jueves, 25 de febrero de 2021

La gestión de la diferencia






¿Es el racismo unidireccional, esto es: de los blancos hacia el resto? João Cerqueira nos lo ilustra.


Aquí en V.O. portuguesa


Y debajo una tradu exprés.

Sólo lo blancos son racistas, de Joana Cabral a Niall Ferguson


por João Cerqueira


En el año 2000 participé en el acto más importante en las relaciones entre Portugal y Brasil desde el Grito do Ipiranga [así se conoce a la declaración de independencia de Brasil proclamada por el entonces príncipe portugués Pedro I de Brasil el 7 de septiembre de 1822]. Junto con un amigo, se me encomendó una delicada misión: entregar un bizcocho de la pastelería de Manuel Natário -el gran maestro pastelero de las bolas berlinesas- al escritor Jorge Amado en su casa de Rio Vermelho, en Salvador de Bahía. Eran grandes amigos, y la gula su pasión común. Y así fui de mi Viana do Castelo hasta Salvador de Bahía con un bizcocho bajo el brazo. Hoy, el dulce sería inspeccionado por la seguridad del aeropuerto y tal vez llegaría sólo una rebanada.

A pesar de estar bastante debilitado Jorge Amado, él y su esposa Doña Zélia nos recibieron con gran simpatía y humor: "Han llegado los emisarios de Manuel Natário", anunció Doña Zélia al abrir la puerta. En aquel inolvidable encuentro, Jorge Amado me regaló, dedicados, los tres volúmenes de Las entrañas de la libertad y El caballero de la esperanza. Era mi primera visita a Brasil y tuve la impresión -influido también por los libros del escritor, unas cuantas caipirinhas y algunas morenas- de que en Salvador había una rara armonía racial.

Recuerdo el encuentro a raíz de las declaraciones en televisión de la líder de SOS RACISMO, Joana Cabral, afirmando que no hay racismo por parte de los negros contra los blancos, y por tanto tampoco contra las demás "razas". Pensé en el tribalismo africano y en la masacre de hutsis por parte de tutsis en Ruanda -"matar cucarachas" era el lema-, o en la situación de apartheid de los intocables en la India y en la violencia actual contra los blancos en Sudáfrica. Y también pensé en la segunda vez que estuve en Salvador, cuando tuve una experiencia racial que contradijo mi primera impresión del viaje con el bizcocho.

Una tarde, fui, solo, desde la playa de Stella Maris -cerca de la Itapuã de la canción de Vinicius de Moraes- hasta el centro de Salvador en autobús. Entonces, en un momento dado, un grupo de chicos y chicas negros se subieron al vehículo y, mientras daban patadas a las puertas empezaron a gritar insultos contra los blancos: "¡El blanco no es una raza, los blancos deberían pagar impuestos...!", etc. Siendo yo el único caucásico allí, y como estaban casi encima de mí y me miraban fijamente, pensé en ese momento que era realmente a mí a quien iban dirigidos aquellos insultos racistas.

Sin embargo, después de escuchar a Joana Cabral finalmente me di cuenta de que era yo el que había sido racista. Mis prejuicios raciales y mi herencia histórica colonialista me impedían entender lo que había ocurrido. Probablemente, ese grupo de chicos y chicas negros sólo estaba manifestando -calurosamente, como corresponde al pueblo brasileño- su indignación contra el mal gobierno de algún político blanco, o casi blanco, como Collor de Mello o António Carlos Magalhães -conocido, por cierto, como Cabeza Blanca-.

Querían matar simbólicamente al mal gobernante blanco, por si acaso.

Es por estas y otras razones que debemos denunciar la agenda oculta del libro de Niall Ferguson, Civilización: Occidente y el resto. Ferguson afirma que los grandes logros de la humanidad, como los derechos humanos, la libertad, la democracia y la tecnología que ha mejorado la vida de miles de millones de personas, fueron inventados por Occidente. Y luego da ejemplos: Galileo, Newton, Voltaire, Faraday, Darwin, Einstein y muchos más. Ferguson ni siquiera intenta disimularlo: ahí está la apología del hombre blanco y del patriarcado. Como si no hubiera cosas mucho más importantes que los derechos humanos, la electricidad, los ordenadores y las vacunas.

Sin embargo, lo que Ferguson no cuenta es esto: esa secta blanca y patriarcal no estaba realmente interesada en el progreso de la humanidad y en la mejora de la calidad de vida de la gente. ¿Y eso? La bomba atómica, el aumento de las alergias y la alopecia son buenos ejemplos de la malignidad del progreso tecnológico. Lo que les movió fue siempre el deseo racista de afirmar la superioridad del hombre blanco sobre las demás "razas" y del patriarcado sobre las mujeres.

Así que, querida Joana Cabral, no te lo tomes como algo personal si un día vas a Salvador y te insultan por ser blanca; el insulto seguramente va dirigido a Bolsonaro o incluso a Jorge Jesús, que tantos goles le ha metido al Bahía. Y si por casualidad te ofrecen ese libro racista y patriarcal de Ferguson, tíralo a la basura o cámbialo por un bizcocho.


www.joaocerqueira.com