lunes, 19 de julio de 2021

El perdedor




Francis Stuart (pintor no identificado)


Entrevista del año 1998 a Francis Stuart, dos años antes de morir, efectuada por el editor de Quartet Books y autor Naim Attallah (1931-2021) palestino cristiano, y publicada en su blog literario en febrero de 2018, y recogida en el libro No longer with us
Aquí en V.O.

Aquí debajo en traducción exprés.

"De la serie: Ya no están con nosotros

Francis Stuart nació en Sudáfrica el 29 de abril de1902 y murió en Dublín el 2 de febrero de 2000. Es autor de más de veinte novelas, entre ellas The Pillar of Cloud (El pilar de las nubes), Black List: Section H (Lista negra: Sección H) y Redemption (Redención), todas con base autobiográfica. Luchó con los republicanos durante la Guerra Civil irlandesa, y pasó los años de la Segunda Guerra Mundial en Berlín, desde donde se trasladó a Irlanda. En 1920 se casó con la hija de Maude Gonne [1863-1953], Iseult, que, como su propia madre, había rechazado una propuesta de matrimonio de Yeats. Durante los años de guerra vivió con Roisin O'Mara, hija adoptiva del general Sir Ian Hamilton, comandante en jefe en la batalla de los Dardanelos durante la Primera Guerra Mundial. Hamilton era simpatizante de los alemanes y se relacionó con Hitler en 1936. En 1987, Francis Stuart se casó con con Finola Graham (1945), una artista de treinta [y dos] años. Se le concedió [en 1996] el máximo galardón artístico irlandés "Saoi" (Hombre sabio), una distinción otorgada poco frecuentemente en Irlanda. Entre los anteriores galardonados se encuentran Samuel Beckett, Mary Lavin y Sean O'Faolain. Los años de Francis Stuart en la Alemania nazi provocaron una gran controversia.

Le entrevisté en 1998, y esto es lo esencial de lo que me dijo entonces:

-Usted es australiano de nacimiento y protestante del Ulster por origen. ¿Tuvo desde el principio la sensación de ser diferente a los demás?

-Sí, pero probablemente más por el misterio que rodea a mi padre, que se suicidó en Australia cuando yo tenía sólo unas semanas. Nunca llegué a conocer todas las circunstancias, salvo que había hecho varios intentos de suicidio y que estaba ingresado en una clínica psiquiátrica de Sidney cuando hizo el último y definitivo intento. Esto me persiguió y obsesionó, y empecé a identificarme mucho con él. Su hermano gemelo me contaba cómo había interrogado a mi padre, preguntándole si se sentía solo o perseguido, a lo que entiendo que respondió que sí. Pero la psicología no era como la de hoy, y esa parecía una forma muy primitiva de interrogar. Mi madre nunca habló de él, y la familia de ella tampoco. Creo que el matrimonio fue casi seguro infeliz. Aunque creí entender sus razones para suicidarse, todo el asunto siguió siendo misterioso.

-En un artículo publicado en el Observer el año pasado se le describía como un paria en su propio país, condenado al ostracismo y vilipendiado. ¿Está de acuerdo con eso?

-No, no me importaría si esto fuera así, pero es absolutamente ridículo. En ciertos círculos, entre la gente culta, estoy muy bien considerado. No diría que no he encontrado hostilidad; como probablemente sabe, la he encontrado en todas partes, y aquí en Irlanda no menos que en otros lugares; pero, por otro lado, es completamente falso decir que me he visto condenado al ostracismo y que se me ha vilipendiado.

-A menudo se le describe como un romántico incorregible. ¿Lleva esa descripción como una insignia de honor?

-De nuevo, no es cierto. No soy un romántico, soy un realista. El escritor imaginativo debe hacer una maqueta de la realidad, recogerlo todo. Siento una gran admiración por Heidegger, que se preguntaba: "¿Por qué hay algo?". No sabemos mucho, pero por lo que sabemos de la naturaleza y del cosmos podríamos esperar que no hubiera nada. Siempre me ha sorprendido que haya algo, y he escrito en poemas que es un milagro que estemos aquí. Nuestra tarea, tal y como yo la veo, es atender a ese milagro de la existencia, de la experiencia, de la conciencia.

-¿Cree que el romanticismo es peligroso?

-Tal y como yo lo interpreto, sí, porque está alejado de lo real. Si haces un modelo de todo lo que hay, como debe hacer una mente imaginativa, el romanticismo no entra en él. El realismo, sí. Es un planeta muy duro este en el que nos encontramos.

-En su novela autobiográfica Black List: Sección H, escribe: "Todo aquel cuyo comportamiento choca con la fe popular de su época y de su lugar será automáticamente condenado". Como alguien que ha experimentado una condena generalizada, ¿cree que ha sido un precio que ha merecido la pena pagar por sus creencias?

-Sin duda sí, para mí. Sólo puedo hacer mi trabajo tras un aislamiento, y no importa cómo llegue a esa condición de aislamiento. No puedo imaginarme escribiendo como un miembro aceptado de la sociedad, y en la medida en que escribo para alguien, escribo para gente como yo: aislada, sola y muy cerca de la desesperación a veces. No es necesario haber tenido la vida que he tenido para experimentar la cuasi desesperación y la soledad; tendría esos sentimientos en cualquier caso, ya que son condiciones existenciales. Sin querer ser  presuntuoso, es muy probable que usted también los tenga. Seguramente son comunes a las personas inteligentes e imaginativas.

-Usted era simpatizante del Sinn Fein en los años 20 y 30, y fue encarcelado por los británicos. ¿Cómo se produjo eso?

-Yo diría que fui republicano más que del Sinn Fein. Durante la Guerra Civil aquí estuve en el bando republicano y perdedor, como siempre he estado. En mi opinión, es esencial estar en el bando perdedor. Estuve preso alrededor de un año, o quizás nueve meses. No lo recuerdo exactamente. Estuve en seis prisiones diferentes, la mayoría fuera de Irlanda, pero nunca por mucho tiempo. Nunca me condenaron, no había nada de lo que se me pudiera acusar, pero estuve encerrado igualmente.

-¿Eran duras las condiciones?

-El hambre era lo peor. En la mayoría de las prisiones no teníamos suficiente comida, pero la gente de fuera también pasaba hambre. Había hacinamiento, por supuesto: en un momento dado éramos entre doce y quince hombres en una celda destinada a uno o dos. Eso fue en Alemania, donde me internaron los franceses por recomendación de los británicos. Me lo dijo un oficial de la inteligencia francesa, que me comentó que tenían que hacer lo que los británicos les decían.

-¿Cuál es su actitud hacia el Sinn Fein hoy en día?

-Si se refiere al partido político, me desagradan todos los partidos políticos. Se dan mucha importancia y no suponen la más mínima diferencia en nuestras vidas. Cualquier partido podría estar en el poder aquí, no importaría cuál. En mi opinión, todos son un montón de basura. No me interesa lo más mínimo la política.

-Su primer matrimonio con la hija de Maud Gonne, Iseult, parece tener todos los elementos de dolor e incertidumbre asociados con el primer amor, y un amor cuando era usted muy joven... sólo tenía dieciocho años. ¿Está de acuerdo con eso?

-Lo estaría si no añadiera que el matrimonio duró casi veinte años, aunque tuvimos tremendas broncas y demás. Lo sentí mucho por Iseult. Era una de esas almas inocentes, ya sabe lo que quiero decir; me aguantó, lo que no fue fácil, y también aguantó a su madre, que para mí era una mujer desagradable. Sufrió por ambos lados.

-¿La madre de ella estaba en contra de usted?

-Sí, pero era comprensible. Yo era un chico desconocido del norte, sin antecedentes, sin dinero, sin nada que me recomendara. Un chico de dieciocho años se casa con su hija, con la que Yeats y otras personas se habrían casado de buena gana... Yo no era un buen partido, por decirlo suavemente.

-La poetisa Kathleen Raine, a quien entrevisté hace uno o dos años, habla de la pureza del amor juvenil, que describe como absoluta, la sensación de que no puedes imaginar que sientas eso por nadie más. ¿Recuerda ese primer amor, su intensidad, o ha desaparecido por completo?

-Es muy difícil decirlo ahora echando la vista atrás. Lo que creo es que si escribo sobre ciertos recuerdos y luego trato de recordarlos, lo que recuerdo es lo que he escrito sobre ellos. Si no hubiera escrito sobre ellos, tal vez podría volver a la realidad, pero tal como van las cosas, desconfío de muchos de mis recuerdos. El amor que nos teníamos era ciertamente de gran intensidad, y eso significaba grandes broncas y violencia. Cada uno destruyó cosas que el otro valoraba. Yo hacía algunas esculturas en aquella época, y tenía una de un pájaro que apreciaba mucho, e Iseult la cogió y la tiró al suelo. Y una vez yo agarré una pila de sus vestidos y le eché gasolina.

-¿Se arrepiente de eso?

-En cierto modo, no. Pero he hecho daño, y sí me arrepiento y hasta lo encuentro chocante.

