sábado, 25 de mayo de 2024

El héroe de Nueva Caledonia, según Manuel Valls

Para entender mejor lo que ocurre en el archipiélago francés, aquí debajo va la traducción del capítulo sobre el héroe  "canaco" de Manuel Valls (capítulo que no figura en la traducción al español del libro "El valor guiaba sus pasos"


Jean-Marie Tjibaou, el Pacificador

Cuando dejé Francia por Barcelona en 2018, una de las cosas que más me costó fue renunciar a la misión que presidía desde 2017 en la Asamblea Nacional para el futuro de Nueva Caledonia, que incluía la preparación del referéndum. Me sentía apasionadamente unido a este territorio, que tiene el doble de extensión que Córcega y que he visitado muchas veces, y que me niego a llamar"le Caillou" [El Pedrusco], ya que la expresión no hace justicia a la belleza y grandeza de esta tierra. Me siento vinculado a sus habitantes, a su futuro y a su historia.

Pero es una historia con peso, hecha de heridas y humillaciones. Francia no siempre ha tenido el mejor papel en ella. Desde que tomó posesión del territorio en 1853, su política fue a menudo brutal, guiada por el deseo de favorecer la colonización europea a costa de los melanesios, que fueron desposeídos de sus tierras y sometidos al estatuto de indígenas. Los canacos casi desaparecieron. No sólo por las enfermedades que trajeron los europeos y la dura represión, sino también porque algunos se dejaron morir de desesperación. En 1918 sólo quedaban veintisiete mil canacos. Su población se había reducido a la mitad.

También es una historia de peso por los denegaciones del Estado francés. La primera vez tuvo lugar en los años cincuenta del siglo XX. La ley marco Defferre (1956) concedió a los canacos, convertidos en ciudadanos de pleno derecho, una autonomía considerable pero efímera: a principios de los años 60, la administración superior se la arrebató en favor de la departamentalización.

La segunda denegación llegó a mediados de los años ochenta. Si bien Edgard Pisani, ministro de François Mitterrand para Nueva Caledonia, había desbloqueado la situación proponiendo el concepto de "soberanía-asociación" (1984), la nueva mayoría tras las elecciones de marzo de 1986 dio un paso atrás. Para los canacos, Francia había incumplido su promesa. A partir de entonces creció un abismo de desconfianza e incomprensión que culminó dos años más tarde, en 1988, en los sucesos de Ouvéa, punto culminante de una tragedia. En aquellos años, la guerra civil se vislumbraba en el horizonte.

Gracias a un hombre como Jean-Marie Tjibaou (1936-1989), figura destacada del nacionalismo canaco, se evitó caer en el abismo. A pesar de los muertos, aceptó una vez más entablar conversaciones con Francia, apostó por los Acuerdos de Matignon y asumió el riesgo de estrechar la mano de su adversario, Jacques Lafleur, líder del movimiento antiindependentista, a sabiendas de que ello suscitaría incomprensión en su propio bando. El valor supremo de este hombre de paz le costó la vida.

Jean-Marie Tjibaou es una especie de Mandela. Los canacos lo saben, los habitantes de la Francia metropolitana no tanto. Detrás de su jovial bonhomía se esconde una grandeza innegable. Cuando se releen sus escritos, discursos y entrevistas, sorprende la profundidad de su pensamiento.

La historia del pueblo canaco está marcada por el sufrimiento. La familia de Jean-Marie Tjibaou tuvo que soportar más de la cuenta. Durante la revuelta de 1917, su abuela huyó de la represión con su hijo en brazos. Le dispararon, el niño cayó pero sobrevivió: Wenceslas se convirtió en el padre de Jean-Marie.

Jean-Marie creció en Tiendanite, en el valle del Hienghène. Un hombre desempeñó un papel importante, el padre Rouel, que vio a Jean-Marie y le animó a ir al seminario. Jean-Marie se hizo sacerdote. No hay que pensar que renegaba de sus raíces al emprender este camino religioso. En primer lugar, porque las iglesias cristianas de Nueva Caledonia habían desempeñado un papel históricamente importante en la defensa de los canacos, y los sacerdotes y pastores no dudaban en enfrentarse a los colonos. 

Jean-Marie Tjibaou también veía una continuidad entre su cultura y el mundo bíblico: "Si lees el Antiguo Testamento, encuentras similitudes con la cultura canaca: los mitos, las genealogías, etcétera. Nos sentimos muy cercanos a la Biblia, al Antiguo Testamento, e incluso al Nuevo Testamento...".

Este periodo estuvo dedicado a su formación intelectual. Tjibaou estuvo marcado por varias lecturas, por ejemplo la de Apollinaire Anova Ataba (1929-1966), sacerdote y canaco como él, quien le abrió los ojos a la situación de su pueblo. En 1968 pasó dos años en París, en la École Pratique des Hautes Études, y empezó a trabajar como etnólogo con Jean Guiart sobre "Los problemas de la identidad cultural canaca". A su regreso, se dio cuenta de que para ser plenamente canaco tendría que dejar de ser sacerdote. Volvió a ser laico en 1971 y se casó con Marie-Claude Wetta.

En 1977, Jean-Marie Tjibaou fue elegido alcalde de Hienghéne con una candidatura claramente independentista. Poco a poco se convirtió en una figura importante del movimiento canaco. En julio de 1983, participó en los debates de Nainville-les-Roches, organizados para preparar un nuevo estatuto. Representó a los independentistas frente a los partidarios de Jacques Lafleur, que querían seguir formando parte de la República. No se alcanzó ningún compromiso. En noviembre de 1984 se forma el FLNKS (Frente Canaco y Socialista de Liberación Nacional), cuya consigna es la independencia. Abogaba por un boicot activo de las elecciones: la imagen del militante Éloi Machoro rompiendo una urna dará la vuelta al mundo, y simboliza las dudas de los canacos respecto a la República.

La violencia se cocía y los ánimos se caldearon al máximo. El 5 de diciembre de 1984, cuando regresaban de una reunión en el ayuntamiento de Hienghéne, diez activistas canacos fueron asesinados en un lugar llamado Wan'yaat. Entre las víctimas se encontraban dos hermanos de Jean-Marie Tjibaou, Louis y Tarcisse.

"En ese momento", señala Alain Rollat en su excelente libro Tjibaou le Kanak, "tenía en sus manos el destino del archipiélago. Los activistas canacos le pedían que se vengara, ya que él había sido personalmente afectado por la tragedia: Hubiera bastado un grito de Jean-Marie Tjibaou, en la noche del 5 de diciembre, una palabra o un gesto de desesperación, para que toda Nueva Caledonia cayese en la hecatombre", escribe Rollat.

Pero esta palabra, o este gesto de desesperación, él encontraría la fuerza interior para contenerlos. Diría esta frase profunda, que podría definir toda su acción política: "Los muertos sólo pueden ser vengados mediante la victoria sobre nosotros mismos, con la independencia como meta".

Las elecciones de 1986 crean una nueva situación. Jacques Chirac se convierte en Primer Ministro. Bernard Pons, Ministro de los Departamentos y Territorios de Ultramar, se niega a dialogar. Jean-Marie Tjibaou presiente el desastre. Intentó movilizar a la opinión pública de la Francia metropolitana escribiendo una "Carta abierta al pueblo francés": "El colonialismo desfigura a un pueblo y lo debilita, a pesar de las apariencias inmediatas. Es la descolonización la que lo hace crecer y fortalecerse. No echemos a perder las oportunidades de solidaridad y amistad entre los pueblos canaco y francés. Como bien saben, la independencia es la única manera de preservarla".

Jean-Marie Tjibaou, desgarrado, vio venir la sangre. En este contexto de tensiones crecientes se produjo la tragedia de Ouvéa. El 22 de abril de 1988, cuatro gendarmes murieron en un ataque a la brigada de Fayaoué, en la isla de Ouvéa, y los demás fueron tomados como rehenes por dos grupos. Uno de los dos grupos se rindió, pero el otro se llevó a sus rehenes (quince personas) a una cueva del norte de la isla. El 4 de mayo, el GIGN y las fuerzas especiales los liberaron. Pero a costa de diecinueve muertos entre los canacos y dos más entre los soldados franceses.

Pocos días después, Michel Rocard, el nuevo primer Ministro de François Mitterrand, recibió el encargo del asunto. Le oí hablar a menudo de su compromiso anticolonialista, que fue la raíz de su militancia. Le obsesionaba un escenario a la argelina. Pero había que reconstruirlo todo, empezando por la confianza. En primer lugar, creó una misión dirigida por Christian Blanc, que había participado en la misión de Pisani en 1984, y cuyo rigor moral y sentido del Estado eran reconocidos por todos. Se rodeó de hombres que representaban las principales corrientes espirituales: un católico, el canónigo Guiberteau, un protestante, Jacques Stewart, un francmasón, Roger Leray, y para completar el equipo, Pierre Steinmetz, alto funcionario, considerado de la derecha, próximo a Raymond Barre, y el abogado Jean-Claude Périer.

Esta misión consiguió renovar los hilos del diálogo. En su libro La Force des racines Kanak en Nouvelle Calédonie,  Christian Blanc relata este camino sembrado de escollos. El primer encuentro con Jean-Marie Tjibaou fue decisivo. Éste recibió a la delegación con un discurso en el que expresaba sin rodeos su pérdida de confianza en la palabra de Francia ("Nos han humillado constantemente"), pero al mismo tiempo su determinación de seguir adelante: "Necesitamos asistencia sobre el terreno para ayudarnos a asumir la responsabilidad de construir. [...] El resultado del trabajo, el reparto del trabajo, requiere que podamos trabajar, necesitamos poder crear obras en las costas este y oeste [...]. y en las Islas Loyauté. Nuestro destino no depende de limosnas y lloriqueos. No depende del alcohol. El destino no está en el fondo de la botella."

Pero unos días después, el pesimismo y la duda parecían haber vuelto a la mente de Tjibaou. Para hacer avanzar las cosas, Christian Blanc tuvo una idea. Le pidió que describiera la Nueva Caledonia de sus sueños. Tjibaou sonrió: "¿Un sueño como el de Martin Luther King?" En su pequeña habitación del ayuntamiento de Hienghéne, bajo el retrato de François Mitterrand, se sinceró como nunca, mientras la delegación tomaba notas. Fue un momento que cambiaría muchas cosas. Las primeras palabras que le vinieron a la mente fueron: "Tener el país más bello del Pacífico. [...] Polinesios, oceánicos y asiáticos vivirían allí. Los europeos no tendrían nada que perder con ello".

