hay muchos padres dispuestos), activistas asociativos, musulmanes laicos y musulmanes menos laicos, antiguos profesores de instituto y, sobre todo, muchos, muchos alumnos de secundaria de la zona. Nuestra pequeña asociación, que reunía a personas con convicciones diversas y que era multiconfesional, trataba de hacer prevención contra el control sectario y la radicalización. Para ello, decidimos organizar conferencias con Rachid Benzine, pero sobre todo encuentros con jóvenes en pequeños grupos de siete con un adulto sobre el tema del control. Fue durante estas sesiones de debate e intercambio cuando me di cuenta de que en cada una de nuestras intervenciones, dondequiera que estuviéramos, dos o tres jóvenes de cada setenta nos decían espontáneamente que en su familia un hermano, una hermana o un primo se habían ido a hacer la yihad a Siria. Me pareció una cifra enorme, ya que los adultos no estábamos especialmente bien situados para  ser los destinatarios de tales confidencias. A veces, la emoción de los jóvenes hacía que sus palabras fueran difíciles. Un día acompañamos a las clases de un instituto cercano a ver una película en el cine: Le ciel attendra  [El cielo puede esperar] de Marie-Castille Mention-Schaar. Esta película cuenta la historia del destino cruzado de dos chicas adolescentes reclutadas por Daesh. Se inspiró en gran medida en la historia de la hija de Catherine Gringelli. Fue por cierto en esta asociación donde conocí a Catherine. Me encontraba yo en el cine, sentado en medio de estos estudiantes a los que nadie conocía. A lo largo de toda la película, pude oírles exclamar: "Es tal cual, tengo un amigo en Raqqa. ¡Así es exactamente!". "Todo lo que enseñan es cierto". "¿Conoces a menganito? Está allí ahora mismo". "Sí, allí, a los no creyentes los fríen vivos." Durante toda la proyección, los comentarios no cesaron. Los jóvenes sentían la necesidad de decir que eso no era una película. Para ellos, era absolutamente banal. Cuando salimos del cine, una de las hijas de la presidenta de nuestra asociación, que vino a ver la película con nosotros, me dijo: "Pero señor, yo también estoy en contacto todos los días al teléfono con un antiguo amigo que se ha ido a Raqqa. Era mi novio. Quería que me fuera con él. No quise hacerlo. (...) Sabe, en mi plaza, hay docenas de chicos que se han ido... Conozco a muchos. Algunos de ellos murieron allí". Sentí que yo estaba tocando con la realidad con las manos. Esa realidad que se me escapaba en las aulas. Que no podría haber conocido en mi papel de profesor. Por supuesto, eso no era posible en el aula. Por supuesto, esa palabra no podía darse en clase. Por suerte, en parte. El aula es un espacio de libertad para muchos alumnos. Casi su única ventana al mundo exterior. Así que mejor preservarla de lo que experimentan a diario y que sólo les concierne a ellos. Una tarde, fuimos a France Télévision con un grupo de estudiantes de secundaria de Trappes para un encuentro en torno a otra película sobre la radicalización, Ne m' abandonne pas, de Xavier Durringer. (En la proyección, volví a escuchar los mismos comentarios). A la salida del instituto, en el autocar, me senté junto a un grupo de alumnos de 13 o 14 años. Empecé a charlar con un chico que estaba a mi derecha antes de ampliar el círculo a mi alrededor. Recuerdo a una joven de 14 años que acababa de llegar de Argelia, que estaba feliz de estar en Francia, que me expresaba su alegría de vivir en Francia, un país libre y laico. Al final de nuestro intercambio, me preguntó si las culturas podían enfrentar a los hombres entre sí. Poco después, intercambié unas palabras con el profesor de matemáticas de esa clase y le pregunté qué pensaba del joven con el que había iniciado la conversación y que me había parecido un poco callado. Me dijo en voz baja que este chico estaba en una situación terrible. Su familia estaba destrozada por la marcha de su hermano a Siria. Por un lado están los pro-Daesh, por otro, los que no quieren saber nada de todo eso. Exactamente lo que me habían dicho otro joven de 16 años en un grupo de discusión sobre el control islamista. Una vez más, descubrí que lo que para mí era una realidad lejana y bastante abstracta era la vida cotidiana de estos jóvenes. Su vida, en definitiva, en estos barrios. No, nada de esto ocurría en Siria, ni en las lejanas tierras de Irak, sino en las aulas de Trappes. Ante nuestros ojos de profesores, sin que mis colegas o yo pudiéramos verlo. Al fin y al cabo, estos jóvenes no habían sido reclutados a través de Internet, sino directamente por sus allegados, por sus amigos, sus hermanos o hermanas. Así es todo este pequeño mundo: aislado y formateado por las redes de los "hermanos" salafistas, y que muestra veleidades de marchar [a Siria] o de pasar a la acción ultraviolenta. Todo esto comienza ya en la maternal, cuando los pequeños se niegan a cantar alegando que está prohibido por sus padres. En 2016, las periodistas de Le Monde, Raphaëlle Bacqué y Ariane Chemin vinieron a hacerme preguntas varias veces. Sobre la historia del instituto. Sobre mis alumnos. También pasaron casi días enteros con algunos de mis alumnos para conocerlos. Sus preguntas hicieron que yo también me cuestionase ciertas cosas. Me di cuenta de que, desde mi aula, muchas cosas se me escapaban. En cierto modo, esto es perfectamente normal. Las horas de clase normalmente se dedican a enseñar la materia. También hubo el documental de Saskia Dekkers, periodista de la televisión pública (NOS) de los Países Bajos. Su visita a clase liberó el discurso de mis alumnos. Les mostraré luego algunos extractos de este documental. Después del encuentro, muchos estudiantes me hablaron de su día a día. Por ejemplo, unos padres que les prohibían ir a la mezquita. Y no por la prédica, sino por la presencia de reclutadores cerca del lugar de culto. Actualmente, la situación ha cambiado un poco. La invisibilidad, si se me permiten decirlo así, está ganando terreno. Las redes refuerzan su dominio sobre la ciudad y los jóvenes. Pero todo ocurre de forma insidiosa. Se diría que las pequeñas provocaciones en el instituto ya no están a la orden del día. No vemos ya esos jueguecitos con las diademas para ocultar el pelo o el traje con faldas largas. Las adolescentes muestran una "fachada de laicismo". Después de dejar atrás la puerta de la escuela, muchas se ponen de nuevo el velo, "por si pudieran verlas". Todo lo que tiene que ver con Daesh o la religión se silencia. Ya no se habla de ello. Es como si hubiera dos mundos ahora. El mundo de la escuela, donde hay que plegarse a los requisitos del laicismo. Y el de la ciudad, en el que las cosas suceden de manera muy diferente, según otras reglas. Por ejemplo, en la mayoría de los cafés de Trappes ya nadie se mezcla. La  joven Sarah, una estudiante de 15 años a la que conocí el pasado mes de junio, me ilustró explicándome su situación. Sus padres se divorciaron hace unos meses. Su padre es musulmán. Su madre, cristiana. Ella es musulmana, como su padre. Con fervor. Sin embargo, desde que su padre se trasladó a quince kilómetros, a Rambouillet, por fin "ella respira". Esas son las palabras que usó. "En Trappes, estoy bajo constante vigilancia. No puedo hacer nada sin que me juzguen. Es que se  ha vuelto insoportable. Ya no soporto vivir en este lugar".