-En Black List el personaje H está celoso de que Iseult Gonne [1884-1954] y el poeta Ezra Pound [1885-1972] hayan sido amantes... ¿fue algo que le obsesionó en su momento?

-Creo que sí, sin duda. El sexo -la sensualidad sea quizá una palabra más adecuada- es una fuerza motriz extraordinaria. E imaginar a tu pareja en los brazos de otra persona, eso formaba parte de la sensualidad. Me obsesionó.

-El hecho de que Iseult rechazara la oferta de matrimonio con Yeats [1865-1939], ¿provocó más tarde alguna incomodidad entre usted y Yeats?

-Nunca lo vi así. Me llevaba bien con él y fue extraordinariamente generoso conmigo. Dijo que con un poco de suerte yo sería uno de nuestros buenos escritores. Personalmente, no soy, digamos, un admirador de Yeats. Es, por supuesto, un gran poeta -sería ridículo decir lo contrario-, pero no es un poeta al que acudiría en busca de consuelo en momentos de estrés. La gente piensa que Yeats se daba mucho pisto, pero no es así. De hecho, era un hombre muy solitario al que le hubiera gustado tener amigos íntimos, pero no los tuvo. La gente corriente, incluso los intelectuales, no podían llevarse bien con Yeats. No tenía ninguna de las habilidades sociales normales. Cuando nos quedábamos con Yeats, yo permanecía despierto toda la noche, devanándome los sesos para pensar en alguna declaración profunda que pudiera hacer al día siguiente. A veces la cosa solía salir terriblemente mal.

-El matrimonio con Iseult se rompió hacia 1940. Había tantas cosas que cambiaban y se disolvían en aquella época; ¿acaso era sintomático de los tiempos que corrían el que se rompiera en 1940?

-Supongo que sí, y así fue. Muchas cosas más importantes que mi matrimonio se rompieron en esa época.

-¿Puede decirme qué fue lo que le atrajo de Hitler y, sobre todo, del movimiento nazi?

-Una de las cosas que siempre me ha parecido muy injusta es la impotencia del poeta. La mente creativa no debería ser impotente, y la única forma de que el escritor no sea impotente es si tiene un caudillo al que admirar, como Milton tenía a Cromwell. Sólo entonces se le otorga ese poder en el mundo que él cree que le corresponde. Ahora sé que es una creencia falsa, pero en aquel momento quería un caudillo al que venerar. Si Hitler no hubiera tenido esa maníaca obsesión antisemita, habría habido mucho que admirar en él. Pero otra razón por la que fui a Alemania y, más tarde, incluso transmití desde Alemania, fue todo el asunto de la guerra en sí, que es algo terrible. Si un bando hace la guerra porque ve que otro, un régimen extranjero, comete crímenes horribles, debería saber que no puede esperar ganar esa guerra sin utilizar esos mismos métodos de su enemigo, quizá incluso más horribles, y así fue en la última guerra. Los aliados utilizaron métodos similares a los de su enemigo para ganarla, pero entraron en ella diciendo que estaban realizando una cruzada cristiana, y en mi opinión eso es algo terrible. Me parece que se están contaminando todos los valores morales si se dicetal cosa. Estaban defendiendo a Europa contra un régimen horrible, pero no estaban llevando a cabo una cruzada cristiana. Al afirmar que lo hacían, estaban incurriendo en algo muy malo.

-¿Alguna vez se reunió con Hitler?

-No, pero podría haberlo hecho fácilmente porque el ministro estadounidense aquí en Irlanda, antes de la guerra, un hombre llamado  John Cudahy, le preguntó al Führer si me concedía una audiencia. Cuando estalló la guerra, John dejó la embajada y se fue a Alemania a trabajar como corresponsal de un periódico, para el New York Herald Tribune, creo. Tuvo al menos dos audiencias con Hitler, y en una ocasión le habló de ese escritor irlandés neutral cuyos libros había leído y le gustaban, y que estaba en Alemania. Al parecer, Hitler dijo que me llevara, pero yo nunca fui. Recuerdo que advertí a John de los peligros, y le dije que los británicos estaban al tanto de sus reuniones con el Führer y que estarían encantados de deshacerse de él. Él despreció la idea, pero luego se fue a Suiza y a los dos o tres días murió. Se dijo que había tenido un ataque al corazón o algo por el estilo, pero no había ninguna duda de que los británicos se deshicieron de él. Comprensiblemente, por supuesto. En la guerra se permite todo. [Debe confundirse Francis Stuart, pues John Cudahy murió de una caída de caballo en 1943 en su finca de Milwaukee].

-¿Era él muy pro Hitler?

-No tanto, pero aconsejaba a Hitler que no provocara a los americanos para que entrasen en la guerra, y eso era lo último que querían los británicos.

-Usted ha dicho que pronto descubrió que Hitler no era la respuesta, pero una de las razones por las que se quedó en Alemania fue por la hostilidad que sentía usted hacia los británicos. ¿En qué se basaba exactamente esa hostilidad?

-Se basaba en su actitud de superioridad moral. En un momento dado, los líderes aliados, incluido Churchill, se reunieron en medio del Atlántico en un acorazado y cantaron "Onward Christian Soldiers". Eso para mí fue muy impactante.

-¿Cree que la hostilidad pudo tener también algo que ver con el sistema inglés de escuelas privadas del que formó parte?

-El internado de Rugby tuvo un gran efecto en mí, no tanto un efecto moral, sino que me endureció de tal manera que me permitió sobrevivir a seis prisiones. Ninguna de ellas fue tan mala como Rugby.

-¿Sigue albergando rescoldos de hostilidad hacia los británicos?

-No, no como pueblo, aunque sigo pensando que su actitud es moralista.

-Durante la guerra, usted transmitió para Irlanda desde Berlín en nombre del Reich. ¿Qué sentía que estaba tratando de lograr en ese momento?

-No es fácil ahora, medio siglo después, recordar con sinceridad los verdaderos impulsos de uno, pero pensé que podía aportar los argumentos del otro lado, ya que no había nadie que los transmitiera a mi propio país. Nunca traté asuntos militares ni sobre la conducción de la guerra, nunca toqué esos temas. Sí expuse la hipocresía de la causa aliada, pero, como se vio después, nunca conocí a nadie que hubiera escuchado mis emisiones. Se emitían a altas horas de la noche, cuando nadie escuchaba.

-Dejando de lado el aspecto político, ¿cómo era la vida en Berlín en 1940? ¿Era un lugar animado?

-Sí, hasta 1944. Si tenías mucho dinero, claro.

-¿Tenía usted mucho dinero?

-Sí, y buscaba lujos en el mercado negro. También había mucha vida nocturna, aunque a mí nunca me gustó.

-¿Y las mujeres?

-Había muchas mujeres. Tuve una en particular, llamada Roisin O'Mara, cuyos orígenes eran, como mínimo, oscuros.

-Supongo que era irlandesa...

-No, yo no diría que ella se declarase irlandesa. Había sido adoptada por una familia inglesa, una familia aristocrática. Su padre adoptivo el quien estaba al mando en la batalla de los Dardanelos [Ian Hamilton], que fue un terrible desastre para los británicos, como usted sabe. Eso no tiene mayor importancia, pero ciertamente no fue algo en su haber como general. Roisin O'Mara [Róisín Ni Mhéara, ¿espía o traidora?] tenía la piel aceitunada, imagino que era originaria de Oriente Medio.

-¿Cómo la conoció?

-Cuando estalló la guerra, algunos de mis conocidos alemanes me dijeron que había una chica irlandesa que estudiaba en Berlín, y que estaba en una posición muy precaria, ya que era sin duda ciudadana británica. Me pidieron que le chara un ojo. Yo tenía un piso muy grande en ese momento y le ofrecía una habitación. En realidad estaba embarazada y tenía un bebé.

-¿Tenía eso algo que ver con usted?

-No, nada que ver conmigo. Pero nos hicimos amantes.

-¿Qué pasó con ella?

-Nada. Todavía anda por aquí. Escribió un libro, escrito en irlandés (1991), [obra polémica por negacionista y por haber recibido una subvención del Gobierno de Irlanda], que desgraciadamente no puedo leer, pero me han dicho que hace un alegato muy fuerte en favor del otro lado durante la guerra. Hay una fotografía que tomé de ella en Berlín en ese libro. Era muy hermosa.

[Aquí un blog en que se denuncia la publicación del libro]

-¿Le tenía usted mucho cariño?

-Oh, sí, mucho. Pero nunca la vi después de la guerra.

-¿Le sorprende que, cincuenta años después, mucha gente aún no le haya perdonado por haber emitido desde Alemania?

-Oh... no, no es sorprendente, es muy comprensible. Pero no me arrepiento.

- Su amigo Samuel Beckett se unió a la resistencia francesa y recibió la Croix de Guerre por su trabajo. ¿Nunca pensó que podría haber hecho lo mismo?