Su visión de los activos de Nueva Caledonia es amplia, más allá de la economía: "La riqueza está ligada al patrimonio. El níquel, por supuesto, pero sobre todo el mar, el agua, la luz, la playa, el placer de la vista". Y concluye: "Lo esencial es el respeto de la identidad canaca y de una civilización secular ignorada por los occidentales". Y añade: "Lo que queremos es soberanía".

Pero la confianza debe basarse también en un método. Christian Blanc tuvo que convencer al líder del FLNKS  de que Francia no faltaría a su palabra. Le dijo a Tjibaou: "Usted no se fía del Gobierno francés, de acuerdo, pero ¿se fiaría del pueblo francés? Y Tjibaou responde: "Eso es otra cosa."

Esta pequeña frase es un compromiso con el futuro. Se abría una puerta. Tjibaou aceptó de nuevo negociar, con la idea de que si el pueblo sancionaba un futuro acuerdo en referéndum, el gobierno francés no podría faltar a su palabra. Fue, por tanto, un punto de inflexión. Las conversaciones desembocaron en los Acuerdos de Matignon.

En uno de sus últimos libros, Faire la paix. Ce que nous enseigneent les accords de Matignon, Michel Rocard relata con franqueza y libertad las entretelas de este acuerdo, que yo no viví personalmente, ya que sólo me incorporé a su gabinete como responsable de las relaciones con la Asamblea Nacional unos días más tarde.

Subrayaba en él hasta qué punto todos los participantes eran plenamente conscientes de la gravedad de lo que estaba en juego, tanto por responsabilidad política como por consideraciones personales. La muerte y la enfermedad rondan la mesa de negociaciones. La idea de la muerte nunca abandonó a Jean-Marie Tjibaou. No podía olvidar que hablaba en nombre de los muertos de Ouvéa, en nombre de sus hermanos muertos en la emboscada de Hienghéne. En cuanto a Jacques Lafleur, su enfermedad hacía tiempo que había hecho mella en él. Sufrió dos infartos y tenía que acostarse cada tres o cuatro horas. Se sometería a una tercera operación quince días después de los acuerdos.También a él le perseguía la muerte y el deseo de dejar un futuro viable a la próxima generación. Michel Rocard también fue golpeado en carne propia, aquejado de un doloroso cólico nefrítico que requirió su hospitalización en Val-de-Grâce. Estas fragilidades personales e íntimas de cada uno de los protagonistas daban un giro dramático a las negociaciones.

El método de Rocard, siguiendo los pasos de Pierre Mendès-France, consistía en poner a ambas partes contra la pared imponiendo un tiempo de negociación muy corto. En Faire la paix, Michel Rocard da cuenta del discurso que pronunció ante las dos delegaciones: "Es sábado por la noche; estoy libre hasta el martes a mediodía. Hay aquí para comer y dormir, pero no habrá otra reunión. Nos iremos de aquí el martes como muy tarde con la paz o la guerra". Y Rocard comenta: "Aprendí este método brutal de negociación en Bruselas, ¡es la técnica del Consejo agrícola!". Aquí tenemos al protestante Rocard reviviendo la moda del cónclave...

Al final, no hubo necesidad de esperar hasta el martes. El domingo 26 de junio, en la escalinata del palacio de Matignon, Michel Rocard, todo sonrisas, pudo anunciar que había un acuerdo. Jean-Marie Tjibaou y Jacques Lafleur estaban a su lado. Tras una leve vacilación, se dieron la mano.

Con este acuerdo, Michel Rocard demostró que es posible crear en política, inventar en política y superar el fatalismo.

Más que una auténtica resolución del conflicto, se trata de un paréntesis temporal de una solución institucional. El principio fundamental de las negociaciones era aplazar diez años el referéndum de independencia, con el objetivo de desarrollar mientras tanto a una clase dirigente canaca. Jean-Marie Tjibaou y Jacques Lafleur aceptaron esta apuesta, sancionada por el voto francés en el referéndum de noviembre de 1988.

Unas semanas después de los Acuerdos de Matignon, Michel Rocard visitó Nueva Caledonia en agosto de 1988. El 26 de agosto, en Numea, pronunció un discurso de coraje y verdad ante los caldoches, franceses de origen europeo: "La única posibilidad de escapar a la violencia es pasar la página de un sistema desigual [...]. La Nueva Caledonia de papá se ha acabado [...]. Hubo un tiempo para el perdón, ahora es el momento de compartir".

El 27, en Poindimié, hizo la misma petición a los canacos: "¿Queréis compartir los frutos del trabajo? Me parece justo. Pero para ello, primero tenéis que poneros a trabajar, porque aunque el dinero puede regar el campo, no aporta las semillas de los proyectos ni el saber hacer del agricultor. Poneos a trabajar: construir la Nueva Caledonia de vuestras esperanzas es la única manera de evitar estar en la beneficencia. No se puede comprar la dignidad de un pueblo con subvenciones [...]".

Jean-Marie Tjibaou se hace eco de este llamamiento a iniciativas concretas, y no cesa de repetir, con su característico sentido de la formulación: "De nada sirve salir por la puerta grande de la independencia si mañana hay que volver por la ventana de la mendicidad".

El hombre escucha la voz de su interior que quiere construir. Pero otros escuchan la voz de la destrucción. El 4 de mayo de 1989, Jean-Marie Tjibaou y su antiguo compañero Yeiwéné Yeiwéné fueron asesinados por un miembro del FLNKS, Djubelly Wéa, durante la ceremonia de duelo organizada en Wadrilla, en la isla de Ouvéa, ante las tumbas de las víctimas de los sucesos de 1998, un año antes. Michel Rocard, muy emocionado, reaccionó ante las cámaras: "La comunidad canaca ha perdido a un líder generoso, Nueva Caledonia ha perdido a un hombre de la reconciliación, y yo he perdido a un amigo".

Pero la paz estaba en camino. Diez años después de los Acuerdos de Matignon, en 1998, Lionel Jospin firmó los Acuerdos de Numea, que reiteraban el principio de los Acuerdos de Matignon: retrasar el referéndum de independencia -esta vez veinte años- para preparar mejor a la clase política melanesia para el liderazgo. Existe una continuidad en la política francesa, lo bastante excepcional como para mercer ser destacada.

He resumido a grandes rasgos la carrera de Jean-Marie Tjibaou. Aunque estos episodios sean bien conocidos, merecen ser recordados. Lo que es menos conocido, menos célebre que su coraje, son las cualidades de Tjibaou como teórico. Si releemos sus discursos y sus diversas intervenciones, nos daremos cuenta de la sutileza y flexibilidad de su pensamiento. Sobre la noción de tradición, por ejemplo. Tuvo mucho cuidado de no dar una definición demasiado rígida de su pueblo. Para él, identidad no es fijeza: "Queremos proclamar nuestra existencia cultural. Queremos decir al mundo que no somos supervivientes de la prehistoria, ni mucho menos reliquias arqueológicas, sino personas de carne y hueso".

Y para remachar la cuestión de esta identidad cambiante, que se aplica a los canacos como a todos los pueblos, contrapone las nociones de  lo tradicional y la tradición: "Siempre hablamos de cultura tradicional, pero ¿qué es tradicional? Lo que otros vivían antes. Pero dentro de cien años, lo tradicional será lo que nosotros vivimos hoy, y dentro de mil años, lo que ustedes viven hoy... ¡puede valer su peso en oro! Creo que tenemos una concepción demasiado arqueológica de la cultura...".

Para el futuro, imagina una modernidad canaca que no caiga ni en la adoración de las mercancías ni en el deseo de aferrarse a la tradición. En cuanto al desarrollo económico, adopta el mismo enfoque flexible que con la tradición: "La economía no forma parte de nuestro patrimonio. Tenemos que utilizar la economía, pero nunca seremos los mejores en una competición con los europeos, porque para ellos la economía forma parte de su sistema cultural. No tenemos elección, a menos que nos neguemos a aceptar la soberanía. O nos quedamos como estamos y malvivimos, o utilizamos la economía, luchamos e intentamos promover nuestros valores, sabiendo que no existe la sociedad perfecta".

En la actualidad, el sistema establecido por los Acuerdos de Matignon y Numea está llegando a su fin. Nueva Caledonia se encuentra en una encrucijada. Después de tres consultas, cada una de las cuales dio como resultado una mayoría a favor de permanecer en Francia, vamos a tener que idear algo diferente. No tengo una solución prefabricada, pero creo que sólo podremos tener éxito aprendiendo de lo que ha funcionado en los últimos treinta años. Aunque admiro la trayectoria y el valor de Jean-Marie Tjibaou, indisociables de los de Jacques Lafleur, sigo siendo partidario del vínculo con Francia. Sin Nueva Caledonia, Francia pierde una chispa de la diversidad que la hace grande. Sin Francia, Nueva Caledonia pierde el control de su destino. El futuro es, pues, incierto. Pero al menos ese futuro existe. Jean-Marie Tjibaou ha tenido mucho que ver en ello.

***





jueves, 16 de noviembre de 2023

La rendición vista desde Francia

Una tradu exprés pero importante de esta tribuna de hoy en Le Monde:


Manuel Valls y Benoît Pellistrandi: "El acuerdo alcanzado por el Gobierno español con los independentistas catalanes es una rendición incondicional".

TRIBUNA

Manuel Valls Ex Primer Ministro - Benoît Pellistrandi Historiador

En un artículo publicado en Le Monde, el ex primer ministro Valls francés y el historiador  Pellistrandi sostienen que el acuerdo gubernamental hecho público el 9 de noviembre, que permite al presidente del Gobierno español saliente volver al cargo con el apoyo de los independentistas catalanes, es una "descalificación intelectual y moral de la democracia española".


"Tres meses y medio después de las urnas, el 23 de julio de 2023, Pedro Sánchez reunirá una mayoría parlamentaria que le permitirá ser investido presidente del Gobierno. La nueva mayoría, que incluye a los socialistas y a la coalición de izquierdas Sumar, suma a los nacionalistas e independentistas vascos y a los independentistas de Izquierda Republicana de Cataluña [ERC], más los siete diputados imprescindibles de Junts per Catalunya, el partido independentista del expresidente catalán Carles Puigdemont.