3. De la comprensión a la acción

Paralelamente a estas pocas acciones que me abrieron los ojos, comencé a documentarme un poco, a leer algunos libros. Un día, descubrí que un inspector de Éducation Nationale ya había investigado y analizado los inicios de este fenómeno en un informe que se remonta a 2004. Me refiero al "Informe sobre signos y manifestaciones de afiliación religiosa en las escuelas", de Jean-Pierre Obin. Este informe, enterrado por François Fillon, que era entonces Ministro de Educación Nacional, transformó por completo mi comprensión. Trata de forma muy específica de los signos y la vestimenta, la alimentación, el calendario y las festividades, el proselitismo, el rechazo a la educación mixta y la violencia contra las niñas, el antisemitismo y el racismo, las disputas político-religiosas en la escuela y los problemas encontrados, y todo ello desde diversos campos disciplinarios. Mi propia reflexión me había llevado a formular ciertas conclusiones que encontré, no sin satisfacción, reflejadas en el documento. Es un texto realmente cautivador, por lo bien que describe las transformaciones que se produjeron en esa época, transformaciones que muchos no quisieron admitir. Además, anticipaba las consecuencias en caso de que no se adoptase ninguna política pública para acabar con ello. Predecía con un rigor inflexible lo que iba a ocurrir unos años después. Permítanme leerles un extracto:

"Lo que observamos en las escuelas de los barrios donde se concentran las poblaciones de inmigrantes norteafricanos, y a veces turcos, africanos o de las islas Comoras, en barrios cada vez más homogéneos social y religiosamente, es claramente sólo la parte académicamente visible de un fenómeno mucho más profundo cuya evolución sea probablemente una de las claves de nuestro futuro. Pareciera que, por primera vez en nuestro país, la cuestión religiosa se superpone -al menos en parte- a la cuestión social y a la cuestión nacional; y esta mezcla, que es en sí misma explosiva, entra también en resonancia con grandes enfrentamientos que ahora estructuran la escena internacional".