-A los franceses les resultaba muy conveniente conceder una alta condecoración a un extranjero que colaboraba con ellos, pero a mí me parecía una farsa.

-En el postfacio de la reciente reedición de Redemption, usted explica en cierto modo por qué pasó la guerra en Alemania, ignorando la advertencia de un profesor de la Universidad de Berlín de que, al hacerlo, estaría perjudicando enormemente su propio futuro. Lo explica en los términos de que ciertos acontecimientos de la Historia tienen una contrapartida, y, a pesar del hecho, o  tal vez debido al hecho de que la lucha contra el nazismo era casi universal en el mundo de habla inglesa, usted pensó que había una necesidad, tal vez incluso un deber, de contrarrestar todo ese consenso. ¿Cree que es una forma justa de presentar las cosas?

-No creo que sea del todo justa, porque siempre he creído que el consenso es malo. Un consenso de personas inteligentes es, en mi opinión, siempre malo. Creo que fue Simone Weil quien dijo que si ves la balanza muy cargada en el lado derecho, en el lado moral, pon tu pequeña ofrenda en el otro lado. Y creo que tenía razón.

-¿Cree usted en el mal?

-Sí.

-¿Diría usted que un movimiento, una ideología, como el nazismo, podría decirse que encarna el mal, y que en esa medida es nuestro deber resistir  frente a él?

-Respondería que sí a la primera parte, que podría decirse que encarna el mal, pero que sea nuestro deber resistirnos a él no es necesariamente algo con lo que esté de acuerdo. Simplemente hay que enfrentarse a él según las circunstancias concretas que se presenten en la vida. No hace falta una teoría general.

-En su opinión, ¿tuvieron razón los aliados al resistirse al nazismo?

-Físicamente, en términos de armamentos, tenían razón, pero no tenían razón al afirmar que estaban librando una cruzada cristiana.

-¿Temió alguna vez que le colgaran junto a personas como John Amery y William Joyce, considerados traidores británicos?

-Era poco probable, porque yo no tenía pasaporte británico. Tuve uno en mi juventud, cuando vivía en el Norte y todos éramos parte de Reino Unido, pero después tuve un pasaporte irlandés válido. Podrían haberme colgado, supongo, pero habría sido una parodia de justicia.

-¿Cree que se puede ser moralmente neutral?

-No se puede tener una actitud moralmente neutral en general, pero en circunstancias concretas creo que sí. En mi situación en Alemania lo correcto era  ser neutral.

-En el epílogo de Redemption también habla de Irlanda como un país que ha "aguantado el conflicto mundial comiendo beicon y bebiendo té". Eso parece contener elementos de juicio y de condena...

-Sólo estaba constatando un hecho. En Irlanda se llamó la Emergencia, que es una forma divertida de describir la mayor guerra de la historia, y se quejaban del racionamiento. No iban a dejar que el negocio de la guerra interfiriera en sus vidas. No los estoy condenando. ¿Por qué debería hacerlo? Si yo hubiera estado en Irlanda, también habría comido tocino y huevos.

-A veces se le ha comparado con Jean Genet. ¿Es una comparación que acepta sin reservas?

-Sí, tengo un buen concepto de Genet. Era una buena persona. Para el mundo era amoral, pero creo que sin duda actuaba desde una cierta fe moral, lo que es poco frecuente.

-Edmund White, biógrafo de Genet, decía que una y otra vez Genet se sentía atraído por la persona que todos los demás despreciaban, la más baja. ¿Cree que ese ha sido su caso, tanto en la vida como en la ficción?

-Podría ser, pero creo que en mi caso eso es marginal. Me atraen más los llamados señores de la guerra, porque tienen el poder que creo -o solía creer- que yo debería tener. Creo que las mentes imaginativas, los exploradores y los que sondean la realidad deberían tener poder en una sociedad justa.

-¿A qué atribuye su éxito con las mujeres?

-No era feo, digamos, pero también me mostraba  positivo en mi acercamiento a ellas. Nunca consideré a una mujer como una pasión pasajera o un elemento de sensualidad. La mujer del momento era siempre para mí LA MUJER que iba a estar conmigo el resto de mi vida. Debo decir honestamente que creo que eso fue un mérito mío.

-¿Era usted muy sexual?

-Mucho, sí.

-¿Se le consideraba un buen amante?

-Es muy difícil decirlo ahora. Si estás con una mujer en una situación sensual, difícilmente te va a decir que no cumpliste con sus expectativas. Pero sinceramente no creo que haya estado especialmente bien, no.

-Parece que estaba -más de lo normal- muy interesado en encontrar la verdad, aunque ésta fuera dolorosa. Ese es el telón de fondo de gran parte de su obra de ficción. ¿Siente que ha encontrado la verdad -si se puede decir así- y que ha valido la pena el dolor?

-Encontré lo que yo llamo la realidad, prefiero la palabra realidad a verdad. La verdad es un poco pretenciosa. Si sólo encuentras una realidad limitada, no tiene sentido. Hay que preguntarse cuál es la realidad mayor en la que está contenida esta realidad limitada de la vida cotidiana.

-Como cristiano, ¿cree en una vida después de la muerte?

-En realidad, no creo en el Cielo. Cuando digo que creo en la fe cristiana, es porque leo los Evangelios y me sirven de consuelo e inspiración. Eso no significa que esté obligado a tomar sus puntos de vista como definitivos sobre cualquier cosa; pero sería altamente erróneo rechazarlos, sólo porque los Evangelios informan de algo que es más o menos increíble. En cuanto a la vida después de la muerte, no estoy en condiciones de responder con la inteligencia que se me ha concedido ni con las experiencias que he tenido. No puedo decir que sí o que no a la vida después de la muerte. No tiene sentido hacerlo. En mi larga vida tengo algunos recuerdos muy intensos de sucesos lejanos, y no creo que se borren por completo, ni siquiera después de que me muera.

-¿Tiene miedo a la muerte?

-Sí, diría que sí, aunque mi miedo a la muerte no tendría prioridad sobre todas mis otras angustias. Si muriera mañana, mi mayor ansiedad sería qué sería de mi gato.

-Volviendo por un momento a Redemption, uno de los pasajes más llamativos dice lo siguiente: 'No hay nada en el mundo que no pueda llamarse unos arañazos, desde la música hasta el amor. Es cuestión de que sean los arañazos adecuados". ¿Es una afirmación muy significativa para usted? ¿Diría que ha conseguid los arañazos adecuados?

-Es una afirmación importante, sí. Ya sea en una partitura o en tu propia situación, sólo es cuestión de arañazos, eso es todo lo que podemos hacer. En lo que respecta a mis propios arañazos, todo lo que puedo decir es que siempre fueron positivos. Siempre fueron arañazos de un creyente, más que de un escéptico.

-Una de las cosas que me llamó la atención cuando leí Redemption fue el asunto de la chica violada. Ella le cuenta a Ezra el trauma y le dice que es una suerte que Margaretta esté muerta, porque así no tiene que sufrir el tormento de ser violada. Y Ezra le responde que preferiría que Margaretta hubiera sido violada veinte veces antes que verla muerta. ¿Era esa su opinión?

-Oh, sí. Porque ser violada no habría sido nada de lo que avergonzarse, ni para ella ni para mí, y tenerla viva lo era todo. Quise decir exactamente eso.

-Más tarde, cuando Ezra describe la violación de una joven, dice: "La violencia nunca toma la forma que uno imagina". ¿Cuál ha sido el impacto de la violencia en su propia vida?

-El impacto de la violencia ha sido muy considerable en mi vida. He vivido muchos acontecimientos violentos, y he estado íntimamente involucrado en la violencia. He escuchado ejecuciones desde una celda de la cárcel, y no he estados lejos de varias otras.

-En el mismo libro, Ezra hace una distinción entre lo que él llama "una verdadera amante" y "un verdadero amigo definitivo", diciendo que una esposa es, en realidad, una tercera cosa,  situada en algún lugar entre los dos conceptos. Dice Ezra que "ser una esposa es ser incapaz de la amistad final sin juicios". ¿Está esto escrito más con pena que con rabia? ¿Ha sido una desilusión personal para usted?

-Sí, supongo que sí. Ese comentario proviene de la época en que quise un ménage à trois con Madeleine, e Iseult se negó. Pensé que nuestros corazones habían sido cambiados por la guerra; mi propio corazón había sido cambiado, y pensé que podría traer de vuelta a Madeleine, y que Iseult lo aceptaría. Pero sus corazones no habían cambiado como el mío. Y aun así pensé que podría cambiarlos. Se lo conté a un amigo, un profesor alemán de la universidad, y me dijo que era muy ingenuo por mi parte. Y luego me dijo algo curioso: me preguntó con quién de ellas saldría a dar paseos. Yo no lo veía como un problema, pero él obviamente, sí.

-Pero es de suponer que habría habido problemas. Quiero decir: ¿cómo habría organizado los arreglos para dormir?

-Me  habría gustado actuar por impulso. Como escritor, es la única manera de actuar, naturalmente, tal como ocurre.