El acuerdo hecho público el 9 de noviembre expone las concesiones unilaterales que el PSOE hace a las exigencias de un partido dirigido por un hombre que, durante seis años, ha eludido sus responsabilidades penales ante los tribunales españoles. Pronto ya no tendrá que responder de nada, pues acaba de presentarse en el Parlamento una ley de amnistía general. Impedirá cualquier procesamiento y levantará todas las condenas y procesamientos derivados de las diversas acciones ilegales y las numerosas manifestaciones violentas que estos políticos catalanes protagonizaron con el objetivo de proclamar unilateralmente la independencia de su región. Provocaron una respuesta muy firme, primero del Rey Felipe VI, luego del Gobierno del PP, con el apoyo del PSOE y de la judicatura.

La condición de una amnistía -respecto de la cual los socialistas habían insistido, durante la campaña electoral, en que era inconstitucional y no tenía nada que ver con sus intenciones- ha sido finalmente aceptada. Pedro Sánchez reconoció que tuvo que "hacer de la necesidad virtud". Y ello a pesar de las numerosas reservas, expresadas en particular de forma muy argumentada por Felipe González, expresidente del Gobierno socialista (1982-1996), quien advirtió en la página web de su fundación el 7 de noviembre de que este acuerdo sería peligroso para España; o por Juan Luis Cebrián, que hizo lo propio el 13 de noviembre en las páginas de El País, del que fue primer director.

Nacionalismo étnico-tribal

En realidad, el acuerdo alcanzado es una rendición incondicional de los socialistas al relato independentista radical de Carles Puigdemont. ¡En la exposición de motivos, los dos partidos se remontan a la Guerra de Sucesión -1714- para justificar el acoso político de la España castellana a la víctima Cataluña! Y las tesis de un nacionalismo étnico-tribal son validadas sin la menor cautela. El movimiento independentista catalán ha sabido imponer hábilmente la existencia de dos soberanías opuestas. Por un lado, el pueblo, una supuesta mayoría -en el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017, que no ofreció ninguna garantía jurídica, los catalanes que votaron sí a la independencia sólo representaban el 38,07% de los inscritos en el censo-; por el otro, las "instituciones" -nada en el texto recuerda que se trata de las instituciones democráticas de España-, validadas por un referéndum masivo el 6 de diciembre de 1978 y vitalizadas por cuarenta y cinco años de práctica democrática.

Peor aún, el acuerdo estipula que el poder parlamentario podrá investigar cualquier manipulación política de la que hubiera podido ser culpable el poder judicial español. Carles Puigdemont hizo firmar al PSOE que los procesos por abuso de poder y malversación de fondos eran materia de persecución política y no de aplicación del derecho común.

En una declaración conjunta, todas las asociaciones de magistrados y el conjunto de la judicatura denunciaron inmediatamente este atentado contra la separación de poderes.

Junts también consiguió que se estableciera un "mecanismo internacional de acompañamiento, verificación y seguimiento" para este acuerdo político, como si se tratara de una salida a un conflicto entre dos Estados. A esto hay que añadir una serie de cuestiones fiscales y presupuestarias que ponen en entredicho la igualdad entre españoles y la financiación de las comunidades, basada en la perecuación solidaria entre las regiones ricas (Madrid, Cataluña, Baleares) respecto a las demás.

Al margen de las previsibles reacciones de la oposición de derechas -que Pedro Sánchez esperaba con impaciencia para presentarse como un estadista de la reconciliación frente a la derecha del odio-, gran parte de lo que contiene este acuerdo sólo podrá lograrse si la arquitectura institucional de España se pone totalmente patas arriba. Esto no será posible en el marco actual de los mecanismos de reforma constitucional, a menos que se prescinda de las normas del Estado de Derecho. Pero es indudable que Pedro Sánchez ha elegido a sus aliados parlamentarios en el campo de quienes niegan a la Constitución española su dimensión democrática, empezando por los herederos políticos de la banda terrorista ETA, los diputados de EH Bildu.

Socavar el Estado de Derecho

Pero el acuerdo no es sólo un engaño. Es una descalificación intelectual y moral de la democracia española. La Constitución de 1978 resolvió por consenso los grandes problemas históricos de España. Pedro Sánchez somete así al PSOE al giro más radical, y más contrario a su identidad, de toda la historia de la democracia, con unos independentistas catalanes aprovechando descaradamente la posición de fuerza que les da esa llave parlamentaria de siete diputados.

Como europeos, debemos estar extremadamente preocupados por esta deriva de un gran país que va camino de socavar el Estado de Derecho. Sabíamos que el nacionalismo era peligroso: lo está demostrando al amenazar un gran éxito democrático en nombre de ideas fantasiosas, de una falsificación de la historia y de una reivindicación étnica del pueblo catalán. Hubiera estado bien que la gran socialdemocracia española mostrase más valentía y coherencia con su historia, y que hubiera opuesto a la exclusión y al odio la comprensión y el consenso. ¿Cómo puede justificar Pedro Sánchez su negativa a dialogar con el principal partido español, el Partido Popular, y a aceptar las condiciones leoninas de un partido que sólo tiene el 1,6% del voto nacional y el 11,16% del voto catalán?

Por nuestros lazos personales con España, nos consterna verla atrapada por sus demonios interiores en un momento en que el mundo está en llamas y cuando, por la fuerza de su historia, podría estar aportando una voz indispensable, como hizo en su día al acoger en 1991 la conferencia sobre la paz en Oriente Próximo, en lugar de aceptar su relegación internacional, a la que está condenada por la ceguera geopolítica de unos aprendices de brujo del nacionalismo".

Benoît Pellistrandi es historiador y autor de Fractures de l'Espagne (Gallimard, 2022). Manuel Valls, ex primer ministro francés (2014-2016), fue concejal de Barcelona (2019-2021).

sábado, 5 de agosto de 2023

Trump transcrito

 Transcripción de la super-entrevista de KAITLAN COLLINS en la CNN el pasado 11 de mayo al expresidente, aquí en inglés, con un vocabulario evaluado al nivel del de un niño de 8 años.


Y aquí una tradu exprés:  [en curso traducción completa a lo largo de la mañana]


Demos la bienvenida al favorito para la nominación republicana, el expresidente Donald Trump.


DONALD TRUMP, EX PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS: Gracias.


TRUMP: Gracias a usted.


COLLINS: ¿Cómo está? Gracias por estar aquí esta noche.


TRUMP: Me alegro de verte.


TRUMP: Gracias.


PUBLICIDAD


COLLINS: Tienes bastante público.


TRUMP: Gracias.


COLLINS: Presidente Trump, gracias por su tiempo aquí esta noche.


TRUMP: Gracias.


COLLINS: Tenemos una gran multitud aquí en New Hampshire, muchos votantes con muchas preguntas sobre cómo sería su mandato en 2024, cómo sería otro mandato de Trump.


Llegaremos a los votantes en breve, pero sus encuestas muestran que está dominando la carrera republicana en este momento, pero también está bajo investigación federal por tratar de anular los resultados de las elecciones de 2020. Su primer mandato terminó con un motín mortal en el Capitolio, y todavía no ha reconocido usted públicamente los resultados de las elecciones de 2020.


Por qué deberían los estadounidenses volver a colocarlo en la Casa Blanca?


TRUMP: Porque lo hicimos fantásticamente. Obtuvimos 12 millones de votos más de los que tuvimos en... como saben, en 2016. En realidad digo que lo hicimos mucho mejor en esa elección, obtuvimos la mayor cantidad que alguien haya obtenido como presidente en ejercicio de los Estados Unidos.


Creo que, cuando miras ese resultado y cuando miras lo que sucedió durante esa elección, a menos que seas una persona muy estúpida, ves lo que sucede.


Mucha gente -mucha gente de esta audiencia y quizá un par o tres que no, pero la mayoría de la gente entiende lo que pasó.


Fueron unas elecciones amañadas, y es una pena que hayamos tenido que pasar por ello. Es muy malo para nuestro país. En todo el mundo, lo vieron, y vieron exactamente lo que todo el mundo vio. Y usted ve - incluso si usted mira sólo recientemente con los 51 agentes de inteligencia, que hubo una diferencia de 16 puntos. Si nos fijamos en el FBI...


Pero, Sr. Presidente...


TRUMP: Si nos fijamos en el FBI y en Twitter -lo llaman los Archivos de Twitter -, eso supuso una gran diferencia. Si nos fijamos en True the Vote...


COLLINS: Señor Presidente, volviendo a lo que acaba de decir, no fueron unas elecciones amañadas. No fueron unas elecciones robadas.


Usted y sus partidarios perdieron más de 60 casos judiciales sobre las elecciones. Y han pasado casi dos años y medio. ¿Puede reconocer públicamente que perdió las elecciones de 2020?


TRUMP: Pero déjeme -... déjeme continuar.


Si nos fijamos en True the Vote, encontraron millones de votos en las cámaras, con las cámaras del gobierno, donde estaban rellenando urnas.


Así que, con todo eso, creo que es una vergüenza...  lo que pasó. Creo que es algo muy triste para nuestro país. Creo que es una cosa muy triste, francamente, para el mundo, porque, si nos fijamos en lo que le ha pasado a nuestro país, nuestro país se ha ido al infierno. Nuestras fronteras están mal. Nuestro ejército está mal.


Miras los impuestos, miras la inflación, lo que ha pasado con la inflación, simplemente está destruyendo nuestro país. Realmente nos hemos convertido, en muchos sentidos, en un país del Tercer Mundo. Y es muy triste lo que ha pasado en esta administración. Y es algo que cambiaremos el primer día.


Éramos energéticamente independientes. Ahora la energía está a un nivel que nunca hemos tenido que pagar antes. Nadie puede permitirse seguir pagando lo que está pasando con la energía. Pero éramos energéticamente independientes. Y estábamos saliendo de Afganistán con fuerza y con dignidad. Y, en cambio, salimos, pero parecíamos tontos...

 (continuará...)



martes, 30 de mayo de 2023

El fin de la mascarilla y otras hierbas

Conversando con: FERNANDO GARCÍA ALONSO


La ciencia probable: un balance razonable  y razonado tres años después de la pandemia

 

 

 

“La OMS, un títere de los chinos, ha bailado al son de la música que marcaban los Gobiernos. Carece de cualquier tipo de autoridad científica y moral”


 

Tres años después, ahora que el Covid ha dejado de ser portada recurrente en los medios y da una importante tregua (al menos en gran parte del mundo), parece llegado el momento de hacer cierto balance sobre la pandemia, seguramente el acontecimiento a escala mundial más relevante de los últimos años.