El resto de la conclusión se refiere al desarrollo de las "contra-sociedades":

"No se trata en absoluto de que estas poblaciones se replieguen en sí mismas, cosa que ya viene de lejos, sino de una identidad sustitutiva que se extiende primero entre los jóvenes de la segunda o tercera generación. El caldo de cultivo social en el que se desarrollan estos acontecimientos es bien conocido: es la sensación de segregación a la que están sometidas estas poblaciones en cuanto el acceso a la vivienda, el empleo y el ocio, debido a la xenofobia y el racismo, desde su llegada al territorio nacional. La interiorización de esta injusticia lleva a toda una juventud al resentimiento y, a veces, a la radicalización. Organizaciones, a menudo estructuradas a nivel internacional, prosperan en este terreno y aseguran con esta nueva identidad 'musulmana' una promoción efectiva, en una permanente sobrepuja que da a los más radicales a menudo mayor peso respecto a los más jóvenes o los más frágiles (entre estos últimos, un buen número de jóvenes conversos). El proyecto de estos grupos abiertamente segregacionistas, y que denuncian la integración como apostasía u opresión, va aún más allá. También se trataría de unir políticamente a estas poblaciones disociándolas de la nación francesa y agregándolas a una vasta 'nación musulmana'. Ya dijimos lo bien que nos parece que este proyecto se haya difundido y aplicado con la juventud escolarizada, especialmente entre estos alumnos de secundaria y bachillerato que a veces se niegan masivamente a identificarse como 'franceses' y toman como héroes a los partidarios de la guerra contra el mundo occidental".

No se puede expresar mejor que el problema no es un problema religioso sino político y que lo que está en juego no es una religión sino un proyecto político. Un proyecto de "disociación" de esta población para ponerla en contra de la nación francesa. Se podría también llamarlo una forma de fomento de la guerra civil. El año pasado, Jean-Pierre Obin y yo escribimos al Presidente de la República para pedir que nuestra República no siga abandonando a sus hijos a las redes salafistas que preparan el terreno para el yihadismo. Por mi parte, me resulta difícil permanecer como espectador de esta situación o contentarme con enseñar filosofía a mis alumnos como si no pasara nada. Ciertamente, el trabajo de un profesor permite desarrollar la capacidad de pensamiento crítico, pero ¿es esto suficiente frente a unos hábitos tan fuertes? ¿No es una situación esquizofrénica? Por eso, tras haber percibido los límites del trabajo de Parole à coeur ouvert, observé la porosidad de la asociación ante gente visceralmente hostil a los valores republicanos, y fundé con algunos amigos (algunos de los cuales están aquí presentes) un Círculo de Reflexión y Acción contra el Control Islamista. No queremos sustituir a las políticas públicas ni limitarnos a Trappes. Nuestro proyecto es mucho más amplio. Pronto podrán descubrir nuestras propuestas en nuestro futuro sitio web. Ya en nuestro instituto la directora ha iniciado un amplio proyecto de "prevención de fenómenos de radicalización a través de la emancipación". Este proyecto, en colaboración con la Prefectura y el Ministerio del Interior, se extenderá a lo largo de tres años y reunirá a los centros de enseñanza secundaria de Trappes (lo que supone, creo, cinco establecimientos). Importantes recursos financieros serán asignados para ponerlo en práctica. Un presupuesto fuera de lo común. Es un paso importante. Nosotros los profesores ya no podemos enseñar como antes, sólo siguiendo nuestro programa. También tenemos que preparar a nuestros alumnos para la ciudadanía y darles herramientas para entender el mundo en el que viven. Esta es nuestra misión principal.

Gracias por su atención."


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P.D.

Esto fue en 2018; estaría bien saber si el programa para emancipar a los jóvenes de Trappes está dando resultados.