-Usted también escribe: "El matrimonio puede ser sagrado, pero también puede ser despiadado en lo que respecta al resto del mundo". Me pregunto qué tenía en mente cuando escribió eso. ¿El matrimonio no tiene corazón?

-Oh, no. Las parejas no tienen corazón, son despiadadas con el resto del mundo si algo de fuera les amenaza. No tienen ninguna comprensión ni compasión...

-En su novela Black List escribe: "El deshonor es lo que le convierte a uno en un poeta, no los títulos ni la aclamación". ¿En qué basa esa creencia?

- En la experiencia. La mente creativa sólo puede escribir desde el aislamiento, que proviene en gran medida del deshonor, porque si recibes honores, no estás aislado.

-Usted ha escrito libros -quizás de forma poco frecuente, y ciertamente más que la mayoría de los escritores- que reflejan los acontecimientos de su propia vida. Casi se podría decir que ha vivido su propia ficción. ¿Lo ve así? ¿La realidad y la ficción se confunden en su mente?

-Sí, así es. En parte es culpa de mi memoria, pero se confunden, y creo que es un defecto de muchos buenos escritores hoy en día. La vida y la obra de un escritor no deberían estar separadas; deberían estar completamente unidas.

-En Black List usted describe cómo H, después de recibir la Sagrada Comunión, se arrodilla junto a una columna de piedra y dice una y otra vez: "Señor mío y Dios mío". Entonces él se pregunta: si toda religión es un mito, ¿invalida eso la experiencia del momento? ¿Cómo respondería usted mismo a esa pregunta?

-No, no la invalida. Incluso si la religión católica, o cualquier otra, es todo leyenda y mito; pero eso no las invalida en lo más mínimo. Igual que una parábola no invalida la verdad que representa la parábola. El mito, si es lo suficientemente intenso, se sostiene por sí mismo.

-¿Ha pensado mucho en la religión a lo largo de su vida?

-He pensado mucho en ello, sí. Y todavía lo hago. Me he hecho las preguntas, pero las respuestas están más allá de nosotros.

-En Redemption, Ezra le dice al sacerdote: "En general, qué horrible egoísmo es el egoísmo familiar, y el de su familia católica es el más desagradable de todos". ¿Lo cree así?

-Sí. Los he visto en acción. Esa absoluta crueldad contra cualquier cosa del exterior que les amenace resulta bastante chocante, y la iglesia católica fomenta esa actitud.

-Usted siente un especial afecto por Santa Teresa de Lisieux. ¿A qué se debe?

-Fue educada como una católica muy estricta y piadosa, realmente sensiblera. Y luego entró en este convento donde ya tenía al menos dos hermanas, que se lo pusieron muy fácil. Era una pequeña criatura piadosa, con esa piedad convencional que es tan horrible. Después de un tiempo, no sé cuánto tiempo realmente, pero muy pronto, toda la fe, el consuelo y la creencia le fueron arrebatados. Tal vez no sea la forma correcta de decirlo, pero en cualquier caso perdió la fe. Se convirtió, dentro de lo posible, en una escéptica, y creo que debió de ser ser una experiencia terrible. Allí estaba, en el convento, más o menos prisionera. Ella fue allí por una creencia que ya no tenía. Y sin embargo, por supuesto, no dijo que no la tenía, porque no podría haberlo soportado. Entonces se volvió tuberculosa. El clima de Normandía no ayudó y no tenía suficientes mantas en su catre. Una vez se despertó por la noche tosiendo y sintió que la boca se le llenaba de sangre. La escupió en una servilleta, pero no encendió la luz. Por la mañana vio que era obviamente sangre arterial del pulmón y supo que su destino estaba sellado. El hecho de no haber encendido la luz fue un gran acto de autoflagelación.

-¿No escribió sobre ella en una novela?

-Sí, fue divertido... bueno, al menos las consecuencias fueron divertidas. Me sentía muy atraído por Teresa de Lisieux y escribí que esa noche estaba en la cama con ella cuando tosió. Cuando se llevó la servilleta a la boca, le dije: "Enciende la luz", y ella dijo: "No, no lo haré". Sólo la encendió por la mañana y, por supuesto, cuando la vimos, supimos que estaría condenada en muy poco tiempo. Escribí todo esto en una novela y algunas personas que eran admiradoras de mi obra me dijeron que era sencillamente horrible que escribiera algo así, y juraron que sería el último libro mío que leerían. Les pareció ofensivo que utilizara este hecho, evidentemente muy privado y doloroso, en la vida de alguien, a quien se suponía que tenía que venerar. Pensé, bueno, ¿por qué no?

-Usted ha estado a menudo en Lourdes. ¿Cree realmente en los milagros?

-No. Fui a Lourdes porque quería bajar con el bastón a la gruta, y luego a la basílica para la bendición, por la noche. Llegué a conocerlos como no lo habría hecho normalmente. Así entras en la conciencia de otras personas. Por supuesto, en muchos sentidos fue desgarrador.

-En su novela Memorial, publicada en 1973, cita a Derek Mahon [1941-2020], que en un poema habla del autor, que vive "en la oscuridad y el escarnio". ¿Es así como se ve a sí mismo?

-Sí, supongo que sí. Sin duda era así cuando lo escribí. Tal vez ahora estén cambiando un poco las cosas, pero antes, si se mencionaba mi nombre, suscitaba bastante escarnio.

-¿Cree que se le leerá más después de su muerte ?

-Sí.

-¿No es un pensamiento amargo... o es algo que reconforta?

-Ni lo uno ni lo otro, en realidad. Históricamente hablando, creo que no seré olvidado. Pero si eso es un gran consuelo, es harina de otro costal. Es de suponer que no estaré  ahí para obtener ninguna satisfacción de ello.

-¿Diría que está en paz consigo mismo ahora?

-No, no. Nunca estaré en paz conmigo mismo.

-¿Por qué cree que es así?

-Por muchas razones, la más obvia es que nadie con inteligencia imaginativa que se encuentre en este durísimo planeta puede estar en paz. Nuestra vida es muy cruel, y si hay un creador divino, digamos que una parte de él es extremadamente despiadada. Tiene compasión, sin duda, pero digamos que su espíritu es muy complejo.

-Recientemente ha sido seleccionado para convertirte en un Saoi (Sabio) irlandés, mientras que en una ocasión anterior fue usted rechazado. ¿Cree usted que la clase dirigente le ha perdonado sus pecados y que esto significa un mayor reconocimiento de su talento como escritor?

-Sí, por supuesto. Escribo en inglés, que al fin y al cabo es uno de los idiomas que realmente cuenta, y como escritor en inglés estoy muy bien considerado. Sería bastante tonto por parte de esta gente del establishment no tenerlo en cuenta. Son, por supuesto, británicos, y muy estúpidos la mayoría de ellos.

-¿No se alegra de que le honren?

-No especialmente, no. No lo considero un gran honor, pero lo aceptaré.


Memorias de Naim Attalalah (2020)




lunes, 28 de junio de 2021

Trampas al solitario para el colectivo


Cataluña [toro].- "Lo que nos faltaba...". [Unión Europea]. (Ramson/Le Parisien)




En el informe del indulto a Forcadell, se lee en el punto 29 (IV. PROPUESTA DE INDULTO A DOÑA CARME FORCADELL I LLUÍS, p. 23)  (pero vale para cualquiera de las otras propuestas de los nueve indultos).


"Conforme a los datos de opinión del Centre d’Estudis d’Opinió, en 2006 el independentismo contaba con un apoyo del 14%. A partir de ese año, se produjo un incremento que elevó ese porcentaje hasta el 49% en 2013, el  nivel más alto de la década. A partir de ese año se inicia una tendencia descendente y en 2017 el independentismo contaba con un apoyo del 35%. En el último sondeo de opinión [2021], citado más arriba, ese apoyo ha aumentado de nuevo hasta el 44,9%".

Este párrafo de los indultos da a entender cosas peregrinas cuando no absurdas: 

1) Que en 2017 el apoyo al  independentismo era 14 puntos porcentuales (14%) inferior al de 2013 (?¿ A santo de qué); 

2) O que, desde 2017, el independentismo ha crecido hasta hoy 11 puntos, (11%) (?¿ A santo de qué)

Por otro lado, la idea subyacente en el párrafo demoscópico sería que los periodos de cárcel [2018-2021] han dopado el sentimiento independentista.

Algo que, con los datos más completos de la misma fuente, CEO, es falso. [https://upceo.ceo.gencat.cat/]

Pues resulta que si se examinan los años que no se citan, (vide infra) se echa de ver lo siguiente:

- el impacto de la cárcel  preventiva en 2018 hizo más bien que bajara el apoyo indepe 8 puntos porcentuales.

- la sentencia de octubre de 2019 apenas hizo subir el apoyo: solo un 1%.

- y, last but not... last and absolutely not least, la estancia en la cárcel post-sentencia... hizo bajar el apoyo casi  6 puntos porcentuales.