Charlamos sobre este asunto (y sobre algo de ciencia) con el doctor Fernando García Alonso (Madrid, 1955), toda una vida profesional entre la moqueta de los despachos oficiales y el cemento de los polígonos de las farmacéuticas: fue Director de la Agencia del Medicamento y ocupó varios cargos relevantes en el Ministerio de Sanidad; asimismo fue una temporada representante español en la Agencia Europea del Medicamento; atesora una dilatada experiencia docente (en la Autónoma de Madrid) y como directivo de diferentes empresas farmacéuticas. En situación técnica, como dice él, de “jubilación activa”, sigue en la brecha como autónomo asesorando a algunos actores del sector privado.

 


García Alonso comenta que en este tema de la pandemia (pero no sólo en este) el mundo se puede dividir entre los oficialistas viscerales, los negacionistas fanáticos y, en medio ¡y sin duda los menos malos!, los escépticos. En el caso del Covid son los que  llama los "barringtonianos", grupo de prestigiosos científicos del American Institute for Economic Research contrario a las cuarentenas y confinamientos durante la pandemia y en cambio favorables a una “protección focalizada” de las personas más vulnerables o a anhelada la inmunidad de rebaño.

Más modesto, él aboga por matizar y tomar en cuenta todos los argumentos en su justa medida y sin a prioris. Si en  la vida civil a esto se le puede llamar discernimiento, en ciencia consiste en la duda metódica y la aceptación de la evidencia empírica; en ella se presupone la honestidad intelectual de no soslayar aquello que cuestione las propias tesis, por dolorosa que sea la herida narcisista. Nos brinda un balance razonado tres años después de la pandemia.

El factor humano es, naturalmente, ineludible y entraña sesgos. Cuando hablamos de política, además, de sesgos institucionales, tal vez los más peligrosos para las sociedades.

Un reciente meta-estudio del prestigioso Instituto Cochrane, capitaneado por el epidemiólogo y profesor de Harvard Thomas Jefferson. apunta a que la utilización de mascarillas apenas influye en la transmisión de virus respiratorios o, incluso, no lo hace en absoluto. El documento no se dio a conocer por razones políticas durante la pandemia: ahora sale a la luz enriquecido con dos estudios que corroboran el escaso impacto de las mascarillas en relación concretamente con el virus del Covid.

Hace dos meses la OMS, actualizando sus directrices, recomendó el uso de la mascarilla para “cualquier persona que se encuentre en un espacio abarrotado, cerrado o mal ventilado”.

Hemos quedado con él en Casa Mono, un antiguo matadero de pollos, hoy lleno de libros, en calle del Tutor (Argüelles). Ha venido con una de las muchas burras de gran cilindrada que colecciona, y con la que se desplazará en breve para pasar unos días de Semana Santa en la casona familiar de Daimiel. El “abuelitronco”, como lo llaman sus nietos, escoltará el coche en el que viajará el resto de las tres generaciones de la tribu.

 

Cuestionario:

-El estudio Cochrane es bastante tajante sobre la ineficacia de las mascarillas,  pero la letra pequeña reconoce la poca solidez de muchos de los estudios, por heterogéneos, incompletos o por la metodología. Con todo, parece la aproximación más seria sobre las barreras físicas dado el gran número de estudios y de personas analizadas (más de 600 mil).  ¿Qué opina del estudio? ¿Se han caído por fin las mascarillas?

 R: La metodología del estudio es la correcta, un meta-análisis de los ensayos clínicos publicados. Los resultados son claros: no se consigue demostrar que las mascarillas tengan capacidad protectora frente a los virus respiratorios. Se trata pues de una pieza valiosa para extraer conclusiones sobre la utilidad del uso de las mascarillas; sin embargo, estos resultados deben analizarse a la luz de otros muchos datos existentes. Da la impresión de que Tom Jefferson, que trabaja para el Browstone Institute, pretende obviarlos. Este Instituto forma parte del movimiento “Great Barrington”, que, en algunos aspectos, parece comportarse como una secta: sus clérigos solo tienen en cuenta los datos que van a favor de sus tesis, obviando los que contradicen sus conclusiones.

 

no se ha podido comprobar si  las mascarillas funcionan. Estamos en un estado de incertidumbre, situación habitual en la ciencia




 

-Es decir, la evaluación Cochrane podría tener ese sesgo “barringtoniano”… Pero además ¿no es pobre estructuralmente? Nuestro gozo en un pozo…

 

R: Así es, aunque hay que admitir que lo de la heterogeneidad de los estudios incluidos es inherente a la metodología utilizada. En resumen, no se ha podido comprobar si  las mascarillas funcionan. Estamos en un estado de incertidumbre, situación habitual en la ciencia.

-Cuánto cuesta aceptar esa incertidumbre cuando esperamos respuestas de la ciencia. ¿Qué hubiera debido hacerse para ajustar mejor el tiro?

 

R: Algunos de los ensayos clínicos incluidos en el pool de análisis sí que son capaces de demostrar la eficacia de las mascarillas, pero por cuestiones relacionadas con su diseño no son una prueba concluyente. Precisamente esta es la razón que lleva a Jefferson a analizar conjuntamente diferentes estudios y comprobar si ese análisis global pudiera darnos resultados robustos. Como he comentado, esto no ocurre.

 - ¿Deberíamos renunciar a esperar relaciones causales y limitarnos más modestamente a meras correlaciones?

 

R: Los estudios observacionales son los más sencillos de realizar; se han hecho muchos, pero solo son capaces de suministrarnos correlaciones o asociaciones que carecen de la capacidad de establecer relaciones causales.

 -¿Qué propone pues como buena metodología?

 R: La única forma de obtener resultados concluyentes sería realizar un gran estudio que fuera capaz de aleatorizar poblaciones, es decir, la mitad de los habitantes de una ciudad usarían mascarilla, y la otra mitad, no. Quién la usaría y quién no se decidiría mediante una distribución aleatoria o randomización, que es lo que define metodológicamente a un ensayo clínico, la única herramienta conocida para establecer relaciones causa-efecto. Esta forma de actuar es infinitamente más robusta que la aproximación Cochrane, pero parece que no es factible. Teóricamente sí que se podría hacer, pero hasta ahora nadie ha tenido la capacidad de llevarlo a cabo.

 -¿Por qué motivo?

 R: Supondría una intromisión inaceptable en la vida de los ciudadanos decidir por sorteo si usas mascarilla o no. Quizás los chinos en Wuhan lo podrían haber hecho.

 -Eso y cosas muchos peores… Se deduce del estudio que no hay apenas diferencia entre las mascarillas normales y las de máxima calidad FFP2/KN95, las conocidas como de quirófano. ¿Cómo se explica esto?

 R: El estudio de Jefferson no puede discriminar eso, sus conclusiones dependen de la calidad de los estudios introducidos en el pool, y esta es muy baja,

 -¿Qué hacer ante tanta incertidumbre?

R: Existen pruebas sólidas de que las mascarillas en estudios de laboratorio protegen de los virus respiratorios. Se ha podido comprobar cómo el spray que contiene estos virus no es capaz de atravesar dispositivos del tipo FFP2/ KN95 (mascarillas profesionales), lo cual justifica sus uso en hospitales, particularmente en áreas quirúrgicas y de cuidados intensivos. Los sanitarios llevan estas mascarillas ajustadas y las renuevan periódicamente. Esto es difícilmente extrapolable al público en general, aunque determinadas personas en circunstancias concretas podrían utilizarlas, igual que se hace en los hospitales.

-Y obtendrían por lo tanto una protección real. ¿El mensaje honrado a la población no hubiese debido de ser: “La ciencia acredita que solo las mascarillas profesionales debidamente utilizadas protegen de la contaminación por virus respiratorios”?

R: Añadiría que “la comunidad científica no ha sido capaz de comprobar si este efecto puede extrapolarse a la población general en circunstancias diferentes”.

-Habría que ver si la gente aceptaría llevar ese tipo de mascarilla tan ajustada, aparte de renovarla a cada rato. ¿Significa esto que la tradición asiática de llevarlas (mal llevadas probablemente) cuando hay contaminación o virus estacionales resulta muy poco eficaz?

R: Los asiáticos se benefician del uso de mascarillas cuando hay contaminación, respecto de los virus como vengo diciendo estamos en situación de incertidumbre.

- Todo esto, dice el estudio Cochrane, se sabía antes de la pandemia. ¿Por qué entonces la OMS, el comité sanitario de crisis de la UE, y casi todos los comités técnicos de los países del primer mundo preconizaron el uso de la mascarilla (especialmente a partir del momento en que hubo stocks)? ¿Por qué semejante consenso científico y apenas voces discrepantes?

R: Partiendo de la base de la incapacidad de hacer un estudio epidemiológico capaz de demostrar la utilidad de las mascarillas, unido a los datos conocidos de su utilidad en situaciones controladas, los Gobiernos tomaron la decisión de recomendar su uso para “hacer ver que hacían algo”.

-Eso dice también Jefferson… “Para hacer ver…”. Resulta algo deprimente.

 

“Los Gobiernos tomaron la decisión de recomendar su uso para “hacer ver que hacían algo””

 




 

R: Consenso científico no ha habido nunca, es imposible que lo haya si la prueba necesaria no se ha podido llevar cabo. Opiniones discrepantes las ha habido pero, dada la incertidumbre existente, los discrepantes en general han optado por la prudencia. La OMS, un títere de los chinos, ha bailado al son de la música que marcaban los Gobiernos. Carece de cualquier tipo de autoridad científica y moral, y han sido instituciones como el CDC [Centro de control y prevención de enfermedades] norteamericano las que han marcado la pauta. Sin embargo, el papel de esa institución bajo el mandato de Trump ha distorsionado gravemente las  decisiones del propio CDC.

- Si apenas han servido para nada las mascarillas, no habría sido preferible al menos obtener el beneficio de no llevarlas, no sólo económico, sino también dermatológico, psicológico, etc.? ¿Es una enseñanza para futuras pandemias de virus respiratorios?

R: Insisto, no se puede afirmar que “apenas han servido para nada”, simplemente no lo sabemos. Ante una próxima pandemia, que llegará indefectiblemente antes o después, estimo que tendremos nuevas herramientas metodológicas, diferentes del ensayo clínico. para demostrar relaciones causa-efecto.

-Debemos conformarnos de momento con que correlación no es siempre causalidad…

R: El conocido aforismo, casi un mantra, “correlación no implica causalidad” nos remite a un problema que transita por la filosofía y la ciencia desde hace siglos: cómo distinguir una verdadera relación causa-efecto entre dos fenómenos de una correlación, o aun de una asociación espuria entre ellos. Que en el fondo es responder a la pregunta clave cuando nos enfrentamos a la naturaleza: ¿por qué? Y en este terreno asistimos desde hace poco más de una década a un cambio sustancial, derivado de los trabajos, entre otros, de un científico computacional, Judea Pearl, reciente Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento.