Resulta pues que en la recogida de datos del  CEO se omiten (¿voluntariamente?) muchas estaciones intermedias, [aparte de la horquilla de 2007 a 2012 y de 2014 a 2016], y también brillan por su ausencia los porcentajes de apoyo al sentimiento independentista en los años 2018, 2019 y 2020.

Aquí van los guarismos, recogidos en la fuente:

Con (*) todos los datos omitidos en el párrafo  29 del informe sobre Carme Forcadell.
En amarillo los % recogidos en el párrafo.

---

2006: 14%
*2007: 16,9%
*2008: 17,6%
*2009: 20,9%
*2010: 21,5%

-Sentencia del TC sobre el Estatut - 28 de junio de 2010.

*2011: 28,2%

-Diada multitudinaria 2012, previa a la visita de Artur Mas a Mariano Rajoy, final de septiembre 2012, para pedir un pacto fiscal "a la vasca".

*2012: 44,3% !! (datos posteriores por tanto a la visita de Artur Mas a Moncloa]

2013: 49%
*2014: 49,4%
*2015: 46,6%
*2016: 41,6%

2017: 35% (ojo: es el dato del primer trimestre)

Pero después de los hechos de septiembre y de octubre en el mismo 2017, la cosa cambió:
 
*2017 (10 de octubre de 2017): 48,7%

- Aplicación del 155 (octubre 2017- junio 2018)

*2018: 40, 8%
*2019: 47,2%
*2020: 48,7%

2021: 44%

Es decir, la supuesta lógica inherente al párrafo que argumenta en favor de la utilidad del indulto, con este iter reducido a 4 escalas: 2006/2013/2017/2021 pretende indicar que el sentimiento independentista se empezó a disparar -a partir de una cierta irrelevancia, ese 15% 2006-, y alcanzó su culmen en 2013 [tras el rechazo del pacto fiscal de Artur Mas a Rajoy, allí es donde se da el gran salto de 16% la mayor crecida histórica absoluta], y fue descendiendo un poco en los años previos y posteriores a la consulta del 9-N de 2014, y siguió bajando el año de los hechos de 2017 (primer trimestre, 35%) aunque luego habría ido subiendo, hasta hoy, que está en el 44%.

En este crono-razonamiento, se omiten varias estaciones intermedias: por ejemplo, la de que el 10 octubre de 2017, el sentimiento llegó al 48,7%, subiendo así pues hasta 14 puntos porcentuales más en unos meses desde inicios de 2017 (!), para bajar  luego hasta el nivel del 40,8% en 2018, estando los presos en prisión preventiva, pero volviendo a subir en 2019 y 2020, y finalmente bajando actualmente hasta la cifra del 44%.

El gran auge (ya se ha dicho) se produce en 2012-2013; ese es el gran salto, conectado indudablemente con el pacto fiscal exigido por Artur Más a Rajoy Menos; luego, desde 2013 hasta hoy las variaciones del apoyo fluctúan por diversos y variados posibles motivos, pero no influidos por el factor cárcel o, al menos, si fuera por el factor cárcel no de manera coherente.

¿Pero qué coherencia hubo en el Procés? [Procès (sic)** con acento grave en el texto del gobierno, grave esnobismo]

**"De hecho, esta propuesta entiende que la utilización política y mediática por parte de algunos de los condenados en la causa del Procès (sic) para entorpecer los intentos de diálogo refuerzan la decisión que aquí se propone". (Sección IV, punto 21, indulto de Jordi Cuixart i Navarro)

De este recorrido más completo, que es una montaña rusa, debería más bien concluirse que la prisión preventiva, la sentencia firme y el cumplimiento de la pena cárcel post-sentencia NO son factores que hayan hecho crecer el sentimiento independentista.

Y, además, que la aplicación del 155, si acaso, hizo bajar ( 8 puntos porcentuales) el sentimiento independentista.

Resumiendo: no hay tal vínculo causal implícito en el párrafo gubernamental entre la cárcel y el aumento del independentismo y, por ende, entre la salida de la cárcel y las utilidades públicas (salvo la de seguir gobernando con el indispensable apoyo independentista).

Vale.
 

sábado, 26 de junio de 2021

Pedantesas epicenas


                                   Cuidado con el/la perro/a


La emasculación lingüística rige en todas partes. ¡Hasta en la helvética república!

Verbigracia, este artículo de Marc Bonnant, afamado penalista suizo, conocido como "el Mozart de los tribunales", y gran defensor de la libertad de expresión, en una de sus crónicas dominicales en Le Matin.


Aquí en V.O.

Y aquí una versión "expresesa".


¡Salerno! ¡Salerno! ¡Salerno! ¡Triste llanura!

En su Carta sobre los espectáculos de 1758 dirigida a D'Alembert, Rousseau vaticina: "A falta de poder hacerse hombres, las mujeres nos hacen mujeres". Una oscura profecía que hoy se hace realidad.

Casandra siempre tiene razón.

Unas cuantas generaciones de feministas furiosas han conseguido castrar a la mayoría de los hombres. El hombre blanco es ahora, psíquicamente, un castrado o un capón. Demos gracias a los musulmanes, el último bastión de la virilidad. Los rousseaunistas -me refiero al capítulo V del Emilio, o de la Educación- todavía saben asignar a Sophie, la rectitud: a Aïcha, la modestia, la abnegación y la devoción,  virtudes que ahora han perdido algunas de nuestras jacarandosas habladoras nativas, nuestras compañeras modernas. Ofenden a la naturaleza.

Fin del singular masculino, pues.

Y ahora... las vengadoras Erinias atacan el plural masculino. El vocabulario y  la sintaxis. Él/Ella tendrán que ser castrad-o-a-es.

Atacar las palabras es atacar a las Letras. Es un ataque al lenguaje; que no es sólo un medio de expresión, sino una representación del mundo. Tiene, con la cultura, un vínculo orgánico.

La lengua es una especie viva... Nace y evoluciona. Ni las enfermedades de la juventud, ni el desgaste, ni el olvido -la obsolescencia- la perdonan. La lengua es frágil y está expuesta. Debemos cuidarla ecológicamente. Los lingüistas saben lo que la amenaza: los crímenes del amor, los crímenes de la libertad...

Los primeros conducen al purismo, a un lenguaje sacralizado, congelado en su perfección. Tener el siglo XVII francés como única y última referencia es un crimen de amor. Los segundos, acogen todas las aportaciones extranjeras, crean neologismos inútiles y consienten que se difumine la frontera entre la palabra escrita y la hablada. Estos son los crímenes de la libertad.

Algunas personas biempensantes añaden más cosas a estos crímenes habituales: pretenden mezclar la moral con el lenguaje. Peor aún, la igualdad.

Como la Sra. Sandrine Salerno. El vasto campo de nuestras derrotas (de ahí mi título hugoliano: "triste llanura"). Nuestra consejera administrativa es un producto puro de la democratización de los estudios y de la porosidad de las clases sociales. Inculta por haber repudiado toda herencia, es un ejemplo de nuestra modernidad. Necesariamente feminista, si se me concede que el feminismo es ante todo la reivindicación y la arrogancia de las desheredadas. En una palabra: una mujer de izquierdas...

Ahora, ella se atreve a declarar que "una lengua no tiene que ser bella, pero sí justa". Una sepulturera del gusto.

Así, surge todo un vocabulario eufemístico, no discriminatorio, respetuoso con el otro y su diferencia. Ni los enanos, ni los ciegos, ni los sordos son ahora llamados por sus nombres. Ni los imbéciles, de quienes se dice que tienen la inteligencia del corazón.

Sólo la cultura, que es tradición y uso, es la base de la lengua. Nuestras nuevas Preciosas Ridículas lo crean por decreto. Es necesario, prescriben ellas, desexualizar el vocabulario... feminizándolo. Roland Barthes, en su conferencia inaugural en el Collège de France, dijo que la lengua es fascista*. A partir de ahora, también será femenina.

La Académie, que lleva más de trescientos años regulando "los más bellos usos de la Corte y la Villa", ha sido recusada por sexista. Cerebros ideológicamente nebulosos han excretado un "Diccionario epiceno". Al hojear este léxico, habrá usted retenido algunas perlas de la novlengua salerniana.  Breve monstruario: una "asesoresa", una "administrativesa", una "alcaldesesa", una "predecesoresa" y la deliciosa "Bombera Zapadora". Lo grotesco compite con lo incongruente; lo feo con lo ridículo.

¡A la mierda el Thesaurus de Jean Nicot, los diccionarios de Furetière o de Trévoux! Y el Littré y el Dictionnaire de l'Académie . Y la gramática Bescherelle. Un autodafé.

Sandrine Salerno, Thérèse Moreau (una oscura escritora  [epicenista] de elegantes oscuridades) y otras pedantas -¿o mejor debería decir pedantesas?- retozando alrededor del fuego: un aquelarre lúgubre y funesto.

 Marc Bonnant


* "La lengua, como ejecución de todo lenguaje, no es ni reaccionaria ni progresista, es simplemente fascista, ya que el fascismo no consiste en impedir decir, sino en obligar a decir" (Roland Barthes, 9 enero de 1977, Lección inaugural del Collège de France)



viernes, 11 de junio de 2021

Houellebecq y la eutanasia


Viñeta de Glon.  
Houellebecq contra el suicidio por eutanasia. "Milito en favor de una vida con plena salud hasta el final"


Alegato del conocido autor francés en conta de la eutanasia. Aquí en V.O.  en Le Figaro.

 

Y aquí debajo una tradu exprés.


"Una civilización que legaliza la eutanasia pierde todo derecho al respeto"


LE FIGARO. 5 de abril de 2021

Mientras se debate esta semana [la del 5 de abril] en la Asamblea un proyecto de ley para legalizar el suicidio asistido, el escritor, que muy rara vez interviene en el debate público, explica por qué se opone ferozmente a lo que considera una ruptura antropológica sin precedentes.

Por Michel Houellebecq

Premisa número1: nadie quiere morir. Por lo general, uno prefiere una vida disminuida a no tener ninguna vida; porque todavía hay pequeñas alegrías. ¿Acaso la vida no es, casi por definición, un proceso de disminución? ¿Y hay más alegrías que las pequeñas (esto merecería ser explorado)?

Premisa número 2: Nadie quiere sufrir. Es decir, sufrir físicamente. El sufrimiento moral tiene su encanto, e incluso puede utilizarse como material estético (y yo no he privado de ello). El sufrimiento físico no es más que un puro infierno, carente de interés y significado, del que no se puede aprender ninguna lección. La vida puede haber sido descrita sumariamente (y falsamente) como una búsqueda de placer; es, con mucha más seguridad, una evitación del sufrimiento; y casi todo el mundo, ante la alternativa entre el sufrimiento insoportable y la muerte, elige la muerte.

Premisa número 3, la más importante: el sufrimiento físico puede ser eliminado. Principios del siglo XIX: descubrimiento de la morfina; desde entonces han aparecido un gran número de moléculas relacionadas. Finales del siglo XIX: redescubrimiento de la hipnosis; todavía se utiliza poco en Francia.

Sólo la omisión de estos hechos puede explicar las espantosas encuestas a favor de la eutanasia (96% a favor, si no recuerdo mal). El 96% de las personas entienden que se les haga la pregunta: "¿Prefiere que le ayuden a morir o pasar el resto de su vida con un dolor insoportable?", mientras que el 4% conoce realmente la morfina y la hipnosis; el porcentaje parece plausible.

Me resisto aquí a lanzar un alegato a favor de la despenalización de las drogas (y no sólo de las "blandas"); ese es otro tema, sobre el que me remito a las sabias observaciones del excelente Patrick Eudeline.

Los partidarios de la eutanasia se llenan la boca con palabras cuyo significado desvirtúan hasta el punto de que ni siquiera se les debería permitir pronunciarlas. En el caso de la "compasión", la mentira es palpable. En el caso de la "dignidad", es más insidiosa. Nos hemos alejado gravemente de la definición kantiana de dignidad al sustituir progresivamente el ser moral por el ser físico (¿negando la noción misma de ser moral?), al sustituir la capacidad propiamente humana de actuar obedeciendo al imperativo categórico por la concepción más animal y más plana del estado de salud, que se ha convertido en una especie de condición de posibilidad de la dignidad humana, hasta representar finalmente su único significado verdadero.

La dignidad es algo sin lo que podemos vivir; podemos prescindir de ella. Por otro lado, todos tenemos una mayor o menor necesidad de sentirnos necesarios o queridos, a falta de ser valorados.

En este sentido, apenas he tenido la impresión, a lo largo de mi vida, de mostrar una dignidad excepcional; y no tengo la impresión de que la cosa vaya a mejorar. Voy a acabar perdiendo el pelo y los dientes, mis pulmones van a empezar a desmoronarse. Me volveré más o menos indefenso, más o menos impotente, quizá incontinente, quizá ciego. Al cabo de un tiempo, una vez alcanzado cierto grado de degradación física, inevitablemente acabaré diciéndome (si, con suerte, no me lo hacen ver) que no me queda dignidad.

Bueno, ¿y qué? Si eso es la dignidad, podemos vivir sin ella; no la necesitamos. Por otro lado, todos necesitamos sentirnos necesitados o queridos, o al menos valorados, o incluso, posiblemente en mi caso, admirados. También es cierto que podemos perderla; pero no podemos hacer mucho al respecto; los demás juegan un papel muy decisivo en este sentido. Y me veo pidiendo morir sólo con la esperanza de que alguien me diga: "No, no, no, quédate con nosotros"; eso sería propio de mí. Y lo que es más, lo confieso sin la menor vergüenza. La conclusión, me temo, es obvia: soy un ser humano absolutamente desprovisto de toda dignidad.

Uno de los argumentos habituales es que Francia está "atrasada" con respecto a otros países. La exposición de motivos del proyecto de ley que se presentará próximamente a favor de la eutanasia es cómica en este sentido: cuando buscan los países respecto de lo cuales Francia está "atrasada", sólo encuentran Bélgica, Holanda y Luxemburgo; no me impresiona mucho.

El resto de la exposición de motivos consiste en una retahíla de citas de Anne Bert, presentadas como "admirables por su fuerza", pero que tuvieron el desafortunado efecto de despertar en mí suspicacias. Así, cuando afirma: "No, la eutanasia no es eugenesia"; sin embargo, es evidente que sus partidarios, desde el "divino" Platón hasta los nazis, son exactamente lo mismo. Del mismo modo, cuando continúa: "No, la ley belga sobre la eutanasia no fomenta el expolio de la herencia"; confieso que no había pensado en ello, pero ahora que lo menciona...

Inmediatamente después, deja caer que la eutanasia "no es una solución de orden económico". Sin embargo, hay algunos argumentos sórdidos que sólo se pueden encontrar entre los "economistas", si es que el término tiene algún significado. Fue Jacques Attali quien, en un viejo libro, insistió mucho en el coste que supone para la colectividad mantener vivos a los ancianos; y no es de extrañar que Alain Minc, más recientemente, haya ido en la misma dirección, Attali no es más que Minc en plan más estúpido (por no hablar del payaso de Closets, que es como el mono de los dos anteriores, su bufón).

Los católicos resistirán como puedan, pero, por desgracia, nos hemos acostumbrado a que los católicos pierdan siempre. Los musulmanes y los judíos piensan, sobre este tema, como en muchos otros temas llamados "sociales" (una palabra fea), exactamente lo mismo que los católicos; los medios de comunicación generalmente hacen un buen trabajo para ocultarlo. No me hago muchas ilusiones, estas confesiones acabarán doblegándose, sometiéndose al yugo de la "ley republicana"; sus sacerdotes, rabinos o imanes acompañarán a los futuros eutanasiados diciéndoles que ahora las cosas  son tan buenas, pero que mañana serán mejores, y que aunque los hombres les abandonen, Dios cuidará de ellos. Admitámoslo.

Desde el punto de vista de los lamas, la situación es probablemente aún peor. Para cualquier lector consecuente del Bardo Thödol, la agonía es un momento especialmente importante en la vida del hombre, pues le ofrece una última oportunidad, incluso en el caso de un karma desfavorable, de liberarse del samsara, el ciclo de encarnaciones. Por tanto, cualquier interrupción anticipada de la agonía es un acto francamente criminal; por desgracia, los budistas no intervienen mucho en el debate público.

Quedan los médicos, en los que tenía fundadas pocas esperanzas, probablemente porque los conocía mal, pues es innegable que algunos de ellos se resisten, se niegan obstinadamente a dar la muerte a sus pacientes, y que quizás seguirán siendo la última barrera. No sé de dónde sacan esa valentía, quizá sea el respeto al juramento hipocrático: "No daré veneno a nadie, aunque me lo pida, y no tomaré la iniciativa de tal sugerencia". Debe haber sido un momento importante en sus vidas, el pronunciamiento público de este juramento. En cualquier caso, es una bonita pelea, aunque uno tenga la impresión de que es una pelea "por el honor". No s es poca cosa, el honor de una civilización; pero es algo más lo que está en juego, a nivel antropológico es una cuestión de vida o muerte. Debo ser muy explícito en este punto: cuando un país -una sociedad, una civilización- llega a legalizar la eutanasia, pierde, en mi opinión, cualquier derecho al respeto. Entonces no sólo es legítimo, sino deseable, destruirlo para que otra cosa -otro país, otra sociedad, otra civilización- tenga la oportunidad de nacer."


domingo, 23 de mayo de 2021

Par monts et par Valls

 




Entretien avec Manuel Valls avant son retour en France.


Ici en V.O.  dans le quotidien El Mundo.


Ci-dessous, une traduction express:


Conversation avec Manuel Valls sur sa venue, son retour et sur un certain Giró

Par Arcadi Espada.