-Casi nada: pasar del cómo al por qué, es una salto cualitativo…

R: En este punto parece obligado hacer un apunte sobre los progresos realizados en este terreno.

 -¿En qué sentido?

R: El método del que disponemos desde el siglo pasado para resolver el problema, cuando abordamos el estudio de un fenómeno, las pruebas controladas aleatorizadas (los ensayos clínicos, por ejemplo), deja fuera un tipo de estudios científicos en los que no es posible intervenir sobre el fenómeno y los diferentes factores que actúan sobre él, y en el que solo contamos con observaciones, con datos de tipo estadístico o demográfico.

-¿Qué otras herramientas pueden existir que no sean ensayos clínicos?

R: En la actualidad no tenemos ninguna debidamente validada.

 - ¿Quiere esto decir que no hay forma de determinar las causas en muchos casos? ¿No hay manera de que se pueda responder a los porqués, y hemos de limitarnos a intentar resolver los “cómo”?

R: Ese es justamente el dilema que abordó Pearl desde su amplio conocimiento del pensamiento probabilístico bayesiano —nacido del teorema del famoso reverendo Bayes—, que es lo mismo que decir el pensamiento racional: cómo actualizar mis creencias o suposiciones actuales sobre un fenómeno a partir del descubrimiento de nuevos factores. El teorema de Bayes es lo que nos permite convertir este esquema de razonamiento en números concretos, en probabilidades.


“el pensamiento probabilístico bayesiano: cómo actualizar mis creencias o suposiciones actuales sobre un fenómeno a partir del descubrimiento de nuevos factores…”


- La ciencia entendida como mero conocimiento probabilístico…

R: Hace décadas Pearl desarrolló las redes bayesianas para modelar los casos de estudio en los que existen numerosos factores y resultados posibles, encadenados e interdependientes entre sí. Nacieron para simplificar el cálculo de las probabilidades de cualquiera de los elementos que contienen dichas redes cuando cambia la probabilidad de que se dé alguno de ellos, y es una herramienta masivamente utilizada en la actualidad en los algoritmos del Machine Learning. Siendo muy útiles, el caso es que no podemos inferir qué son causas y qué son efectos simplemente con esta técnica: seguimos moviéndonos en el terreno de las correlaciones o asociaciones.

-¿Y en qué es esto revolucionario pues?

R: Es que el salto se produce cuando Pearl descubre, años después, que si modifica las redes bayesianas de una determinada manera y las convierte en un nuevo tipo de gráficos llamados diagramas causales, con nuevas reglas de cálculo,  entonces podemos  empezar a responder a preguntas del tipo: ¿en qué medida cambia la variable “Y” si hago un cambio en la variable “X”?. Y esta es la clave, ¡sin necesidad de hacer realmente el cambio en “X”!

-Suena cuántico…

R: Ocurre sin necesidad de intervenir con una prueba controlada y aleatorizada, sino  simplemente a partir de las observaciones recogidas de las variable “X”, “Y” y otras presentes en el fenómeno analizado. Hablamos de modelos, esta vez, causales: un nuevo camino para responder la pregunta clave: ¿por qué aparece o cambia “Y”?

-Se abre una nueva dimensión…

R: Además, con algunas reglas adicionales ello nos permite responder no solo a los ¿qué pasa con “Y” si cambio “X”?, sino también a un nuevo tipo de preguntas: ¿qué habría pasado con “Y” si no hubiera cambiado “X”, o hubiera cambiado de otra manera? Son las llamadas preguntas contrafácticas, preguntas sobre situaciones imaginadas diferentes a las realmente ocurridas. Una capacidad en absoluto trivial, porque forma parte intrínseca de la forma en la que nuestro cerebro opera. Como también es inherente en él buscar las causas de todo lo que sucede.

- Al final el cerebro es más lógico de que lo pensábamos…  Para cerrar este punto: ¿cómo se comportó España en el asunto de las mascarillas?

R: Ha sido un comportamiento basado en el seguidismo, carente de criterio propio y extraordinariamente conservador.

-Por tanto en línea con la mayoría de los países de nuestro entorno. Reconforta un poco, dentro del naufragio general, que no haya en esto un excepcionalismo hispano a peor…

 R: Creo que no lo ha habido.

 - Desde Semmelweis se conocen las virtudes de la higiene en materia de infecciones: ¿se podría haber hecho más hincapié en el lavado de manos, en el uso de guantes, en desinfectar superficies? Da la sensación de que en cuanto hubo mascarillas disponibles, Semmelweis pasó a un segundo plano.

 

“El lavado de manos y la aireación de las habitaciones son medidas de higiene general que deben mantenerse en cualquier circunstancia”

 

R: El lavado de manos y la aireación de las habitaciones son medidas de higiene general que deben mantenerse en cualquier circunstancia. El catarro común, producido también por un coronavirus, siempre se ha podido combatir así. Con Covid y sin Covid es una medida obligada.

 -El estudio constata en cambio que el lavado de manos podrá haber tenido una incidencia constatable cifrable en un 11% menos de contagios: pero ¿cómo se puede calcular la adherencia de una población a la recomendación del lavado respecto a otra, y su incidencia en la protección frente al virus?

R: Medir la adherencia a una intervención resulta complicado, se realiza a través de encuestas de dudosa utilidad. El peor trabajo científico que he publicado en mi vida profesional estudiaba en 2014 precisamente la adherencia a un tratamiento farmacológico, a pesar de estar publicado en el Journal of the American College of Cardiology, una de las revistas de mayor impacto.

- Queda la duda  de si lo hizo a sabiendas, o lo descubrió a posteriori… Una perplejidad: en el informe Cochrane se dice que ciertos estudios cuestionan que la transmisión sea (sólo) aérea y vuelven a la hipótesis del contagio por las superficies. ¿Todavía no hay seguridades ni sobre esto?

R: La transmisión de los virus respiratorios es aérea, no cabe ninguna duda. Eso no excluye que también se contagie por fómites.

-Hablemos de las vacunas: ¿no se da un poco la misma nebulosa que con las mascarillas? Esto es, un gran esfuerzo internacional sin precedentes para obtenerlas en tiempo récord, pero disparidad de vacunas y de niveles de eficacia, diferencias enormes en tasas de vacunación, etc. 

R: La disparidad de vacunas y de las tasas de vacunación ha sido algo inevitable dada la situación geopolítica, pero en todo caso se han conseguido hitos hasta ahora nunca alcanzados: desarrollar una vacuna en tan corto intervalo y unas tasas de vacunación dispares pero elevadísimas.

-¿Han cumplido las vacunas “occidentales” sus expectativas, en términos de inmunidad, mitigación y no transmisibilidad?

R: Las expectativas de la comunidad científica eran bajas, hasta ahora no se había conseguido desarrollar una vacuna óptima para ningún virus respiratorio. Las vacuna de mRNA han superado estas expectativas, si bien no dejan de ser subóptimas pues no han sido capaces de cortar la transmisión ni evitar que el paciente pueda enfermar aunque esté vacunado. Otra cosa son las expectativas que políticos y periodistas, apoyados por expertos de pega, hayan podido expandir.

-¿Y las vacunas chinas? ¿Y la rusa de nombre cómico, “Sputnik”?

R: La rusa se empezó a utilizar sin ensayos clínicos previos, algo insólito, y era de una tecnología obsoleta. No así los chinos, que tenían al menos tres tipos diferentes de vacunas y alguna de tecnología válida, pero nunca fueron transparentes con los resultados de los ensayos.

-¿No se hace muy complicado evaluar la eficacia de las vacunas frente al Covid, a diferencia de los que tradicionalmente se sabe sobre la eficacia y comportamiento de otro tipo de vacunas tradicionales?

R: Es que no deberían compararse con las “vacunas tradicionales” sino con las vacunas frente a virus respiratorios como la de la gripe, de una eficacia muy relativa. Hay que tener en cuenta que tampoco hay vacunas frente al resfriado común. A principio de los 90, siendo Subdirector General de Evaluación de Medicamentos en el Ministerio [ocupó ese puesto del 90 al 94] retiramos del mercado un medicamento llamado “vacuna anticatarral” que era simplemente una estafa.

- ¿Por qué entonces las campañas masivas de vacunación de la gripe? 

R: Porque cuando coincide la cepa del virus circulante con la vacuna de esa temporada tienen una eficacia aceptable. Ocurre con frecuencia que aparece una cepa emergente que no coincide con la de esa temporada y la eficacia es mucho menor.

-Muchos estudios serios concluyen que la vacunación mitiga formas graves de la enfermedad, pero serían apenas una barrera anti contagio: ¿por qué se ha soslayado este importante elemento en las recomendaciones de los Gobiernos?

R: Ni los fabricantes ni las autoridades sanitarias hablaron nunca de que la vacuna previniera el contagio. Eso sí, lo decían con la boca pequeña. Es evidente que esto ha generado confusión y falsas expectativas.

 - ¿Ni siquiera el vacunado ve rebajada su carga viral?

R: La carga viral se va modificando es función de la evolución del virus. Quizás influyan las vacunas pero también la inmunidad natural.

- ¿No ha sido un error no diseñar políticas de vacunación mucho más selectivas, privilegiando ciertas categorías, en vez de ese “todos vacunados”? 


“No se tuvo en cuenta en las campañas de vacunación iniciales, que trataban por igual al que hubiera pasado el Covid que al que no”





R: Ha habido desde el primer momento un malentendido. Los ensayos clínicos que permitieron la aprobación de las vacunas de mRNA y la de Astra Zeneca se hicieron con pacientes vírgenes, nunca se compararon con pacientes que ya hubieran padecido la enfermedad y tuvieran inmunidad natural. Esto no se tuvo en cuenta en las campañas de vacunación iniciales, que trataban por igual al que hubiera pasado el Covid que al que no. La Sociedad Española de Inmunología advirtió de esta situación, pero se les hizo poco caso.  

-Dispare, por favor.

R: Aquí jugó un papel absurdo la Comisión Nacional de Bioética, presidida por un pomposo pero ignorante abogado que presumía de haber elaborado un informe de más de 100 páginas sobre los criterios de prioridad para la vacunación. Se olvidó del  pequeño detalle de la piedra angular de la bioética: no se pueden establecer criterios éticos sin entender previamente el problema biológico en profundidad; me temo que este no era su caso.

- ¿Es normal que quien decide no vacunarse comete prácticamente un delito de lesa patria?