Manuel Valls vient de publier Pas une goutte de sang français (Grasset), le carnet du retour au pays. Le titre est tiré d'une phrase de Romain Gary : "Je n'ai pas une goutte de sang français mais la France coule dans mes veines".

-Ce livre magnifique, qui pourrait difficilement être écrit par un homme politique espagnol, a la particularité d'être publié par un conseiller municipal de Barcelone.

-Oui...

-Vous offrez vos services à la France dans le livre. Est-ce compatible ?

-Non. Le livre est le résultat d'une réflexion de trois ans qui ont changé ma vie personnelle et politique. Maintenant, je sais que je suis éminemment français : dans mes valeurs, dans ma façon de penser et dans ma façon de faire de la politique. Mon temps en tant que conseiller municipal à Barcelone est révolu. Je vais bientôt rendre ma démission publique.

-Je pense que c'était une erreur de ne pas partir après l'élection d'Ada Colau comme maire de Barcelone. Vous seriez parti en beauté.

-Ma femme le pense aussi. On ne peut pas réussir à tous les coups.

-Pourquoi êtes-vous vraiment venu ?

-Pour fuir la France. Avec l'effondrement du parti socialiste, c'est toute ma vie politique qui coule. Quarante ans. Je me séparais également d'avec ma femme de l'époque. Pour les vestiges du socialisme, je devenais un traître, car j'ai voté pour Macron. Et beaucoup d'amis de Macron me méprisaient. Et je me sentais la cible de l'antisémitisme et de l'islamisme radical : Edwy Plenel [président de Mediapart] m'accusait de faire la guerre aux musulmans. J'ai réussi à conserver mon siège de député, mais après une campagne qui m'a laissé épuisé et blessé. Et soudain, j'ai commencé à ressentir des inputs espagnols.

-Quel est le premier input ?

-On commencait à m'appeler pour que je donne mon avis sur le Processus catalan. J'essayais de faire entendre clairement cette opinion en Europe et d'influencer des personnes clés comme Angela Merkel ou Antonio Tajani. Puis les milieux économiques ont commencé à m'inviter à dénoncer le danger de l'indépendantisme, d'un point de vue européen. Et j'ai essayé de dire à mes amis de la gauche espagnole que le patriotisme est une valeur.

-Est-ce qu'ils l'ont compris ?

-Non.

-Continuons.

-Au mois de février 2018 je reviens pour un acte à la Estació de França. Je fais un discours en catalan, en espagnol et en français. Puis, lors d'un déjeuner au 7 Portes avec deux dirigeants de la Sociedad Civil Catalana, Josep Ramon Bosch et José Rusiñol, et le président du Círculo de Empresarios, Javier Vega de Seoane, on me propose d'être candidat à la mairie.

-Candidat de qui?

-D'une plateforme aussi large que possible. Je leur dis qu'ils sont fous : qu'il est impossible que  Ciudadanos [Parti liberal et centriste] et le PSC [Parti des Socialistes de Catalogne] fassent liste commune. Je leur dis aussi que je suis un député français et s'ils imaginent un Français face à la francophobie catalane souterraine ou parfois très visible. Et, comme si cela ne suffisait pas, il restait très peu de temps.

-Quel beau diagnostic.

-Heh...

-Quel chemin l'idée prend-elle dans votre tête ?

-Il faut être un peu mousquetaire dans la vie, n'est-ce pas ? Si on pense trop, on finit par ne rien faire. La politique française est de plus en plus un no future pour moi et les contacts et compliments espagnols ne cessent pas. Un jour, on m'a interrogé à la télévision sur ma candidature. J'ai dit que j'y refléchissais. Dix minutes plus tard Albert Rivera, que j'avais rencontré quelques mois auparavant chez Gregorio Marañón, m'appelle. "Hé, Manuel, est-ce que je peux dire que nous te soutiendrons ?". Je lui dis que oui, mais qu'il n’oublie point que c'est une candidature ouverte. Erreur ! Ou pas...

-Ce n'était pas la meilleure façon de rendre ça public.

-Peut-être... En voyant les réactions, je me rends compte tout de suite que ça va être encore plus difficile que je ne le pensais. Cependant, la nouvelle crée une grande attente. Et, plus je viens en Espagne, plus j'ai hâte de me lancer dans la course.

-Pourquoi ?

-Soyons clairs. Je voulais changer ma vie.

-Vous avez utilisé la politique pour changer votre vie ?

-Exactement. C'est un bon résumé. Quand je commence à regarder les sondages, je me rends compte que les choses sont difficiles, mais pas impossibles. Mais la seule chance que j'ai de changer ma vie est d'être candidat.

-Vous avez su très vite que les socialistes catalans ne vous soutiendraient pas.

-Immédiatement. Miquel Iceta, que je connaissais très bien, m'a dit : "Manuel, ne viens pas, je t'aime beaucoup, mais sache que nous ne te soutiendrons jamais, parce que tu viens main dans la main avec Rivera". Salvador Illa, alors secrétaire d' Organisation, m'a dit la même chose, mais plus poliment. J'ai des contacts avec des journalistes proches du socialisme, comme Joan Tapia et Rafael Jorba. Ils me disent tous que ça ne marchera pas. Ce qui est intéressant, c'est que tous ces gens ne veulent pas analyser les problèmes stratégiques. Le rejet de Ciudadanos leur suffit. La haine qu'ils lui vouent est indescriptible.

-A quoi l'attribuez-vous ?

-D'abord à la peur. Ciudadanos était le premier parti en Catalogne et menaçait de faire de très bons résultats en Espagne. Les socialistes et leur environnement intellectuel et journalistique craignaient le remplacement. Le sociocatalanisme ne correspond pas à ce qu'est Ciudadanos. Et ce que j'entends est fatidique : "Ils ne sont pas des nôtres". Ils ne disent pas qu'ils ne sont pas catalans mais presque, ils n'en sont pas loin.

-Mais voyons, c'est leur façon poisseuse de le dire.

-Certes..."Toi, Manuel, tu es français, catalan, bref, tu dois comprendre : Ils ne sont pas des nôtres". C'est très fort. En lisant l'histoire de Ciudadanos, je constate que vous-mêmes, les fondateurs, étiez déjà qualifiés d'extrême droite. C'est du jamais vu. Je suis donc obligé de devenir un avocat défenseur de Ciudadanos. Depuis le premier dîner chez Mariano Puig [1927-2021], avec qui tout a commencé et avec qui tout s'est terminé, à sa mort, en fait.

-Qui était à ce premier dîner ?

-L'avocat Emili Cuatrecasas, le directeur de La Vanguardia de l'époque, Màrius Carol... Tous deux ont eu une forte discussion. L'avocat a sorti la rengaine habituelle, comme quoi tout était de la faute à Madrid. Et Carol soutenait que non, que c'était la faute des Catalans. J'ai fini par leur dire que j'avais été approché pour chercher une solution pour Barcelone, mais qu'ils étaient en train de me démontrer que la solution n'existait pas.

-La plupart des fondateurs de Ciudadanos ont vu comme un miracle l'arrivée inhabituelle d'un Espagnol, d'un Catalan, d'un Français, d'un Européen, qui voulait faire de la politique contre le nationalisme.

-C'était mon objectif. Projeté sur une ville où l'anti-nationalisme devrait être une obligation de son ADN.

-Ces contacts avec les élites catalanes... Quelles différences avez-vous trouvé avec les élites françaises ?

-Hum... Écoutez, je suis le fils d'un homme, le peintre Xavier Valls, qui a été rejeté par sa ville. Je n'exclus donc pas que dans ma décision il y ait eu aussi une pression psychologique. Mais mon père, que Madrid a accueilli d'une manière extraordinaire...

- Mais voyons, ici, Tàpies était et est toujours aux commandes... Barcelone a fini par être l'expression ultime de l'arte povera!

-Mon père avait l'habitude de dire que Barcelone était à la fois une ville ouverte et une ville repliée sur elle-même, anti-madrilène. Pendant la campagne, j'ai porté ses mémoires sur moi, [La meva capsa de Pandora /Ma Boîte de Pandore]. Je ne cessais de voir cette même hypocrisie : les gens étaient effrayés par le Processus mais incapables de sortir du labyrinthe. Incapables de reconnaître leur propre faute. Et ils ne bougent pas, ils font du sur place... Cette dernière nouvelle de la nomination de Jaume Giró comme Conseiller de l'économie [de la Generalitat]. Le symbole spectaculaire d'une société contaminée. Giró : la Caixa [troisième entité financière et bancaire d'Espagne], le Barça et le Processus. Voici l'homme. Il a tout. Et la presse est ravie !

-La presse et ce qu'on appelle la CUP, la Candidature d'Unité Populaire. Pauvres diables. Ils ont même déclaré que Giró "les perturbait au plus haut point".