R: A mí no me lo parece, si no fueron obligatorias sería por algo.

-¿Qué opina de los movimientos negacionistas? Como un reloj averiado, ¿pueden dar dos veces la hora correcta? ¿Son aberrantes?

R: Sí que lo son porque están fuera del perímetro  de la ciencia. En su defensa se puede decir que fueron provocados en parte por las absurdas exigencias  de un pasaporte de vacunación de escasa utilidad práctica. No dejar jugar a Djokovic el Open de Australia creó un montón de negacionistas.

-Pero también le dio al Gobierno australiano un montón de votos, según los sondeos… ¿Fue razonable convertir a los no vacunado en apestados privados de poder desplazarse y viajar? Macron, por ejemplo, le hizo la vida imposible, y aún hoy muchos sanitarios no vacunados siguen suspendidos de empleo y sueldo.

R: En el caso de los sanitarios sí que veo razonable que la vacunación fuera obligatoria.

-Al principio de la crisis, hasta bien entrada la primavera de 2020, países como EE.UU., Brasil, pero también, sorprendentemente, Suecia, Países Bajos y hasta cierto punto Reino Unido, optaron por la estrategia de la inmunidad de rebaño, que llevaba aparejada, inevitablemente, pocos confinamientos y  una incitación a la vacunación muy inferior a la de los países del núcleo duro de la Unión Europea. Luego se vio que las tasas de mortalidad en esos países como Brasil y EEUU, fue monstruosa, impropias del primer mundo.

R: En el asunto de los confinamientos sí que me siento cercano a las posturas de Great Barrington. Los confinamientos funcionan, vaya que si funcionan, pero hay que hacerlos como en Wuhan, en plan campo de concentración. Como esto es inaceptable en una sociedad democrática hay que recurrir a confinamientos “light”, que no es desde luego tampoco el que sufrimos en España. Una fórmula más inteligente es la de confinar solo a los más vulnerables, evitar concentraciones y favorecer el teletrabajo.

- Los encierros españoles obtuvieron resultados escasos siendo muy severos, ¿por qué?

R: Porque no fueron lo suficientemente severos, tipo campo de concentración, tipo Wuhan. Esos sí que funcionan, aunque ya he comentado que los considero inaceptables.

-Por presiones de la opinión pública Reino Unido y Países Bajos rectificaron pronto su enfoque, pero no así Suecia: su diferencial, en términos de sobremortalidad, respecto a sus socios escandinavos acabó resultando negativo. ¿Tenía sentido buscar esa inmunidad de grupo?

R: La inmunidad de grupo nunca se llegó a alcanzar como se pretendía. Sin embargo la inmunización natural más la vacunación masiva ha debido de influir para que el virus haya ido mutando hasta hacerse más benigno.

-¿Los países que intentaron esa inmunidad de rebaño han sufrido menos en las olas sucesivas? ¿Fue una buena inversión en términos de vidas salvadas, o es simplemente una macabra gestión de stocks de vidas?

R: No encuentro diferencias significativas en resultados de salud entre los que buscaron la inmunidad de rebaño y los que no.

-El caso de Corea del Sur llama la atención: con una población algo superior a la española, sus tasas de contagio y mortalidad sorprendieron por bajísimas, los confinamientos fueron muy selectivos, y, por eso, el bajo impacto negativo en la economía resultó envidiable. Todo ello servido por alta tecnología y el big data y, sobre todo, el small data. ¿Hubiera debido ser la pauta a seguir?

R: Me temo que no, cuando un virus tiene la infectividad de la cepa Omicron, todas estas medidas se ven superadas. Alemania, un país más comparable a España que Corea del Sur, intentó hacer algo parecido, y al principio les funcionó. Enseguida se vieron desbordados y obtuvieron resultados similares a los nuestros, eso sí, con un confinamiento mucho más suave.

-Pero las cifras alemanas no computaban los muertos en residencias… a los que ni siquiera testaban, por cierto. Sus cifras de mortalidad están probablemente infravaloradas. Alemania no podía permitirse ser el mal alumno de la clase. En Bélgica, en cambio, se contaron todas las muertes, inclusos las indirectas, sin tapujos. Sus cifras de muertos batieron récords. A ellos no les importó la imagen que daban al mundo.

R: Alemania, como España o Bélgica, tuvo malos resultados.

-Luego si todas las estrategias europeas cosecharon más o menos los mismos malos resultados, el error fue confinar con dureza, ¿no?

R:A toro pasado todos somos Manolete, pero se puede afirmar que confinar con dureza (a la europea) no obtuvo mejores resultados que hacerlo de manera más suave.

-Se está empezando a hacer balance muy preocupante de los estragos causados por los encierros (el método conocido desde los egipcios) en muchos países: niveles inéditos de descenso del PIB,  índices de desempleo agravados e ingente desaparición de negocios; por no hablar del impacto psicológico (aumento de síndromes ansio-depresivos, de suicidios, etc.). ¿Convendría encargar un informe independiente para evaluar los daños y proponer planes de contingencia para que esto no ocurra nunca más? ¿Qué medidas deberían adoptarse?

 R: Lo que tenemos que hacer es aprender la lección: si no puedes hacer confinamientos radicales tipo Wuhan no merece la pena hacer una versión europea de los mismos. En nuestro entorno lo más eficiente es una confinación selectiva al estilo de las propuestas de Barrington.

-¿El alargar unos meses (o como mucho unos pocos años) la vida de una clase de edad avanzada es un valor superior? ¿Que el abuelo octogenario viva unos pocos meses o años más ¿justifica que el  hijo pierda su trabajo y el nieto tenga un horizonte vital nigérrimo? ¿Se puede especular, por macabro que resulte, con un enfoque utilitarista, con el número de vidas (sobre todo, octogenarios con enfermedades crónicas) que habrían salvado los confinamientos  y compararlo con la ruina que ha generado? ¿Es algo que un gobierno puede plantearse, éticamente?

 R: Si usted le pregunta a cualquier abuelo, es mi caso por cierto, si daría la vida por sus hijos y nietos yo le diría que sin dudarlo.

 -Pero eso es intransferible, no puede hacerlo extensivo: sobre todo porque uno se puede sacrificar por sus hijos y nietos, pero no tanto por los del vecino…

R: Es una filosofía aceptada por la mayoría, son valores intersubjetivos que suelen coincidir.

-Mejor no hacer la prueba del algodón, sobre todo si pensamos en el tipo de dilema como el del prisionero… Volvamos a los cierres y confinamientos: ¿nada justifica los encierros radicales?


“los encierros radicales son inaceptables porque producen más daño que beneficio…”

 





R: Como he dicho antes, los encierros radicales son inaceptables porque producen más daño que beneficio. El ejemplo de China es terrible y significativo, admiten 80.000 muertos, pero en realidad son millones. Al final se han tenido que apearse del burro y olvidarse de confinamientos y exigencias delirantes de hacer PCRs de forma masiva.

-Pues en el congreso del Partido Comunista Chino de hace unos días, siguen todos embozados detrás de sus mascarillas. Pero ¿no decía antes que los confinamientos estrictos sí funcionan? Si China no hubiera confinado, en vez de millones serían decenas de millones los muertos...

R: Los confinamientos radicales tipo Wuhan no se repitieron. Estos encierros funcionan a corto plazo pero con el paso del tiempo desaparece su eficacia. Los encierros en China siguieron siendo muy estrictos pero sin el régimen carcelario previo.

-¿El equipo de la OMS que investiga en China tiene alguna probabilidad de publicar información veraz?

 R:Ha habido una clara obstrucción del Gobierno chino para permitir una investigación científica rigurosa.

 -¿Cabría exigir responsabilidades e incluso reparaciones a China, si se demuestran comportamientos negligentes o dolosos?

R: Será imposible llegar a una conclusión firme en términos científicos por la obstrucción citada. Sin embargo, con las pruebas existentes se puede afirmar con bastante solvencia que el virus salió del laboratorio de Wuhan de forma accidental.

- En nuestras sociedades socialdemócratas y supuestamente humanistas, el derecho a la vida, que, en este caso, significa derecho a alargar la esperanza de vida, parece fuera de toda duda. pero los triajes existieron, por la inevitable falta de recursos.

 R: El triaje en medicina se hace todos los días, es inherente a la práctica médica. En Urgencias es clave, no se puede atender a los pacientes por orden de llegada, de la misma forma que los ingresos se priorizan en función de la gravedad. Hay que estar allí para entenderlo, durante mi Residencia en La Paz lo comprendí, particularmente porque coincidió con la crisis de la colza. El criterio aplicado es utilitarista, sin ninguna duda, Personalmente me parece el correcto.

 - Pero ¿no sería lógico pensar que salvar vidas, incluso de gente mayor y enferma, es un valor superior inherente en una sociedad humanista y compasiva? ¿Hay consenso sobre los criterios de triaje?

R: Existen protocolos bien establecidos sobre el triaje que son fáciles de entender; en la serie MASH que recreaba la situación en la guerra de Corea lo mostraban con claridad: se prioriza a los pacientes sobre los que existe mayor probabilidad de éxito, bien por su edad o por la gravedad de las lesiones o de la enfermedad. No se me ocurre una alternativa mejor.

-Ya, pero en términos meramente utilitaristas: la vida de  un abuelo que sustenta a toda una familia tiene tal vez  más valor, incluso en términos utilitaristas. que la de otras categorías humanas… Ese criterio no consta en los protocolos de triaje.

 R: No estoy de acuerdo, desde Kant todas las personas merecen la misma consideración y respeto, sean más viejas o más ricas.

 -Luego el triaje es, en el fondo, antikantiano: los que tienen menos posibilidades de sobrevivir merecen la misma posibilidad de hacerlo que los demás… Hubo unos seniors (algunos ilustres) en España que firmaron una carta abierta en la que advertían de que en caso de potencial triaje ellos darían por así decirlo un paso al lado, sacrificando sus vidas de algún modo. Es más fácil ofrecerse en sacrificio antes de verse en la tesitura, pero, bueno, parece encomiable tal actitud, si bien pueda ser minoritaria. ¿Qué le inspira?

R: Entiendo que esa postura es fisiológica en los seniors, como dije antes. Pero además, existiendo el inevitable triaje, ya lo hacen los médicos por ti.

-¿Cómo valora la eficacia de los antivirales u otro tipo de medicamentos contra el Covid? ¿Sabremos curar la enfermedad algún día?

R: Antes de que apareciese el Covid no contábamos con ningún antiviral verdaderamente eficaz frente a los virus respiratorios. Dada la estructura de estos virus, resulta muy difícil atacarlos. En realidad, todavía no hay ningún antiviral eficaz frente al Covid. Otra cosa es tratar la enfermedad, en ello se ha avanzado muchísimo. Los intensivistas del norte de Italia fueron los primeros en darse cuenta de la naturaleza de la enfermedad, no era una neumonía, los antibióticos no hacían nada. Se trataba de un síndrome ya visto en otras circunstancias (gripe complicada, enfermedades sistémicas) que tenía que ver con el compromiso ventilación/perfusión en el alveolo, a causa de una afectación del endotelio. El tratamiento con corticoides y heparina cambió radicalmente el pronóstico de estos pacientes.

-El Covid será una enfermedad endémica? ¿Hay riesgos importantes de que mute en variantes más letales?

R: Evidentemente existen esos riesgos aunque no creo que sean “importantes”.

-¿Pero se está investigando e invirtiendo en medicamentos para hacer frente al covid como se debería?

R: Se trata de una inversión de alto riesgo, ya hemos comentado la dificultad de desarrollar medicamentos para combatir los virus respiratorios. Por el mismo motivo, si alguna compañía farmacéutica fuera capaz de hacerlo obtendría un gran beneficio.

-¿Qué opinan los especialistas chinos sobre lo ocurrido? ¿Tiene libertad de pensamiento, y sobre todo de expresión?

R: Ya se ha visto que no.

- ¿Qué opina del profesor Raoult, director del importantísimo Hospital de enfermedades infecciosas de Marsella y sus falsas soluciones medicamentosas? Macron llegó a ir en peregrinación a visitarlo en lo peor  de la crisis…


“En esta situación de incertidumbre es lógico que los médicos intenten terapias  empíricas, a veces se avanza de esta manera en el tratamiento de una patología”

 

R: Tan temprano como en enero recibí de mis colegas chinos advertencias de lo que se avecinaba y los tratamientos que estaban utilizando, todos  ellos resultan  absurdos a la vista de lo que hoy sabemos. En esta situación de incertidumbre es lógico que los médicos intenten terapias  empíricas, a veces se avanza de esta manera en el tratamiento de una patología. El profesor Raoult se equivocó y le costó trabajo reconocerlo cuando se comprobó que sus pruebas eran insostenibles.

- La visita de Macron coadyuvó sin duda a esa tardanza en reconocerlo. ¿Qué se sabe hoy de los llamados “covid largos” o secuelas crónicas de la enfermedad? ¿Cómo los está gestionado el sistema público de salud? ¿Deberían ser considerados como enfermedades invalidantes y recibir un tratamiento especial?

R: Entiendo que deben ser tratados como cualquier otro enfermo crónico, no veo razón para un trato excepcional. El problema radica en que todavía no se termina de entender por qué ocurre, aunque sin duda está relacionado con el sistema inmune del paciente.

-En muchos casos, la sanidad pública lo considera un cajón de sastre junto a otras enfermedades crónicas de escaso interés, pero afecta a cientos de miles de personas. ¿Por qué no se investiga más para ellos y sobre ellos? ¿No son ellos precisamente la posibles clave para entender la enfermedad?

R: No es cierto que no se investigue, lo que ocurre es que nos enfrentamos a un problema especialmente complejo al que de momento no se encuentra explicación.


 -¿Esos pacientes pueden volver a contagiarse, como uno cualquiera  que lo haya pasado, o bien su Covid largo es una suerte de escudo?


R: Me temo que pueden volver a contagiarse, particularmente si aparece una nueva cepa.

-Una contrafáctica para cerrar el alcance de la vacunación: ¿cuántas muertes estima usted que se han evitado, por ejemplo, en España gracias a las altas tasas de vacunación? Sánchez habló de millones… ¿Hay algún método de extrapolación, usando los datos que conocemos a nivel mundial para ese tipo de ejercicio?

R: La retórica política de “hemos salvado millones de vidas” es ridícula, simplemente porque no hay forma de saberlo. Se pueden hacer estimaciones que estarían en el mejor de los casos en miles de pacientes, lo de millones es un delirio.

-Pero en Brasil, donde Bolsonaro hasta negó la existencia del virus,  se puede inferir que la cuasi ausencia de medidas de confinación y  vacunación ha provocado cientos de miles de muertos que podrían  haberse evitado, ¿no?

R: Brasil ha sido un país especialmente castigado por el Covid aunque sí que ha habido campañas de vacunación similares a otros países de su entorno. En alguna de sus ciudades se llegó a afirmar que se había conseguido la inmunidad de rebaño, aunque luego se infectaron con Omicron. La actitud de Bolsonaro fue estrafalaria, como la de Trump, pero es difícil estimar cuántas muertes se hubieran podido evitar si hubiera estado Lula al timón.

-Veamos con un poco de detalle del caso español ¿Qué opina de la política  actual de dejar de publicar estadísticas en España (y en otros países) sobre la incidencia del Covid?

R: En la situación actual lo veo razonable.


“El concepto de probabilidad es en general mal comprendido. Habría que hacer un esfuerzo educativo desde los colegios para que nuestros niños fueran capaces de entenderlo bien”


- Recordará la ensalada de estadísticas que tuvimos, con criterios diferentes en cada país, en las que la mayoría de las veces se desconocía el porcentaje de test y cómo se hacían los muestreos. Al final, lo más fiable eran los datos de las funerarias. ¿Está preparada la sociedad, la prensa y hasta el Gobierno para manejar estadísticas? 

R: Las estadísticas no son fáciles de interpretar, sobre todo si se presentan de forma sesgada para quedar bien. El concepto de probabilidad es en general mal comprendido. Habría que hacer un esfuerzo educativo desde los colegios para que nuestros niños fueran capaces de entenderlo bien. El caso de los adultos lo doy por perdido, no tiene que ver más que la cantidad de gente que participa en la estafa de las Apuestas del Estado.

 - ¿Y esas sesiones pedagógicas de Fernando Simón  a lo Barrio Sésamo, comentado los datos de la jornada ¿no contribuyeron a la infantilización de la sociedad?

R: No lo creo, si acaso alguno se tomaría interés por la estadística para intentar entender de lo que se hablaba.

- Pedro Sánchez nunca tuvo (ni tendrá, probablemente) tantos minutos de televisión en los hogares españoles, para sermonear y alardear, como en esos primeros meses de pandemia. ¿Es lo que se espera de un primer ministro? Hasta el rey tuvo que salir a tirar de orgullo nacional y de eslóganes ramplones. ¿Estuvo la clase política a la altura?

R: Se nos trató como si fuéramos tontos, que es lo habitual. Un nivel parecido al que tenemos en los telediarios.

- No se enseñaron en absoluto a los muertos (apenas unas fotos “robadas” en la morgue de Ifema), pero tampoco los hospitales desbordados. ¿no fue eso un forma de censura inaceptable? ¿A una sociedad madura no debería poder enseñársele la verdad?

R: Ya se encargaron algunos de cargar las tintas. Por otra parte, no creo que “la verdad” sea mostrar imágenes truculentas.

- Hay especialistas (como Juan Martínez Hernández, ex director general de salud de la Comunidad de Madrid) que consideran que de haber confiando antes se habría salvado 20.000 vidas de la primera oleada… ¿Qué opina?

-R: Este especialista tiene un sesgo muy contrario al Gobierno, esta es una consideración más política que científica.

-Las cifras españolas de sobremortalidad, via el Momo, comparadas con los países de nuestro entorno, sugieren que se han hechos algunas cosas mal.  ¿Cuáles en su opinión?


“En nuestro país hay un disfuncionamiento tanto de la Atención Primaria como de la Salud Pública que viene de largo”


R: En nuestro país hay un disfuncionamiento tanto de la Atención Primaria como de la Salud Pública que viene de largo. Se ha primado la atención hospitalaria especializada, los trasplantes, los grandes centros de investigación como el CNIO  (Centro Nacional de Investigación Oncológica) o el CNIC (Centro Nacional  investigación cardiovascular) de los cuales se obtienen réditos políticos. Baste un ejemplo, el Instituto de Salud Carlos III que se creó en 1986 a raíz del problema de la colza como el centro de referencia nacional en Salud Pública. Se ha ido enfocando más hacia la investigación en detrimento de la función para la que fue creado. Su papel en la pandemia fue mínimo, su estructura no daba para mucho, su directora era cardióloga, no sabía nada de Salud Pública. Lo más cómico es que ahora se quiere crear un nuevo Centro Nacional  con las mismas funciones para las que se fundó el Carlos III. Todo esto resulta una broma pesada que explica en parte los malos resultados obtenidos.

- Luego eso de que la española es el mejor sistema asistencial del mundo, algo cacareado por los gobiernos del PP y del PSOE era y es un cuento chino.

R: Naturaca, que decimos en Madrid.

-En Francia, por ejemplo, los enfermos necesitados de Uci eran trasladados de una región a otra, en helicóptero incluso o a países vecinos. ¿No es sangrante que en España apenas hubiera solidaridad interterritorial?

R: Cuando estaba en Medicina Interna en La Paz durante mi residencia tratábamos muchas vasculitis que nos enviaban desde “provincias”. Ahora esto ocurre mucho menos, cada sistema de salud autonómico pretende tener de todo. Me resulta otra broma pesada como la comentada en el apartado anterior.

-¿Entonces un sistema centralizado que ordenase ese sistema de cámaras de compensación interterritorial podría ser una buena  solución tal vez? Pues, ¿de qué sirve un ministerio de sanidad que dicta la norma general si luego la aplicación en cada región es sui  generis?

 

R: El actual ministerio de Sanidad ha quedado degradado por las  transferencias, aun así tiene funciones clave que no se han cumplido  por desidia política, no de este Gobierno pues el problema viene de largo.

-¿Qué funciones clave son esas?

R: Las ya citadas de tener una estructura seria a nivel nacional de Salud Pública. Estuve haciendo una diplomatura de Salud Pública en los CDC en 1988 y aprendí la importancia que le daban, casi la misma que a los asuntos militares. De hecho, los viernes los trabajadores tenían que asistir con uniforme militar al trabajo.

-Ojalá se hubieran aprovechado las capacidades técnicas del Ejército para testear y vacunar… Altos mandos lo ofrecieron internamente… y hasta alguno en público. ¿De haber sido usted el Fernando Simón al mando del comité de los 15 asesores, qué habría hecho en su momento (no hoy obviamente)? ¿A cuáles de esos especialistas habría elegido, a qué otros especialista habría recurrido? Habría tenido las mismas opiniones sobre la mascarilla, las vacunas, los confinamientos que tiene hoy?