-L'imbattable décadence. Les élites catalanes : Giró, Laporta, Mediapro. Le résultat du pujolisme [de Jordi Pujol], du Processus et de la lâcheté. Mais, enfin, à propos de ce que vous me demandiez sur les différences entre les élites. Une est d'ordre technique : les élites françaises se mélangent. Un dîner à Paris est un mélange d'intellectuels, d'hommes d'affaires, de sportifs, de journalistes. On y parle de tout. Pas ici. Ici, tout fonctionne par confréries et corporations. Nous avons ici la confirmation la plus parfaite de la définition marxiste de la bourgeoisie : elle ne s'intéresse qu'à ses propres intérêts. Les élites françaises prétendent encore parler au monde. Ici, elles ne parlent qu'à elles-mêmes. Et, naturellement, si la Catalogne tombe, ils tombent avec elle. Je ne veux pas être prétentieux...

-Il est essentiel de l'être...

-Ha, ha... Avoir une conversation ici qui ne soit pas sur l'argent... C'est difficile. Les gens comme Óscar Tusquets, par exemple, avec qui on peut parler de beaucoup de choses, ne sont pas légion. L'épaisseur intellectuelle des élites catalanes ne peut pas non plus être comparée à celle des françaises. Revenons à Giró : conseiller de l'économie. Il doit être un sacré expert en distribution. Une élite n'a rien à voir avec une autre. Ni même moralement. Vous ne trouverez personne du Rassemblement National dans les dîners français. Mais ici, la relation avec le nationalisme n'est pas seulement acceptée, elle est prestigieuse. Un cas étonnant. Quand Bernard-Henri Lévy arrive à Barcelone avec ce spectacle d'Albert Boadella, et qu'il dit que le nationalisme est l'extrême droite, ils deviennent fous. Ils deviennent fous à cause d'un truisme ! Et pareil quand je refuse de serrer la main de Quim Torra [Président de la Generalitat de Catalogne à l'époque]. Cet étonnement, remarquez, je le détecte dans ma propre famille. Presque tous mes cousins Valls, par exemple, n'ont pas voulu me voir au fil des ans. S'ils rencontrent ma mère en se promenant dans le quartier de Horta, ils lui disent "bonjour", en faisant un effort et seulement parce qu'elle est tante Luisa. Le séparatisme, entendu à la française, comme la séparation entre les groupes, est plus dur et plus profond ici qu'en France.

-Et bien représenté politiquement...

-Sans aucun doute. Il y a des hommes politiques qui sont capables de représenter le moment concret d'un peuple. Par exemple...

-Pu...

-jol ! Jordi Pujol est la clé de la Catalogne. Je vais vous donner trois exemples de ce type d'homme. Un exemple positif. De Gaulle en 1958 : la Monarchie, Napoléon, la République, la Démocratie, la Grandeur. Un autre : Perón, le péronisme, la maladie de l'Argentine. Vous êtes péroniste et non argentin. Et tu ne peux pas t'en sortir. Le pujolisme est comme le péronisme : la maladie infantile de la Catalogne. Et les Catalans ne peuvent y échapper. Que proposent les élites à mon arrivée ? Le pujolisme. "Ce dont nous avons besoin, c'est... du pujolisme", me disent-elles.

-Il finira par pointer son nez sur votre propre liste !

-C'est possible. Je voulais faire quelque chose d'ouvert. Mais je n'ai pas fait de pujolisme. Et je les ai déçus. Ils n'ont pas compris que tout cela était mort et que leur héritage n'était qu'un délire raté qui leur fera honte pendant des décennies.

-Mais ni vous ni Ciudadanos n'avez pu leur faire honte à Barcelone.

-C'est comme ça, en effet. Il y a eu les circonstances... et des erreurs personnelles.

-Commençons par la partie facile.

-La motion de censure qui renverse Rajoy. Cela change radicalement le rôle de Ciudadanos. Et celui des socialistes. Le fait que le PSOE [Parti Socialiste Espagnol] accède au gouvernement oblige Ciudadanos à changer de stratégie.

-Le problème n'est pas de devoir changer, mais la stratégie qu'ils choisissent.

-C'est ce que nous disions à propos des intérêts. Rivera a choisit en fonction de ses propres intérêts. C'est un cas intéressant. À l'époque, l'intérêt de l'Espagne était que Sánchez et Rivera aient conclu un accord similaire à celui de février 2016. Mais Rivera pense que ce qui lui convient, c'est de remplacer le PP [Parti Populaire, conservateur]. Ce qui est curieux, c'est que ses intérêts et ceux de l'Espagne coïncidaient fortement, mais il n'a pas su le voir. Je comprends qu'il avait ses raisons. Cette "promesse électorale" selon laquelle qu'ils ne feraient jamais de pacte avec le Psoe...

-Bah...

-Mais Per Albin Hansson, le socialiste suédois des années 30, s'est présenté aux élections en disant qu'il allait mettre fin au capitalisme. Lorsqu'il a annoncé ses premières mesures gouvernementales, il est apparu clairement qu'il n'avait pas l'intention de le faire. On lui a fait des reproches et il a répondu que c'était une chose de devoir gagner et une autre de devoir gouverner. Et que les électeurs évalueraient son bilan aux élections suivantes. Le résultat étant que les sociaux-démocrates ont gouverné pendant 30 ans presque sans interruption. Un homme politique doit être capable de faire la distinction entre gagner et gouverner.

-Mais dans le cas de Ciudadanos, il n'est même pas nécessaire d'y faire allusion. Ciudadanos avait un mandat plus important, qui était d'empêcher le nationalisme de gouverner.

-Et regardez comment ils ont été cohérents jusqu'à la fin dans leur trahison à ce mandat. Lorsqu'il s'agit d'élire le maire de Barcelone, ils optent pour le nationalisme. Et voilà : en fin de compte, ma liste électorale a permis à Barcelone de ne pas être gouvernée par un parti qui a soutenu et soutient la sédition.

-N'avez-vous pas parlé à Rivera avant le désastre, n'avez-vous pas essayé de lui faire comprendre... ?

-Je n'ai jamais eu de conversation politique avec Rivera...

-¡... !

-C'est vrai. Et croyez-moi, ce n'est pas ma faute.

-Vous n'avez pas non plus un ego facile.

-D'accord... Mais croyez-moi : il était très difficile de parler à Rivera. C'était un homme très nerveux à cette époque...

-Nerveux... ? Je dirais plutôt que c'était un homme bien en dessous de ce qu'on lui demandait.

-Les exigences de la politique ont baissé partout... C'est un grand malheur. Le fait que les hommes politiques aient renoncé au professionnalisme est très grave. Les hommes politiques ne peuvent pas être comme les personnes qui votent pour eux. En aucun cas. C'est le terreau primordial du populisme. Dans le cas de Rivera, il y avait autre chose, je pense. Il n'aimait pas vraiment la politique. Il aimait autre chose, que je ne sais pas... ou que je ferais mieux de taire, mais pas la politique.

-Et bien, vous n'avez pas réussi à devenir maire, mais si à changer votre vie. Quelle sera votre vie maintenant ?

-Je veux faire de la politique en France. Ce n'est pas à moi de décider comment. Mais je vais participer au débat électoral en 2022. Cette année où Marine le Pen pourra être présidente de la France...

-Je ne pense pas. Ne serait-ce que grâce au magnifique système électoral français, parfaitement anti-populiste.

-Hummm. Elle en est de plus en plus proche. C'est une possibilité réelle, croyez-moi.

-Mais que se passe-t-il vraiment en France ?

-En un mot ? Un nombre croissant de Français craignent que leur nation ne disparaisse.

-Et qu'a fait la gauche, votre gauche, pour l'empêcher ?

-La gauche est en train de mourir. Elle n'a pas su répondre au nouveau monde après la chute du mur de Berlin et elle n'a pas su avoir son propre modèle face à la mondialisation économique. Mais le pire, c'est qu'elle n'a pas combattu le nouveau monde identitaire qui lui a explosé au visage le 11 septembre 2001. La gauche a abandonné l'universalisme. La gauche d'aujourd'hui, c'est cette maire de Chicago qui met son veto aux blancs lors d'une conférence de presse. En France, et c'est la raison pour laquelle je veux participer au débat, il y a encore une gauche universaliste, républicaine, laïque, celle de Jacques Julliard, celle de Caroline Fourest, qui n'a pas d'espace politique, mais qui a un espace intellectuel. Comme elle existe dans ce que j'ai lu chez Félix Ovejero ou dans le passé socialiste, celui de Felipe González et Alfonso Guerra. La gauche a laissé l'universalisme aux mains de la droite et, paradoxalement, la patrie aussi. Ce qui reste, c'est une gauche cynique et opportuniste et une gauche radicale. C'est pourquoi je ne dis plus de moi-même que je suis socialiste. C'est un mot mort. Je dis que je suis un républicain de gauche, contre le séparatisme, au sens espagnol et français.

-Y a-t-il autre chose dans la gauche espagnole que la stupidité radicale et le cynisme ?

-Non.


(Salaire gagné le samedi 22 mai à 13:07; 66 bpm, 35.3º, vacciné avec le vecteur ChAdOx1[Oxford/AstraZeneca], lot ABV8139, première dose).