R: Habría hecho algo parecido, es decir, el ridículo. El problema no es el doctor Simón sino quién y por qué le puso al mando. Tenía por encima de él a la Directora de Salud Pública, al Secretario de Estado y al ministro. El órgano consultivo más importante, el Instituto de Salud Carlos III, pertenecía a otro ministerio, el de Ciencia. El Comité estaba formado por funcionarios de los ministerios menos uno que venía de Harvard. Con este aquelarre montado poco se podía hacer. El contraste con lo que había vivido en los CDC era espectacular.

-¿Habría fichado a científicos independientes (si es cabe hablar de tal categoría) para asesorar al Gobierno? ¿Qué habría hecho en el caso de que el gobierno no siguiese las pautas propuestas internamente? Da la sensación de que el comité científico se limitaba a validar las consignas gubernamentales, en vez de ser ésta el reflejo de lo decidido por los expertos…


“Se ha producido una selección negativa de los funcionarios, los mejores se han ido marchando y no quedan científicos con prestigio y autoridad en la institución” 

 

R: El asunto es más complejo, he tenido ocasión de vivirlo desde dentro. La voz de los expertos sí que se escucha pero sus criterios se pasan por el tamiz de la estrategia política. Por otra parte se ha producido una selección negativa de los funcionarios, los mejores se han ido marchando y no quedan científicos con prestigio y autoridad en la institución. Ello llevó a que se eligiera como portavoz a un subdirector general que no tenía ni el rango ni la mínima formación exigible para esa alta responsabilidad. No quiero insistir, pero la comparación con el rango y la preparación del director de los CDC es galáctica. 

- En lo peor de la crisis hubo un pulso político claro entre Ayuso y Moncloa sobre las restricciones en 8 zonas básicas de la Comunidad; incluso en septiembre de 2020 el profesor Emilio Bouza dimitió, a los dos días, como portavoz del Grupo Covid19, una persona consensuada por Moncloa y el Gobierno de Madrid…

-R: Cuando nombraron a Emilio fue un rayo de esperanza, era un microbiólogo de gran prestigio además de persona seria y sensata. Estas características explican que saliera corriendo, el ambiente político entre el ministro Illa y Ayuso y su consejero era sofocante, pero sobre todo de una gran irresponsabilidad. 

 -El caso Ayuso: ¿qué hizo distinto, y por qué se la ha criticado tanto? ¿Por qué su modelo sanitario provoca huelgas y manifestaciones?

R: Ayuso no hizo más que tomar medidas cosméticas, irrelevantes en términos de Salud Pública. A nivel asistencial hace cosas parecidas al resto de CC.AA., no hay diferencias relevantes. Es solo un vergonzoso asunto político.

. -Pero organizó en brevísimo tiempo un hospital como Zendal, ¿no? Esa fue una medida asistencial, acertada desde mi punto de vista. ¡Y la critican por eso!

R: Se la criticó por ello, pero también si hubiera hecho lo contrario.

- Insisto, ¿por qué bajan a la calle tantos médicos y enfermeros en Madrid, y llegan incluso a retrotraer sus agravios y reivindicaciones al periodo Covid?  ¿Es Ayuso una cabeza de turco política porque da miedo su poderío electoral?

R: Es una mezcla de muchos sentimientos, hay una frustración generalizada de los sanitarios por los bajos sueldos pero este problema es común a todas las CCAA. Hay también un odio un tanto irracional de los partidos de izquierda hacia su figura que no se explica solo por su poderío electoral.

- ¿Qué pasa con la Sanidad en Madrid? ¿Cuál es el alcance de la privatización? ¿Tan malo es privatizar la gestión?

R. En Madrid, y no solo en Madrid, hay un montón de ejemplos de hospitales públicos con gestión privada que funciona perfectamente. No veo el problema.

- En Reino Unido Thatcher se cargó el sistema público de sanidad, y empezó por la gestión… ¿no?

R: No estoy de acuerdo con esa afirmación, Thatcher no se cargó el National Health Service, que sigue funcionando razonablemente.

-Pues la vulgata afirma lo contrario; no puede negarse, por otro lado, hay mucho británico que hacer contorsiones para colarse en la sanidad pública española… Volvamos a España: hay CC.AA. que lo hayan mejor que otras, o la normativa estatal no ha dejado margen de maniobra? ¿Habría sido bueno descentralizar más la gestión de la crisis sino también permitir estrategias distintas según cada situación? (impedir pasear en zonas rurales sin habitantes parece un disparate, por ejemplo? Targetear la población cuya vacunación se privilegia puede variar según la composición demográfica de cada lugar, etc…

R: No he sido capaz de detectar ninguna medida relevante diferente 

tomada por alguna CCAA. Eso sí, los catalanes dieron la nota con 

propuestas absurdas que además no llevaron a cabo. Destacó por sus 

disparates  Oriol Mitjà que puso además en marcha ensayos clínicos 

que no tenían ni pies ni cabeza.


R: No he sido capaz de detectar ninguna medida relevante diferente tomada por alguna CCAA. Eso sí, los catalanes dieron la nota con propuestas absurdas que además no llevaron a cabo. Destacó por sus disparates  Oriol Mitjà que puso además en marcha ensayos clínicos que no tenían ni pies ni cabeza.


- Madrid nos mata…

R: He vivido ocho años en Barcelona y me gusta como ciudad tanto como Madrid, si no más.

-¿Volvería a vivir en Barcelona, tras el tsunami indepe? ¿Cómo ve la sanidad catalana a distancia, tiene algo de diferencial?

R: Desde mi perspectiva vital en Barcelona todo es mejor que en Madrid, incluida la sanidad. Otra cosa es soportar a los indepes y a los culers.

-La nostalgia es un error…  ¿Cómo cree que evolucionará el virus en el primer mundo, y en el resto del planeta?

R: Quiero creer que como la gripe española terminará por ser un virus endémico más.

-Descarta mutaciones más letales del virus surgidas de los reservorios del tercer mundo, por ejemplo, donde la vacunación ha sido testimonial y la inmunidad de grupo un mera hipótesis? ¿Por qué son poco de fiar los datos de los países del tercer mundo? Los de las dictaduras, se entiende, pero ¿estos otros…?

R: Yo no descarto nada, desconfío de los chinos y de los rusos, o de los cubanos y los indios. Su papel a la hora de desarrollar vacunas con empresas estatales ha sido grotesco, han hecho un ridículo histórico. De este asunto se ha hablado poco, ha habido cosas insólitas.

– ¿Hasta qué punto cabría exigir responsabilidades no sólo políticas sino penales (lo sucedido en las residencia de ancianos de la red pública) por la gestión política de la crisis por parte de ayuntamientos, CC.AA, gobierno central?


“Hay que estimular a las familias para tener a los abuelos en casa, maravillosa costumbre española que se va perdiendo”


R: No lo creo razonable, lo que hay que hacer es mejorar las condiciones de las residencias que difícilmente serán óptimas. También hay que estimular a las familias para tener a los abuelos en casa, maravillosa costumbre española que se va perdiendo.

-Pero  tres generaciones bajo un mismo techo (y en pisos de 50 m2), como ocurría en China, sabemos que genera más problemas de los que resuelve…

R:Por eso se les lleva a una residencia, claro, pero hay bastantes casos que tienen que ver con la falta de disposición personal para cuidarles.

- Qué planes de contingencia, qué reformas estructurales se precisan…

R: Hay que priorizar la Salud Pública y la Atención Primaria aunque carezcan de rédito político a corto plazo. Son la barrera de contención fundamental ante la aparición de una epidemia. Los picos de gripe que sufrimos cada año nos lo recuerdan pero se ponen cuatro fotos de las urgencias hospitalarias saturadas y se olvida el problema hasta la temporada siguiente.

- ¿Y en previsión de nuevas epidemias de este tipo de transmisión a gran escala?

 

R: Insisto en reforzar la Atención Primaria y la Salud Pública. También tomarse el Ministerio de Sanidad en serio, no como una agencia para promocionar políticas. En esta legislatura llevamos cuatro ministras: Montón, Carcedo, Illa y Darias. Ahora a esta la mandan a Canarias y hay que nombrar otra.

-¿Otra, no puede ser otro? ¿Es normal que sean ministros de sanidad gente que no ha llevado una bata en su vida?

R: Otra, otro, qué más da. No veo necesario que el ministro sea sanitario, lo importante es que exista por debajo de él una estructura seria.

– ¿Cómo cree que evolucionará este virus Occidente, y en el resto del planeta? ¿Lo peor ya ha pasado?

R: Entiendo que sí, todo parece indicar que el virus es endémico y con mucha menor letalidad que inicialmente.

-Qué enseñanzas cabe extraer de lo ocurrido? ¿Sale reforzada la ciencia, visto el altísimo nivel de desinformación, y de intoxicación? ¿Salen reforzados los gobiernos?

R: Hemos asistido al peor escenario imaginado en la relación entre políticos y científicos. Espero que nos sirva de lección para el futuro.  No puede ser que los científicos-funcionarios agachen la cabeza ante los políticos. La imagen de Trump humillando en público a sus asesores y amenazando a los directores de la FDA y el CDC es lamentable y muy peligrosa. En España, a nuestro nivel, ocurren cosas parecidas. Se hacen nombramientos en puestos técnicos claves con criterios políticos. Ya dije que la directora del Carlos III era una cardióloga que no sabía nada de Salud Pública. Me estremecí, quizás fui el único, cuando la Directora de la Agencia del Medicamento salió en TV diciendo que “para las vacunas se exigía que en los resultados de los ensayos clínicos el intervalo de confianza fuera del 50%”. Confundió este parámetro con el límite inferior del intervalo de confianza. Me dije, si ni siquiera esta lo entiende, estamos aviados.

-Apenas se habla ya del Covid, y sin embargo los datos de sobremortalidad via Momos nacionales sugieren que las consecuencias de la enfermedad se desplegarán durante años. ¿No estamos en un estrés post traumático colectivo?


R: Las consecuencias sanitarias y económicas de la epidemia, como ocurrió con la gripe española hace 100 años, quedarán en los libros de historia. No queda otra que mirar hacia adelante y sacar conclusiones de lo ocurrido. La principal es que no estábamos preparados para ello aunque las democracias occidentales han demostrado su superioridad moral y técnica sobre las dictaduras. Particularmente China ha perdido una  importante credibilidad.

 -No sabía que hubiera disfrutado de alguna…

 [Finis]